EL-SUR

Sábado 13 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Por un nuevo Acapulco

Silvestre Pacheco León

Noviembre 06, 2023

Si los acapulqueños superan el miedo y el luto por la pérdida de vidas humanas ocasionados por el huracán Otis y reúnen el suficiente coraje para levantarse y comenzar de nuevo, bien vale la pena pensar que la reconstrucción comprometida por el gobierno federal sea para levantar un nuevo Acapulco con una obra tan grande y emblemática para el país como el AIFA, la refinería Olmeca y el Tren Maya.
Es eso y no menos lo que merecen los porteños como guerrerenses que han dado su aporte humano y material para hacer posibles los cambios revolucionarios que levantaron a este gran país.
Rebasado ya el primer momento de miedo y angustia agravados por la campaña mediática de los poderes fácticos que todavía dominan en el país alarmando a través de sus medios de comunicación con una supuesta ausencia y desatención oficial para prevenir a la población sobre los riesgos del huracán como si los acapulqueños no tuvieran experiencia bastante para enfrentar esa contingencia, como lo prueba el hecho de que todos, exceptuando a los que debían trabajar, como fue el caso de los capitanes de las embarcaciones que perecieron, estaban recogidos en sus casas.
En el caso del saqueo que se dio de las tiendas y negocios que los medios de comunicación magnificaron y quisieron hacer ver como la falta de orden y vigilancia, siempre justificado como parte de los desastres, por el afán natural de quienes lo han perdido todo y buscan algo qué llevar a sus familias, los acapulqueños acostumbrados a sobreponerse al mal tiempo, siempre confiaron y se atuvieron al apoyo que vendría del gobierno federal que llegó en medio de la devastación, con cientos de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad que se hicieron cargo de levantar las redes eléctricas para que en un tiempo récord volviera la luz, lo mismo que los cientos de soldados responsables de retirar los escombros de las vialidades para que pudieran llegar el agua envasada y la comida, la atención médica y la seguridad a cargo del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.
Ahora Acapulco está como anillo al dedo para que se levante sobre sus escombros como la ciudad modelo que naturalmente podrá erguirse si se atiende primero a los pobres. Para ello serán los más de 60 mil millones de pesos que Andrés Manuel López Obrador anunció como techo financiero que se podría ampliar en todo lo que se requiera porque eso y más merecen los acapulqueños.
La obra de levantar Acapulco debe llenar el vacío que dejó la fuerza devastadora del viento que penetró en todos los rincones de casas, negocios y hoteles arrastrando todo a su paso, como lo han narrado muchos sobrevivientes de la tragedia, para dar paso a una nueva realidad en la que no se repitan los defectos del puerto.
Para ello debemos tomar en cuenta que se trata de habitantes especiales porque han pasado por una experiencia que los obliga a ser mejores, conscientes de que han vuelto a vivir. El huracán es la oportunidad que nos dio la naturaleza para terminar con esa enorme contradicción de Acapulco donde vacacionan las personas más ricas del mundo disfrutando de los más modernos y caros servicios turísticos, rodeados de más de la mitad de la población pobre que vive no muy lejos de la Costera, en un ambiente insalubre, con casuchas construidas con desperdicios industriales, en colonias sin nombre, sin calles ni alumbrado, mucho menos servicio de transporte, escuelas y vigilancia. porque así viven las familias de los trabajadores que ganan salarios de hambre dependiendo de sindicatos charros coludidos con patrones inescrupulosos.
Necesitamos un nuevo Acapulco con oportunidades para las 250 mil familias que lo habitan, construido bajo los principios filosóficos de la 4T. Primero los pobres, como ha sido el lema que guía a la sociedad que aspiramos, hasta que la igualdad de la mayoría sea una realidad, entendida como la concreción del derecho al trabajo y a un ingreso remunerador, casa, comida, salud, deportes, recreación y educación para todos los acapulqueños.
Que todos los habitantes del puerto, por el solo hecho de vivir en él, tengan el mismo derecho de los turistas para disfrutar de las bellezas naturales como la playa y el mar, comenzando por desaparecer la exclusividad de las playas privadas abriendo y respetando los accesos públicos con la infraestructura gratuita para todos.
Está bien que se levanten y rehabiliten como prioridad todos los servicios públicos del puerto, la luz eléctrica para que funcione el ventilador y el refrigerador en las casas alumbradas, que haya agua en todas las colonias y los servicios de recolección de basura, drenaje, alcantarillado, la pavimentación junto con el alumbrado público que ayuden a dar seguridad.
El plan para levantar y reconstruir Acapulco, aparte de garantizar los recursos para pagar a todos los beneficiarios de los programas de bienestar, debe ampliarse a todos los pobres del puerto, pero también para que opere eficazmente el servicio de seguridad para todos, con la coordinación de los organismos que tienen ese objetivo desde el orden federal, el estatal y el municipal, para desterrar al crimen organizado a fin de que la paz pública y la seguridad sean un sello del puerto que lo haga más atractivo que el que conocimos.
Que Acapulco sea un hermoso jardín con árboles y plantas que producen los sembradores de vida para que en todas sus calles se tenga sombra y se mejore el ambiente para combatir el calor, contener los vientos y ayudar contra el cambio climático.
Que lo característico del puerto ya no sea el tráfico ilegal de drogas y de personas, que se opte por ensayar su legalización para restarle poder a las mafias que hacen negocio con los adictos y la prostitución.
Claro que nada de eso es fácil pero con la fuerza y el coraje de los acapulqueños todo eso se puede lograr. Uno de los aportes para ese modelo nuevo de sociedad se quiso ensayar en la ciudad de Morelia durante el gobierno de Lázaro Cárdenas Batel con una propuesta del finado Arturo Guevara Niebla, director del Centro Nacional de Desarrollo Social, que básicamente consiste en incorporar a toda la fuerza social que ya ahora lo hace, en defensa de los derechos humanos, el feminismo, contra el feminicidio, en defensa de los animales, contra el cambio climático, por el abasto y la comercializaciónjusta, la seguridad pública, la producción orgánica, etc.
Desde las comisarías y directivas de colonias se trata de impulsar consejos temáticos formados con los dirigentes territoriales de acuerdo con la experiencia e interés de cada quien, creando una extensa red de participantes donde no faltan los beneficiarios de cada uno de los programas sociales. Así se levantará una fuerza de cientos de miles de personas que en un esfuerzo coordinado atenderá con eficacia las prioridades que el gobierno municipal establezca para la prevención de desastres, la salud y la educación, el deporte, la seguridad pública, etc.
Si ideas y deseos de levantar Acapulco no faltan, ¿por qué habrían de escasear propuestas para que sea un nuevo Acapulco?