Anituy Rebolledo Ayerdi
Noviembre 13, 2025
Martha Medeiros
Muere lentamente
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos;
quien no cambia de marca,
quien no se arriesga a vestir un color nuevo,
y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no escucha música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.
Muere lentamente
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
quien no pregunta de un asunto que desconoce,
o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en cómodas cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.
Elías Nandino
¿Qué es morir?
–Morir es
Alzar el vuelo,
Sin alas,
Sin ojos
Y sin cuerpo.
Pasatiempo
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra.
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora los veteranos
Ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empezaba a ser la nuestra.
Francisco de Quevedo
A una vieja que traía una muerte de oro
No sé a cuál crea de las dos,
Viéndoos, Ana, cual os veis:
Si vos la muerte traéis,
O si os trae la muerte a vos,
Queredme la muerte dar
Por que mis males remate:
Que en mi tiene hambre que mate
Y en vos no hay ya qué matar.
Alfonsina Storni
Melancolía
Oh, muerte, yo te amo, pero te adoro, vida…
Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
haz que por vez postrera
penetre en mis pupilas el sol de primavera.
Déjame algún momento bajo el calor del cielo,
deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo…
Era tan bueno el astro que en la aurora salía
a decirme: buen día.
No me asusta el descanso, hace bien el reposo,
pero antes que me bese el viajero piadoso
que todas las mañanas,
Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.
Amado Nervo
¡Oh, muerte!
Muerte , ¡como te he deseado!,
¡con que fervores te he invocado!,
¡con qué anhelares he pedido
a tu boca un beso helado!
¡Pero tú, ingrata, no has oído!
¡Vendrás, quizá, con paso quedo
cuando de partir tenga miedo,
cuando la tarde me sonría
y algún ángel, con rostro ledo,
serene mi melancolía”
Vendrás , quizá, cuando la vida
me muestre una veta escondida
y encienda para mí una estrella.
¡Qué importa! Llega, ¡oh Prometida!
¡Siempre has de ser la bienvenida,
pues que me juntarás con Ella!
Julie Sopetrán
Apegos
La muerte viene a comer
aquello que le gustaba
y también quiere beber
lo que en vida emborrachaba.
Cuando algo gusta no acaba
Los muertos nos lo confirman,
pues volviendo reafirman
que el alma en el cuerpo estaba.
Teresa Wilms Montt
XVII
“Morir, dormir , soñar acaso…
Desgraciados de los seres que, como Hamlet, llevan la trágica duda en el espíritu.
Morir durmiendo…
Dormir muerta…
Soñar, sin darse cuenta que la vida se ha ido.