EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Policía, para mejor gobierno

Humberto Musacchio

Junio 01, 2006

 

Los hechos de Atenco sirvieron para demostrar, si hacía falta, que no contamos con los cuerpos policiacos que necesita una sociedad tan compleja y demandante como la mexicana. La penosa exhibición de incompetencia y miedo de un día se convirtió a la mañana siguiente en una feria de cobardía, salvajismo e ignorancia de la ley.
Salvo excepción por conocer, las corporaciones policiacas son, antes que nada, redes altamente organizadas de corrupción, donde la tropa se dedica a la extorsión y otras formas de delincuencia a favor de sus superiores. Eso lo sabemos los ciudadanos desde siempre, pero ahora lo ha dicho el ex director del Cisen, Jorge Tello Peón, que algo debe saber del asunto.
Tello Peón participó en la presentación del libro Contra el crimen. ¿Por qué 1,661 corporaciones de policía no bastan?, de Genaro García Luna, director de la AFI, quien señala que en los últimos 30 años estas fuerzas dejaron de evolucionar, con elementos mal pagados, sin recursos ni técnicas para hacerle frente a la delincuencia y ancladas en la vieja idea de que “el combate al crimen se daba cuerpo a cuerpo”, cuando que hoy, con fuerzas criminales opulentas y altamente organizadas, hace falta “técnica e inteligencia”.
Ante esa lamentable situación, el ex director del Cisen comentó que todas las policías están infiltradas por delincuentes y que ni siquiera son corporaciones de policía ni de nada, además que en México “ya somos enemigos de la policía y, en general, la despreciamos, (pues) nadie querrá que su hijo sea policía”.
Cabe mencionar lo dicho en la presentación del libro de García Luna porque esta misma semana, Felipe Calderón, el candidato de la derecha, hizo público un plan contra la delincuencia que comprende la autonomía del Ministerio Público respecto del Poder Ejecutivo, la unificación de algunas corporaciones federales y medidas como el establecimiento del servicio policial de carrera, dotar de armamento e instrucción adecuada, salarios dignos, estímulos y prestaciones a los miembros de las fuerzas del orden.
La propuesta panista no toca un punto indicado por Tellón Peón, que es la visión negativa que tiene la sociedad de sus policías, lo que alcanza a los funcionarios públicos, que no confían en los vigilantes e investigadores, y aun a éstos mismos, que se ven a sí mismos sin el indispensable orgullo de casta que debe privar entre quienes afrontan una labor tan peligrosa.
La función policiaca suele ser un poliedro de aristas muy filosas. Para los problemas que presenta no hay soluciones únicas ni fáciles. Es indispensable hacer una selección más rigurosa de aspirantes para evitar el ingreso de elementos sin las indispensables aptitudes físicas e intelectuales (hace algunas semanas, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal sancionó a tres sicólogas por denunciar que algunos uniformados no contaban con el coeficiente intelectual mínimo para cumplir con su trabajo. Lo que hicieron esas tres valientes fue un favor a la sociedad, que está en manos de personal que lejos de mostrarse capaz de protegerla constituye una amenaza al patrimonio y la integridad física de los ciudadanos).
El año pasado, después de la gran marcha de blanco, los organizadores incluyeron entre las medidas que consideraban indispensables, una que tiene que ver con la revaloración de la función policiaca y de los propios policías ante la sociedad y ante sí mismos, lo que no se podrá conseguir sin un trabajo sistemático de concientización dentro y fuera de las corporaciones.
Las policías son cuerpos militarizados, pero no por eso pueden violarse los derechos laborales. Las jornadas de 24 por 24 horas son ilegales y, peor aún, son absurdas, pues los policías se dedican a dormir en su turno de trabajo y si no lo hacen carecen de aptitud física y mental para cumplir con su tarea.
Para contar con una policía con espíritu de cuerpo será necesario mejorar sus condiciones laborales, no tanto los sueldos como las prestaciones, incluidos becas y apoyos para los estudios de todo nivel de los hijos de los policías y un amplísimo plan de vivienda en alquiler –nunca en propiedad– que puede pagarse con ayuda de renta u otro concepto que se englobe en el rubro de prestaciones.
El gobierno federal y los estatales tienen capacidad para construir conjuntos habitacionales, exclusivos para policías, que cuenten con instalaciones deportivas, gimnasio, videoteca y biblioteca con préstamo domiciliario, cine club, teatro y un centro de actividades sociales y culturales que propicien la convivencia, el aprendizaje de artes y oficios y una fundada revaloración de los policías y sus familias, las que incluso podrían contar con lavanderías y comedores comunes.
Parece un sueño, pero no cuesta tanto. De esa manera tendríamos mejores policías, bien nutridos, orgullosos de su función social, protegidos ellos y sus familias de las venganzas de los criminales y de las tentaciones de la realidad, pues el policía que cediera a la corrupción llevaría a su familia a perderlo todo.