EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Por el Día Mundial del Medio Ambiente

Silvestre Pacheco León

Junio 03, 2006

 

El día atardece, el vehículo avanza con lentitud en la cuesta del terreno arcilloso. Bajamos del poblado de San Ignacio entre la primera lluvia de la temporada y la densa neblina que envuelve los cerros donde nace el río de Pantla, en la sierra de Zihuatanejo.
Venimos de una asamblea ejidal donde se expusieron los dos proyectos que financia el Coinbio (Comunidades Indígenas por la Biodiversidad), el primero relacionado con el fortalecimiento de las instituciones ejidales para el desarrollo sostenible, y el segundo para el establecimiento de Unidades de Control y Manejo de la Fauna Silvestre. En la asamblea los campesinos aprovecharon su junta para manifestar su descontento por el retiro de la máquina Caterpilar que arreglaba el camino. Dicen que el trabajo no se terminó, y que ningún control hubo de parte de la comunidad ni del gobierno municipal sobre la maquinaria que emplearon los contratistas; que lo más probable es que oficialmente se dé por concluida la obra, cuando todos saben que lo hecho en el camino se perderá con la primera lluvia que ahora nos acompaña. Lo siento por el aislamiento en el que quedan los habitantes de esta región después que las lluvias cortan sus caminos.
En la reunión, un campesino habla con vehemencia, insiste en que no comprende la actitud del gobierno, dice que en el caso de los caminos se debe proceder como cuando uno construye su casa: empieza por los cimientos y poco a poco la va terminando. Con el tiempo la casa se mejora. Eso no sucede con los caminos rurales, dice. Su construcción es cuento de nunca acabar, porque se carece de continuidad en su mejora. Cada año la inversión y el trabajo se repiten y cada año la demanda de los pueblos es la misma.
Dicen los campesinos que los gobiernos municipales bien pueden pagar un empleado con el mismo presupuesto del camino, para que se encargue de supervisar el trabajo, pero parece que en las oficinas lo único que interesan son las comprobaciones de los gastos. Eso comentan.
Si el trabajo en la red de caminos para el medio rural se planeara, después de su apertura se aplicarían en la construcción de cunetas, luego en los vados. Cada año mejorarían y en poco tiempo dejarían de ser caminos de temporal. Así la inversión luciría y la comunicación traería los beneficios esperados. Eso dicta el sentido común.
En la región, una parte por las lluvias y otra por el cambio en la conducta que están viviendo los campesinos, la novedad es que los incendios fueron menos dañinos que otros años. Hay más cuidado en el manejo del fuego porque la educación ambiental va ganando la conciencia de los habitantes del medio rural. Ahora se programan las quemas y los campesinos actúan organizados para evitar que éstas se conviertan en incendios. El gobierno municipal entregó a tiempo el apoyo estatal para la prevención de los incendios. Cuatro de los seis ejidos que gestionan la certificación de sus áreas naturales protegidas recibieron apoyo en herramienta para sus guardarrayas y para el combate a los incendios. Las bondades del trabajo realizado se han hecho notar.
El ambiente que se respira en el campo en los primeros días del mes más caluroso del año, es el de la transición del estiaje a la lluvia. Los caminos polvorientos se vuelven lodazales. La vegetación gris de la selva baja caducifolia se comienza a pintar con las diferentes tonalidades del verde. Los animales se vuelven ruidosos. Quizá esa sea una manera de expresar su felicidad.
En la zona urbana la temporada de lluvias nos trajo novedades. La más notoria en la ciudad de Zihuatanejo es la cancelación del flujo permanente de aguas residuales a la bahía, a través del canal de aguas pluviales que cruza la ciudad, conocido como La Boquita.
Ayer el escurrimiento de aguas residuales cesó, pero como no se conoce ningún incremento en el caudal del agua que se reutiliza para las áreas verdes de la ciudad, es fácil suponer que el flujo de agua contaminada que ya no corre por el canal de La Boquita, simplemente cambió de lugar. Ahora se concentrará en la laguna de Las Salinas, en el mismo lugar donde se vierten las aguas de las demás plantas tratadoras de la ciudad, gracias a las bondades de la interconexión de las plantas tratadoras de aguas negras que recientemente fue “descubierta” por las autoridades locales de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado. En este caso hay que reconocer la puntualidad con la que el responsable municipal cumplió su anuncio de la obra.
El proyecto anunciado por la Capaz, en este sentido, se refiere a una ampliación de la red hidráulica de la ciudad para el riego de las áreas verdes. Se habló de que la interconexión de las plantas tratadoras serviría sólo para conducir los excedentes de las aguas residuales de la planta del Deportivo a la de las Salinas, no sólo de concentrar en un punto las aguas que por años han contaminado la bahía en los dos extremos de la playa principal.
De todas formas y siguiendo el razonamiento de especialistas sobre el tratamiento ecológico de la basura, “es mejor ensuciar una sola parte, que dos a la vez” en referencia a que conviene localizar el futuro relleno sanitario en el mismo lugar que ahora ocupa el tiradero a cielo abierto, en vez del empeño por buscar un lugar distinto. “Si los niños tienen tirado su cuarto, evitemos llevarlos a otro para que lo ensucien, y mejor enseñémosles a que levanten el que ya tiraron”.
Aunque las organizaciones ambientalistas locales hemos insistido en que el reuso de las aguas tratadas no sustituye la necesaria calidad de las mismas, existe el riesgo de que la Capaz nos quiera hacer chanchullo y pretenda obviar la eficiencia de las plantas mandando el agua contaminada a las áreas verdes de la ciudad.
Para ello conviene llamar la atención con lo que explican profesionales de la salud en el puerto.
Comentan, con razón, que si no se mejora el nivel de eficiencia de las plantas, los habitantes y visitantes, todos, correremos el riesgo de contraer enfermedades originadas en el agua contaminada, aunque no entremos en contacto con la bahía, pues si se usan aguas mal tratadas en el riego de los jardines y áreas verdes, estaremos expuestos a contraer enfermedades como la amibiasis que puede adquirirse no sólo por la vía oral, sino por vías respiratorias, lo que ocasionaría una contaminación mayor a la que se pretende combatir, dicen algunos especialistas en salud.
Estos especialistas señalan entonces la conveniencia de buscar alternativas encaminadas a garantizar la limpieza de las aguas residuales y para ello proponen el rebombeo de dichas aguas hasta la planta de tratamiento de Ixtapa, que funciona con una eficiencia del cien por ciento. Claro, en esta iniciativa los primeros que pondrían el grito en el cielo serían los hoteleros y quizá los mismos habitantes de esa zona exclusiva. Supongo que a nadie en Ixtapa le haría gracia recibir los desechos de una ciudad distante cinco kilómetros.
Sin embargo, los profesionales del sector salud de la localidad toman en cuenta que si bien resultaría costoso trabajar dicha alternativa, (si es que la construcción de nuevas plantas en la ciudad resulta imposible) este proyecto, a la postre, resultaría más barato comparado con lo que se perderá en materia de salud si se comete la “genialidad” de dispersar dichas parasitosis entre la población, y su impacto negativo en el turismo, digo yo.
De todas maneras, la lluvia traerá cosas buenas a la ciudad. Una de ellas será la limpieza de las nuevas calles del centro, orgullo de la joven gestión municipal perredista. Si usted ha tenido oportunidad de caminarlas, se habrá dado cuenta del muladar en que han sido convertidas con los lixiviados (jugos de la basura) que irresponsablemente arrojan en ellas los operadores de los camiones recolectores de basura en cada compactación que realizan.
Usted dirá que no es chiste que las calles se limpien con la lluvia si el corrosivo y contaminante desecho líquido irá a contaminar también las aguas de la bahía pero, mientras, será un alivio para el olfato de quienes caminan la ciudad. Por si alguien de Servicios Públicos nos quiere escuchar, le diremos que es necesario equipar a los costosos camiones compactadores con depósitos para los desechos líquidos que son de alta corrosión y capacidad contaminante.
Y si ya andamos por la ciudad, no está demás comentar el caso de la recientemente inaugurada calle Antonia Nava que luce un atractivo concreto hidráulico, rojo estampado. Sobre el asunto de la calle tuve oportunidad de comentar la idea de agregar en su estreno el ingrediente ambiental. Propuse a los funcionarios municipales que el contratista dejara los espacios suficientes para que los vecinos sembraran los árboles de ornato que dieran sombra al lugar. No argumenté más porque la idea les pareció adecuada.
Eso hice con el director municipal de Desarrollo Urbano. La idea fue compartida también por el responsable local de ecología. Ambos funcionarios dijeron que lo tratarían con el director de Obras Públicas porque la sugerencia mía era atendible. Pero no, en la nueva calle prevaleció el mismo criterio en desuso de que lo mejor son los bloques de cemento que deben marcar la distancia entre lo natural y lo artificial. Ni modo. En el centro de la ciudad se va imponiendo la construcción de techos rústicos en las aceras que luego sirven como prolongación de los negocios, en perjuicio de los transeúntes y también del bosque, del que se toma la madera en rollo sin mitigar el daño.