EL-SUR

Jueves 11 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Por un mundo de felicidad

Silvestre Pacheco León

Marzo 18, 2019

La idea de que la sociedad humana pueda algún día liberar al hombre de la enorme carga de trabajo para que le destine más tiempo a las actividades que le dan placer y satisfacción, nació de los socialistas que consideran al trabajo como la fuente de la riqueza social.
Si todos aportan para el crecimiento económico sin duda habrá un excedente creciente y lo justo es que la riqueza así alcanzada se reparta de manera equitativa para financiar el esparcimiento, la creatividad y el desarrollo humano en general, se decía.
Pero en una sociedad capitalista como la nuestra aquella idea del desarrollo con justicia se vuelve utópica aunque lo diga el presidente de México porque la riqueza que se genera en el país con el esfuerzo de los mexicanos se privatiza en manos de un pequeño grupo de privilegiados que son dueños del capital.
Cuando escucho de Andrés Manuel la vieja idea de que primero hay que tener el pastel para luego repartirlo me recuerdo que fue el presidente López Mateos el primero en pronunciarla, pero en la historia de México los beneficios siempre se han repartido entre los empresarios.
La historia de México es la historia de la desigualdad. Los grandes movimientos sociales han tenido como justificación la demanda de justicia social, contra la riqueza acumulada en pocas manos frente a la pobreza de las mayorías.
Nadie discute que tras el Grito de Dolores y la emancipación de México estaba un pueblo esclavizado que veía más allá de la disputa entre peninsulares y criollos sobre la ilegitimidad del virreinato la posibilidad de liberarse a sí mismos.
Después vino la revolución alentada por anarquistas y líderes agrarios que luchaban por mejoras sociales, tierra para trabajar y derechos laborarles y sindicales.
Pero ningún movimiento social ha podido modificar la creciente desigualdad que ha puesto a México a la cabeza del continente.
El salario mínimo que en un tiempo tuvo un poder adquisitivo que alcanzaba para el sostenimiento de las necesidades familiares incluyendo la vivienda, alimentación, educación y salud, comenzó a diluirse desde la llegada al poder de los tecnócratas del priísmo, en la época del gobierno de Miguel de la Madrid.
Después, cuando los neoliberales se hicieron hegemónicos teniendo como líder a Carlos Salinas de Gortari, permeó la idea de que el subdesarrollo era provocado por el excesivo papel del Estado en la economía, que debía dejarse de lado esa idea trasnochada en la que se gastaba una enorme cantidad de recursos para sostener empresas poco rentables o mal administradas que bien podían mantener su papel si pasaban a la iniciativa privada.
Total que en el transcurso de los años, ya desmantelada la red de empresas estratégicas en la que se sostuvo el llamado desarrollo estabilizador que logró la proeza de años de crecimiento económico arriba del 5 por ciento anual, la desigualdad siguió creciendo a un ritmo constante.

La medición de la desigualdad

Uno de los indicadores recientes de esa situación agobiante se conoció en el año 2017 cuando un grupo de periodistas especializados en economía demandó que se conociera públicamente el estudio interdisciplinario que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos había realizado para conocer su comportamiento.
Lo primero que llamó la atención del caso fue la intención del titular de aquella comisión de que la información se reservara argumentando que su contenido era tan delicado que su divulgación podría provocar problemas serios en la sociedad.
Gracias a que se hizo valer el derecho a la información se conoció la situación de los salarios mínimos en el país que era alarmante frente a los demás países que forman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
México ocupa el último lugar entre los 26 países de dicha organización en cuanto al poder adquisitivo del salario. Convertido en dólares los trabajadores mexicanos ganaban 0.60 centavos de dólar la hora frente a países como España donde se pagaba casi cinco dólares.
Y era verdad lo que temía el titular de la CNSM porque fue ese deterioro salarial tan extendido lo que provocó la primera revolución pacífica que un año después se produjo.
El aumento salarial decretado por el nuevo gobierno que llevó el salario mínimo de 88 a 102 pesos, aunque es plausible resulta insuficiente para tan grande deterioro que se calcula en un 70 por ciento.
Pero también sucedió algo parecido con la desigualdad en el país porque en el mismo año del 2016 la revista Forbes –que publica la lista de los hombres más ricos del mundo–, dio a conocer que junto con la fortuna de Carlos Slim, los diez mexicanos más ricos acaparaban el 50 por ciento de la riqueza nacional.
Muy parecido a lo que sucedía en la época del porfiriato como lo escribió en enero pasado en la revista Nexos el economista Diego Castañeda quien afirma que el 20 por ciento de la población controlaba el 60 por ciento del ingreso nacional. El 80 por ciento restante de la población se repartía apenas el 40 por ciento de esa riqueza.

La desigualdad explosiva

La situación de desigualdad en nuestro país ha crecido, se ha agudizado y es explosiva, de tal manera que estando de acuerdo con lo que sostienen los editores de la revista Economía, a los mexicanos les afecta más esa situación que la inseguridad y la corrupción que son las prioridades de Andrés Manuel López Obrador.
Expuesta así la situación uno se pregunta si la estrategia de la 4T está bien planteada, pues nuevamente de acuerdo con los economistas sostengo que si bien la corrupción es una lacra que se debe combatir, ésta no abona a la desigualdad porque es una forma que a la postre lo que hace es redistribuir el ingreso. Finalmente eso es lo que justifica a los narcos que consiguen y pagan mano de obra para sus quehaceres aprovechando la situación de falta de empleo, y que en esas condiciones ni siquiera se entretienen para pensar en lo felices que serían trabajando menos y ganando más.
En ellos su pensamiento es pasarla bien con dinero en la bolsa aunque su sueño de vida sea efímero.
Por eso es conveniente preguntarse si los programas sociales del presidente López Obrador incidirán en el combate a la desigualdad porque hasta ahora la historia de nuestro país ha sido la de la desigualdad, la cual es resultado de un pensamiento reaccionario que consiste en ofrecer para el inversionista extranjero las condiciones óptimas de un salario deprimido con un ejército de trabajadores dóciles y manipulados. Pongo por ejemplo el caso de los trabajadores de Walmart que demandaban un aumento salarial con la amenaza de huelga y la postura del presidente, quien en aras de la paz social que agrada a los empresarios, llama a los trabajadores a la cordura para que las empresas no nos amenacen con salir del país.
Si el propósito es convertir a México en una potencia económica con dimensión social, el reto es abatir la desigualdad, porque de otra manera el esfuerzo que ahora se hace solamente hará más funcional al sistema capitalista y nos alejará a todos de la felicidad.