EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Polarización creciente

Humberto Musacchio

Abril 12, 2007

Es probable que no se haya dado cuenta el gobierno federal, pero el país ha entrado en un
notorio y peligroso proceso de polarización. Hay causas añejas, pero las determinantes
surgieron en el último año, primero con la guerra sucia desatada por la derecha durante la
campaña electoral, luego con el cochinero y la turbia actuación del IFE y el Trife durante los
comicios y después con el intento del PRD de impedir la toma de posesión del que fuera
candidato del PAN, por considerarlo beneficiario de un fraude.
Lejos de buscar la conciliación, el gobierno federal se ha comportado como si la elección
hubiera sido impoluta y como si contara con suficiente legitimidad. No sólo eso, en algunos
casos ha llegado a la provocación abierta, por ejemplo, al asignar a las fuerzas armadas
para su publicidad los colores marianos y panistas, el blanco y el azul, lo que es lanzar un
escupitajo sobre la tradición de laicismo que se impuso en el ámbito militar desde las
guerras de Reforma.
Por supuesto, algún gacetillero del gobierno puede alegar que la asignación de colores a
las diversas dependencias es meramente casual, pero no es cierto. Tan no lo es, que
recientemente intervino una guardia militar en una reunión del grupo Provida a la que
asistieron dignatarios eclesiásticos, entre otros un representante del Vaticano que hizo
declaraciones sobre política interior mexicana, lo que está expresamente prohibido por la
Constitución. Por supuesto, ante la grosera intervención del enviado papal la Secretaría de
Gobernación guardó un ominoso silencio.
A falta de apoyo popular y en medio de una violencia criminal sin precedente, como una
muestra de su desconfianza en los cuerpos policiacos, el Ejecutivo decidió echar mano del
ejército. La actuación militar ha contado con gran despliegue mediático, pero con nulos
resultados. En cambio, ha originado un conflicto que tiende a crecer, pues a nadie escapa
la intervención de la Secretaría de la Defensa Nacional en el muy lamentable caso de doña
Ernestina Ascencio o Ascensión Rosario, la indígena de la sierra de Zongolica
presuntamente violada por militares.
En medio de públicas contradicciones de los hombres de verde, el ocupante de Los Pinos,
en el papel de médico y fiscal, tuvo estómago para declarar que la muerte de doña
Ernestina había sido por un problema del sistema digestivo. Lo hizo cuando los estudios
forenses estaban en curso, lo que junto a su clarividencia muestra también la gana de
proteger a quienes se señala no todavía como culpables, pero sí sospechosos del crimen.
En este punto cabe destacar que los organismos defensores de los derechos humanos,
tanto los de México como los del mundo, con la muy notable excepción de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos (CNDH), suponen que hay la pretensión federal de
encubrir a los responsables. El presidente de la CNDH, quien abandonó su función de
defensor de ciudadanos para poner bajo su protección al Estado, está sumido en el
descrédito y el ridículo y se sospecha que su indigna actuación busca el apoyo presidencial
para la próxima sucesión de rector en la UNAM.
Otro aporte calderoniano a la división entre los mexicanos fue la condena a la
despenalización del aborto. La declaración fue prematura e imprudente. Cabía mostrar
paciencia y esperar el curso del debate parlamentario en la Asamblea Legislativa, pero se
prefirió atacar desde el principio y la derecha más salvaje entendió el mensaje como un
apoyo a su campaña de odio, lo que envalentonó al líder de los conservadores, Jorgito
Serrano Limón, quien advirtió que habrá sangre. En el mismo tenor se han manifestado
varios miembros del episcopado, quienes ante el disimulo de la Secretaría de Gobernación
amagan con el enfrentamiento y la violencia, pues pretenden ignorar que el aborto es un
problema de salud pública y que urge evitar la muerte o lesiones graves de miles de
mujeres que se ven obligadas por las circunstancias a recurrir a esta práctica.
No es un dato menor que Serrano Limón, Míster Tanga, quien ya había sido defenestrado
por las autoridades eclesiásticas, emerja de nuevo como el más alto representante de las
fuerzas religiosas. Con la reaparición de ese personaje salen ganando los partidarios de la
despenalización del aborto, pues la actuación grotesca de ese fanático lejos de ganar
adeptos suscita risa, desprecio.
Los fantasmas del oscurantismo están ensoberbecidos y van de una a otra provocación,
amenazan de muerte a los asambleístas que voten por la despenalización o le
confeccionan a la miss México un traje que hace referencia a la guerra cristera. Esa no tan
“íntima nostalgia reaccionaria” que dijera López Velarde está presente en este momento de
la vida nacional. Resta esperar que el inquilino del viejo rancho de La Hormiga sea más
cauto. Bastantes problemas tiene con el asesinato de periodistas, la irritación de los
empleados públicos por la nueva Ley del ISSSTE, el ahondamiento de las diferencias
sociales y el desgarriate que azota al país por la falta de gobierno. ¿Quiere más?