EL-SUR

Jueves 02 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Políticos activos, políticos pasivos

Florencio Salazar

Octubre 28, 2021

 

Apelaba tanto a quienes habían perdido la fe en la política como a quienes nunca se involucraban.
Václav Havel.

Jesús Reyes Heroles dijo que el político no deja a la política, es la política la que deja al político. Esta categórica afirmación es correcta, a pesar de que el ser humano se caracteriza por tener deseos y opciones. La política como profesión es apasionada y adictiva, pero se puede cambiar la ubicación y hacer política desde la sociedad, sin ambiciones partidistas ni de gobierno.
La profesión política es la más exigente de todas. Apremia a sus servidores a entregarse a su interés sin reserva, colocándose por encima de todo y de todos. No es un vicio, es virtud. Su único objetivo es garantizar la seguridad de los ciudadanos como plataforma indispensable para su bienestar.
Por eso la política es globalizadora y precisa aun en su retraso; es decir, cuando la prisa de los hombres no coincide con el momento de la sociedad (o de la historia). El acuerdo de una paz duradera de Chamberlain con Hitler, fue desenfocado y tuvo que ocurrir la crisis entre Inglaterra y Alemania (la guerra), para que se depuraran las rivalidades y prevaleciera el orden democrático.
Dentro de la sociedad no hay nada fuera de la política. Desde la acción del individuo, hasta la de los grupos sociales y el gobierno, la política influye, conduce y define. La política incluye incluso a los que se apartan de ella. Sería un absurdo desconocer la naturaleza política del sujeto social.
Pero la política tiene círculos de participación e identificación. Es evidente la categorización en sus enclaves: 1) ciudadano de a pie, 2) ciudadano grupal, 3) ciudadano políticamente organizado, 4) ciudadano con liderazgo partidista, 5) ciudadano representante popular, y 6) ciudadano gobernante. En rigor se trata de una espiral, cuya movilidad permite que el ciudadano pueda cambiar su condición.
Las dos primeras categorías se pueden etiquetar como la de los políticos pasivos, si bien el ciudadano grupal ya se asoma a la organización así sea por el simple contacto vecinal. La tercera y cuarta categoría se encuentran en la trayectoria de la política profesional y, dependiendo de las oportunidades que se presenten, pueden acceder a los estamentos de la política profesionalizada, en donde se ubican los grupos cinco y seis: los representantes políticos y los gobernantes. O sea, los políticos activos.
Como se observa, la sustancia de la política es el ciudadano puesto que sin él –diría el Dr. Perogrullo– no hay sociedad y sin sociedad no hay política. Se necesita que el ciudadano sea educado políticamente para que su participación sea activa aunque no sea profesional. El ciudadano que se informa, participa, pide cuentas y decide sobre el acontecer general, hace la diferencia entre el ciudadano amodorrado, que cree –o que le han hecho creer– que la política es para unos cuantos privilegiados; y el ciudadano que empuja en la dirección correcta.
Si la política es la placenta en la que crece y se desarrolla el cuerpo social –nos guste o no–, es mejor que los ciudadanos sean cada vez mejores, para que la política también tenga más calidad, sus políticos sean representativos de una sociedad cada vez más potente y con eficacia en “todas las formas en que se asocie el hombre para evitar peligros comunes y proveer a necesidades colectivas” (J. P. Mayer).
La política no es para los privilegiados, es para los interesados. Los errores de la política los corrige la participación ciudadana. No tiene por qué dar asco, ponerle distancia y menos verla como asunto de unos cuantos influyentes. Las élites dominantes –de cualquier régimen político–, lo menos que quieren es la competencia. Para dichas élites, la sociedad políticamente inactiva es la ideal, pues equivale a representarla para representarse a sí misma.
“La mayor parte del tiempo, la gente se interesa más en las recompensas que en los sacrificios. Una de las verdades fundamentales acerca de la política es que gran parte de ella ocurre en la búsqueda de los intereses de individuos o grupos particulares” (Karl W. Deutsch). Desde la antigua Roma, sigue fomentándose la desigualdad social a partir de satisfacer los apetitos atávicos del pueblo, en lugar de aplanar el piso para que las oportunidades de desarrollo alcancen a la mayoría.
Puesto que todo es política, todos hagamos política ciudadana.