EL-SUR

Miércoles 24 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Puerto Vicente Guerrero

Silvestre Pacheco León

Mayo 12, 2025

Durante muchos años se conoció como Puerto Escondido porque solo accedían a él los habitantes de los pueblos vecinos que conocían las bellezas del lugar, pues aún estando tan cerca de la carretera federal, la entrada se perdía entre el laberinto de curvas peligrosas que ascienden el cerro Grande para llegar a las bahías de Papanoa, viajando del puerto de Acapulco en dirección a Zihuatanejo.
Cuando en 1984 se inició allí la construcción del puerto de altura, con el dragado y la construcción del fondeadero y las obras de atraque, Puerto Escondido adoptó el nombre del general insurgente don Vicente Guerrero y entonces se amplió y arregló el acceso y el camino, lo cual atrajo la vista de los paseantes pero no su acceso.
Pero al paso de los años, abandonado el proyecto del gobierno de José López Portillo, los pescadores locales y uno que otro aventurero, continuaron sus costumbres ligadas al mar, ahora resguardado por el apostadero naval instalado estratégicamente en lo alto de la loma que divide a las dos playas escondidas, y aprovecharon la infraestructura inconclusa para darle un uso productivo.
En casi 50 años la población pasó de 31 habitantes a más de 500, donde ahora tienen asiento siete cooperativas pesqueras, nueve restaurantes, dos hoteles y negocios que prestan servicios al turismo y dan ocupación a un centenar de trabajadores que con la iniciativa común de aprovechar las bellezas naturales han fomentado el turismo y creado un ambiente peculiar de paz y armonía que se complementa con la nueva cultura turística del cuidado del ambiente.
La seguridad de las obras que protegen del alto oleaje formando una amplia alberca para chicos y grandes, junto con las multicolores hamacas colgadas sobre la superficie marina, aprovechando la sombra de los muelles de restaurantes y enramadas, dan el toque especial a este lugar que se ha convertido en el más importante destino de playa en el municipio de Tecpan, incluso delante de bahías de Papanoa que lleva varias decenas de años sin poder despegar.
La transformación del puerto Vicente, ahora conocido nacionalmente por los torneos anuales de pesca deportiva que se organizan, aunque parece un milagro, no es gratuita. Tiene su origen en el objetivo común de sus habitantes por mejorar su nivel de vida a partir de sus propios recursos.
Aparte de la promoción activa del puerto Vicente Guerrero en las redes sociales, con el trabajo colectivo de sus líderes el camino se mantiene en buenas condiciones y se han organizado los servicios de limpia y recolección de basura que ayudan al aspecto que buscan los turistas, lo cual dice mucho de la conciencia ambiental y la calidad de los servicios. Todo eso con el apoyo mínimo del gobierno.
Es también la unidad de sus pobladores que cuidan por igual a vecinos y visitantes lo que genera una paz social que ahora es difícil de encontrar en cualquier parte del país. Eso potencia la iniciativa y la energía creativa que se ha despertado en la población local para impulsar nuevos proyectos turísticos como el avistamiento de ballenas, el buceo y el senderismo en los cerros vecinos y emblemáticos como el Mirador, el cerro Grande y el de La Bandera.
La incorporación de los estudiantes del CET del Mar, cuyo plantel vecino dispone de una de las más amplias y atractivas playas de la zona, es prometedor para emprender proyectos de desarrollo regional vinculándose con los prestadores de servicios locales.
Pero la vida alegre y ocupada de los porteños de Vicente Guerrero se ha visto de pronto interrumpida por acciones incomprensibles de autoridades federales que han provocado disgusto, coraje e incertidumbre entre los habitantes.
Todo comenzó hace dos semanas con la presencia de una brigada de trabajadores que llegaron al lugar con la intención de realizar mediciones de la zona federal donde están las enramadas y restaurantes, sin tener la delicadeza de buscar a las autoridades para informarles de dicha actividad, lo cual, como es natural, empezó inquietando a todos y días después esa inquietud se tornó en descontento porque a nombre de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente se repartió una circular sin firma, dirigida a cada negocio en la que se comunicaba a todos los ocupantes de la zona federal que debían desalojar.
El argumento, que nunca fue expuesto en la orden de desalojo, se conoció a trasmano señalando que se reanudarían los trabajos para la conclusión del proyectado puerto de altura con el que se pretendía también dar mayor seguridad a la zona y fomentar la pesca y la comunicación marítima.
Para enfrentar esa arbitrariedad los pobladores tuvieron que distraer sus ocupaciones y gastar dinero y energías para formar un comité de defensa que se diera a la tarea de buscar a las autoridades para conocer con certeza los planes del gobierno, pues a muchos les parecía risible el argumento de que al gobierno federal le interesaba la seguridad en la zona cuando sabe que son los propios pobladores quienes se ocupan de esa tarea, sin necesidad de que las autoridades gasten recursos para su cuidado sabiendo que otras partes del estado los requieren.
Al comité le llamó la atención que el supuesto interés en retomar la obra abandonada del puerto, ni siquiera haya sido notificado a la presidencia municipal, donde tampoco nadie supo informar del proyecto.
Entre la información filtrada por los propios funcionarios de la Profepa se dice que la circular sin firma, distribuida en los negocios ordenando su desalojo, fue solo una medida para conocer la reacción de los amenazados, y de ninguna manera algo real.
Lo anterior enardeció los ánimos de todos los pobladores quienes acordaron resistir y enfrentar las amenazas del gobierno federal denunciando la arbitrariedad de los funcionarios que provocaron caos entre la población.
El problema llegó ya a oídos de la presidenta Claudia Sheinbaum de visita al puerto de Acapulco donde un centenar de los afectados se trasladó para denunciar con mantas y pancartas lo sucedido en su tierra.
Fue el subsecretario de Desarrollo Político y Social del gobierno del estado, Francisco Rodríguez Cisneros, quien tras entrevistarse con los que lideraban la protesta, les ofreció establecer una mesa de trabajo para tratar el caso.
El presidente del comité de defensa del puerto Vicente Guerrero, José Martínez Espino, demandó respeto para los más de 500 habitantes afectados y escuchó al funcionario estatal decir que un día antes había hablado con el comandante de la Octava Región Militar, Ramiro Lobato, quien le habría informado que no hay ni una orden de desalojo y tampoco pretensión de construir en el lugar una base naval.
La protesta surtió efecto y mostró públicamente la falta de comunicación entre autoridades, igual como sucedía antes con el gobierno neoliberal, cuyos funcionarios ejercían el poder sin importarles pasar por encima de los derechos ciudadanos. Veremos si hay castigo para ellos.