EL-SUR

Sábado 11 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

¿Por qué la delincuencia organizada ha avanzado tanto?

Jesús Mendoza Zaragoza

Diciembre 09, 2024

La delincuencia organizada tiene sus factores de crecimiento. Sabe cómo controlar la economía, cómo encaramarse en la vida política y cómo construir su propia subcultura para justificar sus ilegalidades. Entiendo que hay diversos factores de su avance y crecimiento, pero hay uno de ellos que merece ahora nuestra atención. Ese factor está en su capacidad de organización. La delincuencia se construye sobre el factor de la organización, necesaria para prosperar en sus negocios y para otros fines ilegales que se proponen.
Cuentan con un olfato tan fino que detectan las formas para hacer dinero, imaginando los más diversos negocios ilegales donde ven oportunidades. ¿Cómo han hecho para controlar el transporte público y el comercio informal en muchas regiones del estado de Guerrero? ¿Cómo han inventado formas innovadoras para extorsionar aún a los grandes negocios? ¿Cómo hacen un trabajo hormiga para el cobro de piso? ¿Cómo detectan oportunidades para atraer a los adolescentes y jóvenes a sus negocios? ¿Cómo hacen alianzas entre organizaciones ilegales y al mismo tiempo las rompen? ¿Cómo hacen para imaginar futuras oportunidades económicas? ¿Cómo hacen para introducirse en actividades económicas y políticas para hacerse de su control? Y así, sucesivamente, hay muchos ‘cómos’ que destacan su capacidad de organización.
Las organizaciones ilegales tienen claro lo que quieren. Viven para hacer dinero y detectan las oportunidades para lograrlo. Con el dinero, pueden controlar todo. Pueden controlar a las instituciones del Estado, las empresas, la educación, la cultura y los recursos naturales. Lucran con todo, con las instituciones públicas, privadas y sociales. Miran a la gente con una visión de lucro. Manifiestan el espíritu del capitalismo y son una consecuencia del mismo. En la delincuencia organizada el capitalismo se corona a sí mismo, porque está sustentado en la libertad individual sin límites para fines económicos ilícitos.
Nuestro gran problema está en que ni los gobiernos ni la sociedad tienen la organización necesaria para afrontar a las organizaciones criminales que se sustentan, precisamente, en su capacidad de organización. El gobierno federal y sus instituciones tienen visiones y metas diferentes y lo mismo sucede en los ámbitos de los estados y de los municipios. Toda la trama institucional ha estado desarticulada. Hay intentos, que no logran estar a la altura necesaria. Tal parece que las legislaciones, federal, estatales y municipales no están funcionando para lo que están puestas, que las instituciones gubernamentales estén al servicio del bien público.
Otro tanto vemos en la sociedad. No hay la organicidad necesaria entre las instituciones privadas y las organizaciones sociales. Cada quien busca lo suyo y está ausente una visión común como referente del bien común. Vamos, ni los gobiernos ni las instituciones privadas ni las organizaciones sociales tienen una visión orgánica que haga frente a la delincuencia organizada. Por esa razón, les hemos permitido que avancen en sus esfuerzos ilegales e ilícitos.
Es de esperarse que la estrategia de seguridad Guerrero por la Paz que las autoridades de los distintos órdenes de gobierno están promoviendo para los municipios de Acapulco, Chilpancingo e Iguala, tenga la capacidad necesaria en cuanto a organización para afrontar la capacidad de las organizaciones criminales en el sentido de la construcción de la paz. Y que, además, incluya a la sociedad civil, a las comunidades indígenas y campesinas, de manera que tengamos la organicidad necesaria para frenar los poderes económicos y políticos de la delincuencia.
Si acertamos en este camino buscando todos, –gobiernos y sociedad– el bien común, nos tardaremos varios años en ver los resultados suficientes con condiciones para la paz sustentable. Es bueno ver que la estrategia de seguridad se ha estado modificando para que todas las instituciones del Estado se muevan en el mismo sentido y, a su vez, incluya a todos los que tenemos un interés vivo en establecer condiciones para que la paz sea definitiva en estos municipios, de manera que, posteriormente, otros municipios continúen en el camino hacia la paz.
O será que ¿“los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz” (Lucas 16, 8), como decía Jesús de Nazareth? ¿Será que los delincuentes son más sagaces que quienes aspiramos a la paz? Tenemos el reto del ingenio, de la creatividad, de la imaginación para construir juntos las utopías que nos ayuden a buscar el bien común con la organicidad necesaria.