EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Prosperidad

Héctor Manuel Popoca Boone

Enero 06, 2007


Entrando un nuevo año, es común desear prosperidad a familiares y amigos. Pero ésta
palabra tiene diferente connotación según el estatus económico y social donde uno esté
ubicado.
Generalmente, para una persona de clase media, prosperidad significa poder acceder a la
clase alta y para ésta, incorporarse a la clase multimillonaria. Es decir, la prosperidad
como sinónimo de riqueza material y económica que puédase poseer o acopiar.
En cambio, para la mitad de la población mexicana, encontrándose en situación de
pobreza, la prosperidad tiene un significado diferente: tener comida, salud, educación,
trabajo formal y vivienda. Mientras para los ricos es rodearse de lo superfluo, para los
pobres es no carecer de lo mínimo indispensable.
La prosperidad en el pudiente es más asunto de cantidad a lo largo de la vida: de
acumulación. Mientras para el menesteroso es de calidad de vida, de llegar a obtener los
mínimos de bienestar familiar. En el primero predomina la ambición, cuando no la
voracidad; en el segundo, el anhelo de concretar condiciones y circunstancias favorables
para abatir su pobreza.
No en balde el finado don Alejandro Cervantes Delgado me comentaba, sabiamente, que la
acumulación de riqueza material era más una cuestión mental que otra cosa. Basta con
proporcionar a nuestra familia una vida digna y decorosa. La avidez por enriquecerse, en
términos psicológicos, proviene de suplir una carencia, de contrarrestar la inseguridad, la
indignidad, la poca personalidad, o el olvido de un pasado personal de pobreza.
De ello se colige que la prosperidad anhelada por los pobres es más humana y generosa
que la deseada por los ricos, a menudo mezquina y egoísta. A la sazón, si queremos
genuina prosperidad, debemos dejar a un lado el inmoderado amor a uno mismo para dar
paso a la sapiencia del noble desprendimiento y la generosidad del altruismo.
¿Por qué no voltear en estas fechas la vista a los pobres? Preguntarnos qué podemos
hacer para que tengan un poco de prosperidad ¿Acaso ya perdimos sensibilidad social
sobre la pobreza perenne? ¿Por qué no cobrar suficiente conciencia de una realidad ruda y
descarnada de miseria que nos rodea? ¿Por qué no abrimos nuestro entendimiento al
vaho de la miseria, al acre sabor del pan duro que el pobre tiene que ganarse
cotidianamente o a la aridez del campo donde el campesino ha de sembrar de siempre en
vez?
Estas fechas son propicias para solidarizarnos aún más con nuestros semejantes
desvalidos. Desafanarnos un poco o un mucho de las preocupaciones y ansiedades que
tiene uno para consigo mismo. Como dice Román Rolland: “Hay que alejarse de la
encarnación de una virtud egoísta y fría que se admira y se complace en sí misma”
Redoblemos la voluntad y el esfuerzo por desterrar la miseria, la violencia y la soledad que
son motivos más que suficientes para cancelar cualquier prosperidad. Más que buscarla
en las cosas materiales a costa de la injusticia social, encontrémosla en el calor humano
que es generado por la sensibilidad social; por la genuina amistad desinteresada, diversa,
acrecentada y socialmente solidaria.
Convengamos que si uno no siente satisfacción de sacrificarse por algo o por alguien,
entonces no merece la amistad de nadie. Punto importante para alcanzar la prosperidad es
erradicar del seno de la sociedad la subyugación, subordinación, la corrupción y la
perversión que tronchan y trastocan cualquier acción o esfuerzo humanitario.
Como país, para ser prósperos, necesitamos abatir la desigualdad social y la pobreza; la
corrupción crónica que emana del abuso en el quehacer público y privado; la inseguridad
pública, el imperio de la impunidad; el desempleo, el entreguismo y la migración al país del
norte; que no es otra cosa más que la fuga de nuestros mejores hombres y mujeres para
producir riqueza en aquellos lugares y no en su patria; disminuir la brecha que se amplía
cada vez más entre los estados del norte y sur de la República, pedirle a los grandes
empresarios mexicanos que en vez de invertir sus utilidades en otros países lo hagan en
su país.
En pocas palabras, para ser prósperos como nación, es imperativo cambiar la forma de
crecimiento económico que hemos llevado durante dos decenios de años y que ha dado
como resultado mayor pobreza de muchos y gran riqueza de pocos.
Por lo pronto, para ser próspero en lo personal, comienzo por desear a todos, ricos y
pobres, salud, amor y felicidad sin mayores ambages.
PD1. El usar los dineros públicos con discreción, poca transparencia y nula rendición de
cuentas es abrir totalmente el camino para su operación en forma vergonzosa, corrupta o
perversa. Aquí y en China.
PD2. Así como existen algunos lucradores sociales, también existen muchos lucradores
políticos. ¿No es así?

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