EL-SUR

Jueves 11 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Por Claudia

Silvestre Pacheco León

Agosto 14, 2023

Con Claudia Sheinbaum se podría repetir lo que solía decir la cantante mexicana Chabela Vargas cuando en una entrevista le preguntaron si era cierto que había nacido en Costa Rica y respondió socarronamente que los mexicanos éramos tan chingones que podíamos nacer donde se nos diera nuestra regalada gana porque lo que valía era el amor a México expresado en su canto.
Por eso cuando en tono denostativo el ex presidente Vicente Fox quiso desacreditarla por su origen judío, defendió con orgullo a sus ancestros búlgaros lituanos que llegaron a nuestro país huyendo de la persecución nazi en la década de los veinte del siglo pasado. En nuestro país nacieron el químico Carlos Sheinbaum y la bióloga Annie Pardo, padres de Claudia quienes como mexicanos participaron activamente en el movimiento estudiantil de 1968.
En el presente año el periodista de La Jornada Arturo Cano escribió un libro publicado por la editorial Grijalbo en el que cuenta “una historia” de Claudia Sheinbaum Pardo basada en una serie de entrevistas que el autor realizó cuando ella se desempeñaba como jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
El libro de poco menos de 200 páginas y de lectura ligera se lee de corrido si se tiene interés en conocer los antecedentes y atributos culturales y políticos de una joven brillante, con carrera científica de excelencia, primera en su género inscrita como estudiante del doctorado de ingeniería de energía en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1995, investigadora en el Lawrence Berkeley Laboratory.
Frente a los demás aspirantes de Morena para ganar la candidatura a la presidencia de México, Claudia como única mujer parece la candidata ideal dentro de los cambios que impulsa la 4T porque forma parte del sector mayoritario de la población que es el femenino, y su figura reivindica los derechos de ese género, además de ser ejemplo de honestidad, buena oradora, valiente, persuasiva y científica, con una cultura política de izquierda que ha asimilado una vasta experiencia, desde el activismo político estudiantil artífice de los pocos movimientos triunfantes como fue el CEU en los años ochenta, enfrentado al rectorado de Jorge Carpizo.
Desde joven la estudiante Claudia Sheinbaum aprendió la importancia de vincular la teoría con la práctica aprendiendo en el medio rural la vida de los purépechas en Michoacán y ayudando en el ahorro de energía en las cocinas indígenas con el diseño de estufas para consumir menos leña como medio para la conservación de los bosques y limitar la enfermedad pulmonar de las mujeres al liberarlas de tanto tiempo en la cocina expuestas a la contaminación.
Aunque Claudia con humildad dice que aprendió más de las mujeres indígenas de lo que ella pudo aportar con el ahorro de la energía en las cocinas purépechas, lo cierto es que su modelo de estufa sigue empleándose como innovador en muchas comunidades que todavía cocinan con leña.
Aunque nacida a principios de los sesenta, en los años ochenta Sheinbaum se destacaría como dirigente del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), para oponerse a la política privatizadora de la educación que desde entonces atentaba contra la gratuidad de la enseñanza y limitaba la permanencia de los estudiantes en la universidad, logrando que fuera un congreso de los universitarios el que resolviera los alcances de la reforma.
De esa generación de estudiantes que tomó el cielo por asalto construyendo las bases para que por la vía democrática la razón con la movilización provocaran el cambio de régimen surgió Sheinbaum como una de sus protagonistas. De ella es la frase que reza en la pared de la Facultad de Filosofía como objetivo del CEU: “Queremos todo, lo siempre ajeno, lo nunca nuestro, lo tomaremos”.
Por eso no resulta extraño que en su casa se hubiera dado el primer acercamiento con los dirigentes de la Corriente Democrática del PRI que impulsaba la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas quienes proponían su presencia en la UNAM con un mitin que se convirtió en histórico y multitudinario en 1988.
Por eso no fue casual que en su carácter de jefe de Gobierno de la Ciudad de México Andrés Manuel la hubiera invitado para desempeñar el encargo de secretaria de Medio Ambiente en el año 2000, distinguiéndose como la servidora pública ejecutiva y eficiente dedicada a cumplir con el objetivo del encargo como se lo propuso López Obrador; “quiero que disminuya la contaminación de la ciudad”, proclamó.
Comenzó con la construcción de las ciclovías, la primera ruta del metrobús y una central de cómputo para controlar los verificentros de vehículos automotores.
Cuando se inauguró el segundo piso de la Ciudad de México en el año 2005 se conocieron los datos técnicos y financieros para innovar y mejorar la infraestructura vial que tuvo una inversión en aquel año de 3 mil millones de pesos en una obra comparativamente tan larga como toda la avenida Insurgentes, desde San Ángel hasta Indios Verdes, para beneficio de un millón de capitalinos, porque significó aumentar la velocidad promedio de recorrido en la ciudad de 13 a 50 kilómetros por hora, reduciendo de una hora a 15 minutos el traslado y disminuyendo en 30 mil toneladas de partículas contaminantes la contaminación, lo que significó el ahorro de 7.42 millones de dólares en horas hombre y combustibles.
Cuando Morena se registró como partido tuvo a Claudia como su candidata a la alcaldía de Tlalpan en el 2015, haciéndose gobierno desde ese año al 2017 que gobernó aplicando los principios de austeridad orientando el presupuesto a los “programas sociales y de obras públicas”, intensificando su acercamiento a la gente con las conferencias matutinas que ideó para atender mejor la demanda ciudadana.
En ese encargo formó una amplia red de mujeres contra la violencia y por el abasto de agua y conservación del suelo que se convirtió en ejemplo para otras demarcaciones de la capital.
Desde su encargo en Tlalpan compitió por la jefatura de la ciudad frente a candidatos más conocidos de su partido como Martí Batres y Ricardo Monreal y ya sabemos los resultados, Claudia Sheinbaum se convirtió en la primera mujer jefa de Gobierno de la Ciudad de México desde el 5 de diciembre del 2018. Su primera gran prueba fue atender la pandemia para cambiar el escenario dantesco denominado “la tormenta perfecta” por la Organización Panamericana de la Salud que vislumbraba una ciudad saturada de enfermos en los hospitales y la gente muriendo en las calles por falta de vacuna.
En su computadora la jefa de Gobierno trabajó para el diseño del programa que incluyó a la Ciudad de México en las del nivel más alto en el índice de vacunación del mundo, lo que cambió radicalmente el futuro previsto por la OPS, al vacunar en tiempo récord a más de 9 millones de habitantes de la ciudad más 5 millones procedentes del Estado de México.
Son los hechos de gobierno los que hicieron de Claudia formar parte de las “corcholatas”, apodo que no me satisface, aunque haya sido ocurrencia del presidente. Sin embargo desde el anunciado destape ha ganado las preferencias de los electores según el historial de encuestas que se puede consultar para que encabece la candidatura de Morena para la elección del 2024 como antesala de lo que será la primera vez en la historia que una mujer asume la Presidencia de México.