EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Por mi madre, por mis hijas

Esthela Damián Peralta

Marzo 10, 2026

Ayer, como cada 8 de marzo, millones de mujeres en México y en el mundo salieron a las calles para recordar que los derechos no han sido concesiones gratuitas, son luchas permanentes que se construyeron y construyen a lo largo de años, décadas y siglos, con debate público, marchas, acciones de reclamo social y decisiones políticas. Ver a las mujeres de todas las edades y condiciones sociales salir a marchar me conmueve e inspira profundamente. Por una parte la terrible parte de ver el dolor de quienes denuncian las violencias que han sufrido y, por otra parte, la belleza de verlas resilientes, fuertes, valientes, dispuestas a todo para que ninguna mujer sea violentada, sea en casa, colonia, ciudad, estado, país o mundo.
En medio de este día lleno de emociones encontradas, recordé una intervención que marcó profundamente mi trayectoria política. Durante mis diez años en cargos de elección popular, diría que una de las participaciones más importantes fue la que dí en favor de la lucha por el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad. Como diputada local de la Ciudad de México, en 2007 participé en la discusión para despenalizar el aborto hasta la doceava semana.
Ahora que vivimos otros tiempos, este derecho puede sonar como algo evidente, pero en ese momento, aquella discusión fue intensa, fuimos pioneras a nivel nacional, sabíamos que enfrentamos a la derecha, la Iglesia, medios de comunicación, éramos las y los diputados de izquierda contra el sistema en su conjunto. No solo porque se trataba de una reforma profunda en materia de derechos reproductivos, sino porque obligó a la sociedad a mirar una realidad que durante décadas se había preferido ignorar. La penalización del aborto no impedía que ocurriera; lo que hacía era empujar a miles de mujeres a la clandestinidad, lo que en varias ocasiones generaba daños irremediables en su salud e incluso les costaba la vida.
Como suele suceder con las políticas punitivas, quienes más sufrían las consecuencias no eran todas por igual. Históricamente, las mujeres con recursos económicos siempre tuvieron alternativas: pagar servicios privados o acceder a atención médica segura en el país o en extranjero. En cambio, las mujeres pobres enfrentaban escenarios mucho más duros: abortos inseguros, condiciones laborales que dificultaban acceder a la interrupción del embarazo, criminalización de las mujeres por tomar decisiones sobre su propio cuerpo.
Por eso era tan importante cambiar la lógica del debate. Reconocer el derecho a interrumpir el embarazo no obliga a nadie a abortar, sino que permite que quien se enfrenta a esa decisión pueda hacerlo de manera segura, con acompañamiento médico y sin poner en riesgo su vida. Prohibirlo, en cambio, no evita que suceda, sino que solo genera condiciones de mayor peligro, silencio, insalubridad y desigualdad.
La experiencia de la Ciudad de México es una prueba contundente de ello. Desde que se aprobó la Interrupción Legal del Embarazo en abril de 2007 hasta 2024, más de 277 mil mujeres han accedido a este servicio en la capital del país, de manera gratuita y con excelentes condiciones de seguridad y salubridad.
Detrás de ese número hay historias diversas: mujeres jóvenes, estudiantes, madres que ya tienen hijos, mujeres trabajadoras, mujeres que sufrieron violencias. Muchas de ellas, además, llegaron desde otros estados del país donde durante años el aborto siguió o sigue penalizado. La Ciudad de México se convirtió así en un espacio de acceso a derechos que no existían en otras entidades.
Ese cambio no ocurrió por casualidad. Fue resultado de décadas de lucha del movimiento feminista, de organizaciones sociales, de profesionales de la salud y de una sociedad entera que entendió que el derecho a decidir forma parte de los derechos humanos a la salud, a la dignidad y a la libertad de las mujeres. Las respuestas positivas del Estado se dieron a partir de demandas legítimas impulsadas por la constancia y la fuerza colectiva que las mujeres hemos construido a lo largo de los años.
Con el tiempo, esa transformación comenzó a expandirse. Hoy, cada vez más estados han avanzado en la despenalización del aborto y en el reconocimiento de los derechos reproductivos. Guerrero, por ejemplo, reformó su legislación en 2022 para permitir la interrupción legal del embarazo hasta las doce semanas, sumándose a una tendencia nacional que busca garantizar condiciones más justas para las mujeres.
En ese proceso histórico es importante reconocer el papel del feminismo en la transformación del país, que ha abierto caminos que hoy permiten que México tenga a la primera mujer Presidenta en América del Norte, Claudia Sheinbaum. Reconocer esa historia implica también asumir que la igualdad no ha sido un proceso sencillo, todavía hay derechos y condiciones que permanecen como tareas pendientes en la agenda de las mujeres.
Por supuesto, el camino aún no está terminado. Persisten resistencias culturales, desigualdades y barreras multifactoriales que impiden que todas las mujeres accedan en igualdad de condiciones a servicios de salud reproductiva, así como al resto de derechos. Pero también es cierto que el país de hoy es distinto al de hace dos décadas.
Cada reforma, cada discusión parlamentaria, cada movilización en las calles, cada trabajo que realizan las mujeres, cada voz que se alza desde las diferentes trincheras, ha contribuido a construir un México donde las mujeres tenemos las mejores condiciones para desarrollar nuestros proyectos de vida, sin duda falta.
Por mi parte, sigue firme mi convicción en la defensa de los derechos de las mujeres, como lo dije en aquella intervención hace 19 años: “me siento profundamente orgullosa de votar para reivindicar a las mujeres su derecho a la maternidad libre, responsable e informada, e informada votaré a favor en honor a mis abuelas, a mi madre, a mis hijas ya las hijas de mis hijas. Por mi condición de mujer, porque mi cuerpo y mi mente son libres, no permitiré que la ignorancia o el miedo condenen a más mujeres a la muerte”.
Nos leemos el siguiente martes.

Link a mi intervención: https://youtu.be/fSsrTuDAq4k?feature=shared

@EsthelaDamian