Florencio Salazar
Noviembre 27, 2024
La imperfección de las relaciones sociales
de un todo sin armonía, sostenido únicamente
por el atraso general de la sociedad.
Mariano Otero
He propuesto un Nuevo Pacto del Sur con el fin de poder encauzar al estado de Guerrero hacia el objetivo fundamental del desarrollo integral y sostenible. La entidad emergió en la Federación Mexicana en 1849, como una necesidad de crear instituciones propias que dieran identidad a la diversidad étnica de sus habitantes. Pero también mediante actos de fuerza, que lo alejaron de las vía de la ley y lo acercaron al poder de los cacicazgos. Es decir, se ha apreciado más el poder personal que el de la ley.
Está en la naturaleza del ser humano su carácter gregario y de ahí surge la necesidad de la existencia colectiva que crea acuerdos para civilizar la convivencia. Así cobra sentido la afirmación de Arnaldo Córdova respecto a que la Constitución no es ley suprema sino el acuerdo social; acuerdo que implica la forma de gobierno, la promulgación de leyes y el surgimiento de instituciones.
Puesto que los signos que caracterizan el desenvolvimiento del Sur son la ingobernabilidad, la violencia, la protesta social, la corrupción y la debilidad institucional, todo ello implica que nuestro pacto social nació roto, con leyes endebles e instituciones precarias. Los guerrerenses necesitamos llegar a un Nuevo Pacto para convenir, dentro de la vida republicana y, por lo tanto, democrática, con el fin de construir un entarimado de disposiciones de observancia general, que aceleren el paso de los surianos hacia el bienestar.
Lo anterior, debe ocurrir dentro del marco de la República Federal que nos hemos dado. Sí se trata de aspirar a una utopía en tanto visión profunda, que haga posible nuestro perfeccionamiento constante. El horizonte se aleja pero la sociedad está en movimiento; gracias a ideas utópicas la mayoría de las sociedades no viven dentro de una caja. Y de eso de trata, de que nos esforcemos para salir del infortunio histórico en el que hemos vivido.
Un Nuevo Pacto Social del Sur implica un conjunto de acciones, cual más desafiantes. ¿Cómo puede alentarse un proyecto de gran magnitud sin el binomio sociedad-gobierno? La mayoría de quienes gobernaron Guerrero acaso adminis-traron el conflicto, cuando no fueron sus principales impulsores. Ahora se necesita, en su precisa acepción, estadistas; también líderes políticos y sociales dispuestos a reformar al Estado de Guerrero; es decir, hacerlo nuevo.
Desde luego, para empezar habría que convocar a la sociedad desde la misma sociedad en diálogos propositivos de lado a lado y de abajo a arriba; alentar esa participación con la intervención gubernamental. Un Nuevo Pacto Social exigiría, una vez celebradas reuniones, asambleas, propuestas documentadas, sugerencias y recomendaciones, convocar a un Congreso local constituyente, que diera forma y contenido al Nuevo Pacto.
Conviene aclarar que un proceso de tal envergadura debe ser inherente al acuerdo en lo fundamental, siguiendo la regla Otero. O sea, debe respetarse el sistema político federal, democrático y republicano. Se trata de llegar a nuevos arreglos internos que hagan posible que, por ejemplo, la protesta social se encauce por la vía del entendimiento legal, oportuno y eficaz. La protesta social es el recurso del que disponen los ciudadanos ante gobiernos insensibles y sordos; pero cuando esta se hace por todo y por nada, pierde su eficacia y termina por ser repudiada por amplios sectores de la propia sociedad, pues, en ocasiones, unas docenas de personas dañan la economía de miles, como ocurre cuando se bloquea la Autopista del Sol.
Otra aclaración necesaria: un proyecto así no debe ser abanderado por partido político alguno ni por políticos aspiracionistas. Lo deseable es propiciar la concurrencia de la diversidad social y la pluralidad política y ello necesita de un amplio margen de tolerancia e inclusión. No puede ignorarse –sería ingenuo hacerlo– que es inevitable la manifestación de ideas distintas y hasta encontradas, pero el gran objetivo exige buscar los acuerdos por encima de las diferencias.
Habrá oportunidad de ampliar el tema. Ahí lo dejo para –ojalá– propiciar la reflexión, bajo una sola premisa: Guerrero no puede, no debe, ser un estado sin destino.