EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Por un turismo digno

Jesús Mendoza Zaragoza

Mayo 22, 2017

Tenemos la cara de resignados. El turismo internacional abandonó a Acapulco desde hace décadas. Y el nacional, aún nos visita. La industria turística no se modernizó ni a tiempo ni a destiempo, mientras que otros destinos turísticos sí lo hicieron. Nos dormimos en los laureles y hemos perdido muchas oportunidades. Tanto los gobiernos como los empresarios del turismo han tenido una visión muy pobre de esta industria que tiene muchas potencialidades.
Por otra parte, el contexto de violencia y de inseguridad ha causado estragos en nuestra ciudad y afecta al turismo, aún cuando se reconozca a regañadientes. La grave crisis social que vive el país y, particularmente, nuestra ciudad, que ya lleva campeonatos mundiales en violencia e inseguridad, no nos da para aspirar a una permanente bonanza turística.
Estas me parecen algunas de las razones que nos han llevado a una resignación tal como para aceptar eventos “turísticos” como la edición de este año del así llamado “Acamoto” que ha tenido lugar este viernes y sábado en el corazón turístico de la ciudad, causando múltiples malestares a la población, tales como ruido, caos vial, vandalismo, riñas, saqueos, basura y otros más. Este tipo de eventos se ha convertido en una verdadera orgía de adrenalina mezclada con ilegalidad y en un circo dispuesto para evadir la insoportable realidad. El gran argumento que se ha esgrimido para permitir y autorizar un evento de este tipo en medio de la ciudad es el económico, porque estamos con una economía de supervivencia en la cual cualquier ingreso es bueno a pesar de los abusos y a pesar de la dignidad.
La actividad turística tiene una fundamental y necesaria dimensión económica. Genera derrama de dinero, que mucho necesitamos. Pero tiene otras dimensiones igual de importantes, como la cultural, en cuanto que el turismo abre oportunidades para encuentros entre pueblos de diversas culturas que enriquecen y abren horizontes a quienes reciben y a quienes llegan. El turismo abre oportunidades para reconocer y acoger valores culturales y éticos de pueblos de otras latitudes del planeta y, aún, del país y nos abre hacia una perspectiva universal.
El turismo tiene, por su propia naturaleza, una dimensión humanizadora a través del intercambio de valores humanos, del encuentro entre visiones diferentes de la vida y de la comunicación de bienes espirituales, culturales y sociales. El turismo puede hacernos mejores personas y puede humanizar nuestros vínculos con otras visiones del ser humano y con el cuidado y el respeto al medio ambiente.
En Acapulco nos hace falta una visión más enriquecedora del turismo, no sólo como oportunidad económica sino también como una oportunidad de desarrollo humano y de humanización. Hace falta creatividad para buscar opciones que nos pongan en contacto con la naturaleza y con las diferentes culturas que se acercan a nosotros. Hay que ver al turismo no solo como mercancía sino como encuentro respetuoso y digno entre personas y entre pueblos.
La visión economicista del turismo nos puede llevar por el camino fácil de hipotecar la dignidad nuestra y la de nuestro puerto. El evento del “Acamoto” puede ser recibido en nuestra ciudad, siempre y cuando no cometa atropellos y se someta a las elementales reglas de la sana convivencia social. No debiera afectar el ritmo cotidiano de nuestra ciudad ni atropellar su ya desgastada imagen.
Tenemos que manifestarnos como una ciudad que valora su dignidad y exige a todos, visitantes y residentes, la elemental civilidad. No se vale que por ganar unos pesos más, estemos dispuestos a hipotecar nuestra dignidad. Y no hay que olvidar que la misma actividad turística debe ser dignificada mediante una relación digna entre visitantes y residentes.
Y, primero que nada, comencemos los acapulqueños a dignificar nuestra ciudad. Con tanta basura y con tanta inseguridad no merecemos que nos visiten. Una ciudad limpia, una bahía limpia, un entorno seguro y una ciudadanía que da pasos hacia la paz, son ingredientes de un destino turístico digno, que merece un turismo que nos honre con su presencia. Y, por su parte, las autoridades debieran dejar de lucrar con la dignidad de esta ciudad entregándola en manos de gente sin escrúpulos.
Entonces no nos resignaremos a sobrevivir y a permitir que por unos pesos pisoteen nuestra dignidad. Podremos poner las condiciones para que los “Acamotos” vengan y se diviertan siempre y cuando respeten la ley, al medio ambiente y a la población local.