EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

¿Por qué parece que vamos hacia atrás?

Ana Cecilia Terrazas

Mayo 03, 2025

La media de la generación X, nacida entre 1965 y 1980, que recibiera una educación superior en terrenos humanistas, de corte social, crítico, intuye que algo muy importante se le escapó. De no ser así, ¿por qué parece que los siguientes pasajes de la historia no tuvieron o tienen impacto y hasta pueden llegar a repetirse?: el holocausto de la Segunda Guerra Mundial; las dictaduras latinoamericanas o las tiranías en Europa del Este; el fracaso del capitalismo extremo o del comunismo totalitario; la falta de liberación sexual; las muertes por enfermedades prevenibles; las hambrunas del continente Africano; las guerras y exterminios; el uso depredador de todos los recursos de la Tierra; la ausencia de organismos integradores de todas las naciones, como la ONU; la omisión de los derechos humanos en el hacer y quehacer; la inexistencia de libertades de prensa; las fórmulas estereotipadas en la cultura para definir a mujeres u hombres; la no creencia en la igualdad de todas las personas.
En ideales, sueños, teorías, libros, instituciones y formas de ser de muchas naciones, se comenzaron a desinstalar los horrores mencionados arriba, o por lo menos eso creyó la hoy azorada generación X. No obstante, ahora este mismo grupo etario vislumbra:
Un planeta que no puede (y lo peor es que hay quien no quiere) frenar de tajo todas las causas del calentamiento global; sociedades que votan por líderes autoritarios, discriminadores y violentos; guerras y matanzas que no cesan entre naciones (por causas comerciales, estratégicas o de intereses económicos); tendencias regresivas en favor de los estereotipos de personas o estructuras sociales (mujeres, hombres, familias); desaparición o adelgazamiento de instituciones defensoras de derechos humanos; vulneración de estructuras dedicadas al altruismo; recorte de organismos sociales al rescate de las personas más débiles, frágiles y marginadas; iniciativas para volver a levantar fronteras geopolíticas infranqueables; negación de avances científicos (como los farmacéuticos o la propia teoría darwiniana de la evolución); preponderancia de los grandes negocios en detrimento de los pulmones de la Tierra o de la salud física de las personas.
Para los X, esto no se puede creer, entender o analizar. No es fácil digerir un mundo en el que no se caminó o camina hacia el bien de las mayorías; la salud del ecosistema que nos permite vivir; la igualdad entre todas las personas; el respeto y la armonía universal.
Sin embargo, parece que, afortunadamente, se puede rastrear o apuntar el origen de esto inexplicable desde la construcción ilustrada y moderna del sujeto (o la sujeta). Ese sujeto ilustrado estuvo y está gobernado por saberes y poderes, es un individuo singular integrado a una sociedad. Ese sujeto ilustrado, entre más saberes y poderes tiene, más puede ser “alumbrado” por la razón. Y esa razón pugna por más saberes y más poderes, los cuales deben de distribuirse a las y los otros sujetos sociales. Así entonces, pensados en singular, los sujetos devienen en capitalistas irredentos o en tiranos protorredentores y las naciones se mueven al son del individualismo subjetivo, subjetivante y de la subjetividad que ha obnubilado al pensamiento colectivo, a la esencia comunal que sí distinguió a las agrupaciones humanas prehistóricas, premodernas, preilustradas.
La buena noticia es que, como dice la filósofa Ana Patto Manfredini, si el sujeto se construye, según los racionalistas (Descartes, Kant, Hegel), también se puede deconstruir, desubjetivar.
Hace 81 años que Theodor Adorno y Max Horkheimer escribieron la Dialéctica de la Ilustración, en la que aparece una fatídica reflexión que cobra lamentable actualidad: “Lo que nos propusimos fue nada menos que comprender por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un nuevo tipo de barbarie… La ilustración, en el sentido más amplio del pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y hacerlos dueños de sí mismos. Pero la tierra plenamente ilustrada brilla bajo el signo de una calamidad triunfante…”.
“Algo va mal”, parafraseando el título de Tony Judt de 2010. Y ese algo es el sujeto moderno, racionalista. Urge repensar el yo en colectivo.

@anterrazas