EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Por el bien de todos… combatan la corrupción

Silber Meza

Septiembre 20, 2025

Claudia Sheinbaum Pardo nunca va a darle la espalda a Andrés Manuel López Obrador. Es algo que todos tenemos claro, y ella lo ha reiterado una y otra vez. Es su “padre político”, su mentor. Ella está segura de que el tabasqueño es honesto, se le nota convencida. Pero los cambios en materia de seguridad y combate a la corrupción emprendidos en el primer año de la presidenta marcan un distanciamiento claro entre ambas formas de gobierno, e incluso muestran las omisiones y malas decisiones que se tomaron durante el primer gobierno de la llamada Cuarta Transformación.
Está, como primer ejemplo, el combate urgente a las estructuras delictivas. En esta columna hemos ido monitoreando la estrategia de seguridad apuntalada por Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, hombre de confianza de la presidenta. Y aunque es visible que aún no se han obtenido los resultados que desea la sociedad mexicana –por más cifras halagüeñas que se muestran en las conferencias matutinas–, el cambio de rumbo en la estrategia es más que evidente. El combate frontal a las estructuras del crimen organizado en Sinaloa es significativa muestra de ello. Y aquí podemos medirlo de diversas maneras. Si pensamos en el proceso de pacificación, es claro que la estrategia no ha sido exitosa, la mejor prueba es que se tuvo que suspender el festejo del Grito de Independencia del gobernador Rubén Rocha Moya por segunda ocasión; pero si pudiéramos medir la contención del crecimiento del crimen organizado, tal vez encontraríamos mejores resultados: cercar a las estructuras delictivas provoca que no se ensanchen, y eso sí lo ha hecho bien este gobierno, aunque sea con el Cártel de Sinaloa. Esto es algo que no se hizo en el gobierno de AMLO; por el contrario, los dejaron crecer a placer.
El segundo ejemplo es el de Hernán Bermúdez Requena. La investigación abierta contra el exsecretario de Seguridad de Tabasco ha desatado una serie de dudas razonables. Sobre todo porque el Ejército lo advirtió desde el gobierno de López Obrador, y aunque ahora se habla de que sí iniciaron una investigación, la realidad es que ha levantado sospechas serias sobre el posible involucramiento y conocimiento de Adán Augusto López Hernández, exgobernador de Tabasco, exsecretario de Gobernación y actual líder de los senadores de Morena. El “hermano” de López Obrador, dicho por el propio expresidente. La decisión de Sheinbaum de ir contra Bermúdez Requena, sabemos, puede obedecer a la fuerte presión de Estados Unidos, pero también al deseo de la presidenta de no tolerar en su gobierno las peores prácticas, así sean herencias de su mentor.
El tercer ejemplo es el de huachicol fiscal. Un problema que también viene del sexenio de López Obrador y que no fue cortado entonces. Las versiones oficiales no cuadran, pero las están haciendo cuadrar con el paso del tiempo. AMLO prometió acabar con el huachicol, pero no pasó; prometió acabar con la corrupción, y tampoco pasó. Sobre las aduanas dijo que se las quitaba a las manos civiles y se las entregaba a las militares-navales porque ellos sí eran honestos: nada más falso. Ahora sabemos que varios marinos y civiles estaban involucrados en una de las tramas de corrupción más impresionantes de las últimas décadas. Mafia real.
Si hay algo claro en los estudios anticorrupción, y se le dijo a AMLO, es que no debes exponer a marinos y militares a la ambición de la corrupción. Las aduanas son una fuente prácticamente inagotable de dinero y de tráfico ilegal, por eso siempre le recomendaron que no pusiera en ese sitio a uno de los últimos fuertes que le quedaban al Estado mexicano. Como saben, López Obrador no hizo caso y ahora tenemos los resultados: la Marina atraviesa uno de sus peores momentos de reputación y credibilidad. Este es un golpe necesario, del que se tardará décadas en recuperarse, si sucede.
Es verdad, sea por convicción o por conveniencia política electoral, López Obrador repartió dinero a los sectores más vulnerables y ayudó a que millones de personas salieran de la pobreza, pero su descuido a los temas de corrupción y seguridad es, por decir lo menos, lamentable.
Ahora Claudia Sheinbaum, sea por jugada política o decisión de cambio, está dando un golpe de timón en la estrategia gubernamental, y en este viraje inevitablemente ya no serán ni Felipe Calderón ni Enrique Peña los señalados, en realidad será el gobierno de su mentor: Andrés Manuel López Obrador. Lo quiera o no la presidenta.