EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Prima donna / 5

Anituy Rebolledo Ayerdi

Diciembre 20, 2018

Margarita Maza de Juárez, quien fue esposa del presidente Benito Juárez, nació el 29 de marzo de 1826, en la ciudad de Oaxaca .Foto: Tomada de internet
Margarita Maza de Juárez, quien fue esposa del presidente Benito Juárez, nació el 29 de marzo de 1826, en la ciudad de Oaxaca .Foto: Tomada de internet

Zacatecas

Antonio López de Santa Anna marcha al mando de una fuerza de 3 mil hombres sobre Zacatecas. Va decidido a sofocar un levantamiento popular que le exige la creación de una entidad independiente. Al llegar se hospeda en la casa del cacique Pedro Tachito García Rojas quien, en opinión de los zacatecanos, lo único bueno que tiene es su mujer. Luisa Fernanda Villa es alta, esbelta, morena, ojos negros, porte regio y culta.
El viejo lépero que es Antonio López se prenda de ella inmediatamente y pronto encuentra la oportunidad de platicar a solas con la prima donna zacatecana. Se produce entre ambos el diálogo siguiente:
–Si su alteza concediera la independencia a Zacatecas yo estaría dispuesta a cualquier sacrificio…
–¿A cualquiera, señora?
–¡A cualquiera! –responde ella decidida.
Entonces el dictador acerca sus labios a los de la mujer y con un ardiente y prolongado beso sella el compromiso de crear la nueva entidad federativa. Y la crea.

María Inés de la Paz

Antonio López de Santa Anna estaba casado con María Inés de la Paz a la que le doblaba la edad, ella 15, él 31. Alta, delgada y muy blanca la dama recibe como regalo de bodas la hacienda de Manga de Clavo, en Veracruz, en la que pasará encerrada 19 años. Su alteza la visitaba esporádicamente, no tanto cuando pudieron procrear cuatro hijos. A los pocos días del fallecimiento de la prima donna, el quinciuñas, como le decían por faltarle una pierna, contrae matrimonio con Dolores Tosta de la misma edad siendo él ya un cincuentón. Argumentando el luto por su esposa fallecida, enviará representantes personales tanto a la ceremonia religiosa como al festejo.
El regalo de bodas para Dolores Tosta será otra hacienda, la de El Encierro, además de un palacete en Tacubaya. La llama “señora presidenta” y lo acompaña a palenques de gallos y a la ópera. En ésta, antes de abrir el telón, la soprano Enriqueta Sontang acostumbra cantar el Himno Nacional compuesto por Bocanegra y Nunó, poniendo énfasis en las estrofas que hablan de su “alteza serenísima”.
Del Guerrero inmortal de Zempoala / te defiende la espada terrible / y sostiene su brazo invencible / tu sagrado pendón tricolor / Él será del feliz mexicano / en la paz y en la guerra, el caudillo, / porque él supo sus armas de brillo / circundar en los campos de honor.

Doña Faustina Benítez de Álvarez

Trigueña, chaparrita, de facciones regulares, Faustina Benítez, esposa del general Juan Álvarez, fue una mujer laboriosísima sin un minuto de reposo entre la cocina, los huertos y la costura. Atendía a don Juan, a sus hijos Diego, Encarnación y Félix, a los muchos abonados permanentes del general y a un auténtico ejército de nitos encargados de las tareas agrícolas y ganaderas. Entre los residentes temporales figuraron Benito Juárez, Porfirio Díaz, Ignacio Comonfort, los conjurados del Plan de Ayutla y permanentes el maestro Ignacio Manuel Altamirano con su madre.
Doña Faustina no acompañó a don Juan cuando éste ocupó la Presidencia de la República (del 4 de octubre al 10 de diciembre de 1855). Un gobierno fugaz pero brillante que reunió a Comonfort, en Relaciones Exteriores, a Guillermo Prieto en Hacienda, y a Juárez en Justicia. Impulsó la creación del estado de Guerrero, del que fue su primer gobernador, y abanderó el Plan de Ayutla. La prima donna Faustina Benítez da su nombre al municipio de Coyuca de Benítez, de donde era originaria.

Concepción Lombardo Gil de Portearroyo

Fue la primera dama en el gobierno de Miguel Miramón (1860), el mandatario más joven de la historia, al que por cierto verá muy poco. Primero por las campañas militares del “joven Macabeo” y segundo por impedirlo el cerrado protocolo oficial de la época. La prima donna estaba impedida de acompañarlo a eventos públicos y sociales. En el teatro, por ejemplo, no ocupaban el mismo palco y en la fiestas no podían bailar juntos. Salir sola le hubiera hecho víctima de sucia rumorología. Costumbre machista que castigaba cualquier intento protagónico de la mujer.
Fusilado Miramón, junto con Maximiliano y Mejía, doña Concepción viaja a Europa donde familiares del ex emperador de México la acogen, con sus dos hijos.

Margarita Maza de Juárez

“Símbolo de tantas y tantas mujeres mexicanas –madres, esposas, hermanas e hijas– que supieron cumplir, en grado heroico, sus sagrados deberes para con la Patria”.
Así reza la placa de bronce en su honor develada en 1966 en los muros de la Cámara de Diputados.

Laura Mantecón Arteaga

Laura Mantecón, la esposa de Manuel González, el compadre del presidente Porfirio Díaz a quien éste le encarga la Presidencia de la República cuando cumple su primer período constitucional, nunca fue primera dama. Apenas asume el cargo envía a su mujer a vivir a Cuernavaca, mientras que él se aparea con un dama extranjera a la que no se atreverá a presentar como prima donna.
Gandalla de lo peor, Manuel González llevaba un vida crapulosa, de burdel en burdel, presumiendo a jovencitas hermosas como nuevas conquistas. La distancia con Laura Mantecón no le impedirá visitarla sólo para ponerle los ojos morados y arrastrarla de los cabellos. Ella, descrita por uno de sus dos hijos, era “una mujer delgada, hermosa, ojos verdes y labios sensuales”. Hijos militares que nunca intentaron defenderla del padre troglodita, aunque sí la ayudaban económicamente.
Porfirio Díaz, quien era padrino de uno de los hijos, jamás se atrevió a abogar por ella. “Es cosa de dos”, se disculpaba el futuro dictador. Ningún abogado se atrevió tampoco a divorciarla en un juicio que, por cierto, el presidente González había modificado. Lo negaba cuando fuera solicitado por la esposa. La primera dama que nunca fue conocida como tal, abre primero una tiendita que la policía le cierra por falta de permisos, luego una escuelita y no habrá profesor que trabaje en ella.
La dama huye entonces hacia Estados Unidos donde estudia homeopatía. Regresa a México con la intención de ejercer la medicina, pero resultará una actividad negada para las mujeres; se dedica a vender ropa pero la policía se lo impide. La negada primera dama rechaza el apoyo económico de sus hijos y muere en la pobreza extrema.

Sara Pérez Romero

Sarita, la esposa de don Francisco I. Madero, fue conocida también como “la primea dama de la Revolución”. Había estudiado con sus hermanas en el colegio Notre Dame de San Francisco, California. Los casa el obispo de la Ciudad de México y el banquete de bodas se sirve en el hotel Reforma, la pura crema.
La pareja fija su residencia en San Pedro de las Colonias, Coahuila, donde ella se dedica a mover conciencias a través clubes femeniles por la democracia. Don Pancho y Sarita fueron padrinos de bodas de Emiliano Zapata y Josefa Espejo. Al morir Madero ella se refugia en Cuba y más tarde en Estados Unidos.

María del Refugio Berneque

Al salir exiliado a Europa el presidente Porfirio Díaz queda en su lugar el secretario de Relaciones Exteriores, Fran-cisco León de la Barra, conocido como “el presidente blanco”, por carecer de partido o grupo político. Viudo, el presidente León se casa con su cuñada María del Refugio Barneque y adopta a sus dos hijos.
“Doña Cuca”, como la llamaban confianzudamente los periódicos, cumplió durante cinco meses su papel de prima donna de México. Se quejará de que ya nada era igual a los “tiempos de don Porfirio”.

Emilia Aguilar de Huerta

Fue una prima donna poco agraciada físicamente pero eso sí muy simpática y sonriente. Cumplió bien su papel de esposa de un presidente de la República (1913-1914) siempre atareado en menesteres militares y pegado a la botella de coñac (presumía tomarse una por hora) No morirá cosido a balazos sino de cirrosis.
La familia presidencial anuncia la boda de una de sus 13 hijas con un oficial del Estado Mayor y sobreviene el encuentro doméstico. El presidente borrachales se niega a gastar en un vestido caro para la novia. Doña Emilia se encargará de adquirirlo, no en la Lagunilla como quería el general, sino en París, con el modisto mejor cotizado del momento. Al banquete en la casa presidencial asistirá la contrarrevolución en pleno.

Virginia Salinas y Ernestina de la Garza

Virginia Salinas, la primera esposa de don Venustiano Carranza, era poco agraciada por no decir fea y de pilón ridícula. Muy chaparrita usaba sombreros tan amplios que la hacían aparecer como tachuela, siendo el hazme reír de la jaisosaiti capitalina. Madre de dos mujeres, participó en las tareas obligatorias para las primeras damas, asistiendo a huérfanos y madres solteras.
A la muerte de doña Virginia, sin ninguna ceremonia luctuosa, el presidente Carranza se casa con un viejo amor, Ernestina de la Garza. Tan viejo que juntos habían procreado cuatro hijos. Con tan mala suerte que a los 15 días de la boda, don Venus cae asesinado en Tlaxcalantongo.