EL-SUR

Miércoles 28 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Proveeduría única

Héctor Manuel Popoca Boone

Febrero 02, 2019

Las ramificaciones que desarrolla la economía de la delincuencia organizada son vastas; tanto como lo es la actividad económica de un país. Diversas narrativas dan cuenta cómo las mafias italianas incursionaron con éxito en diversas industrias legalmente establecidas: de la construcción, del desecho de residuos tóxicos, de la alta y glamurosa moda del vestido y, sobre todo, la dedicada a los consumibles de rápida obsolescencia, pero de alta densidad económica en los grupos sociales encumbrados o de elite. Además de las consabidas sustancias adictivas que provocan efímeros placeres neuronales y un gran cúmulo de desgracias personales y de grandes fortunas para los victimarios. (Ilustrativa es la lectura de Gomorra de Roberto Saviano)
De las economías micro regionales han echado mano “los amigos organizados” para subordinarlas; contratando para tal fin profesionistas en artes contables, administrativas y económicas para fincar empresas integradoras, comercializadoras y de proveeduría en general, de gran expansión y penetración social.
En la jerga económica se denominan empresas integradoras aquellas que se dedican a prestar servicios financieros, oferta de mercancías y otros productos, a pequeñas o medianas empresas asociadas. Tienen como propósito hacer compras en común de materias primas o insumos, vender de manera consolidada determinada producción manufacturera, tener altos réditos en préstamos y realizar transacciones compactadas que optimicen sus ganancias.
Los “amigos organizados” no solo se dedican tan solo al cobro de piso, la extorsión, la trata de personas o el secuestro. Al controlar y gobernar de fijo, territorios determinados, establecen circuitos de comercialización-consumo, controlados y opacos en demasía; cuya fachada son negocios comercializadores que proveen, en forma permanente, artículos de consumo a pequeñas y medianas empresas que venden al menudeo.
Estas unidades mayoristas venden al pequeño empresario; forzándolo a adquirir los productos a un precio más alto del que corre en el mercado; y éstos a su vez, lo repercuten en el precio final al consumidor. La coerción, el amedrentamiento, cuando no la violencia material o física al empresario, son los medios de persuasión socorridos en última instancia. No hay libre oferta sino compra forzada a tal o cual empresa mayorista que se les indica.
Este nuevo y subrepticio impuesto a la compra del producto trae, por ende, un mayor precio al consumidor y una economía local cara. Es en pequeña cuantía, pero al hacerlo en forma extensiva o masificada, la sumatoria global de venta en muchas tiendas arroja una masa monetaria de fuerte consideración. Así, repito, los comerciantes al menudeo son obligados a adquirir todas clases de mercancías, en determinados almacenes propiedad de los que hoy gobiernan de facto los territorios; desde refrescos, alimentos enlatados, artículos de limpieza, enseres domésticos, hasta vestidos y calzados.
Este tipo de economías coercitivas se han arraigado fuertemente en los mercados locales, distorsionándolos. Estamos hablando de una economía capitalista micro-regional secuestrada, en la que la libre oferta y demanda quedan hechas trizas por fuerzas superiores en donde la famosa mano invisible del mercado –pregonada por Adams Smith– porta ahora una lucidora AK-47.
PD1. Si las cosas te salen mal al hacerlas en determinada forma, es inútil que tengas resultados positivos; si las sigues haciendo de la misma manera. Cuestión de sentido común.
PD2. Hay una mimetización entre los empresarios-políticos; los políticos-empresarios y los narco-políticos-empresarios. Corrupción, S.A. de C.V.