EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

¿Qué es una mujer excepcional?

Héctor Manuel Popoca Boone

Octubre 20, 2007


En el 54 aniversario del
derecho de la mujer mexicana
a votar y ser votada.

Mi hija me envía por correo electrónico un texto cuyo contenido es el siguiente: Una mujer excepcional es, le dice un amigo
presuntuoso a otro, aquella que tiene un busto más planisférico que insular, cintura esbelta, labios sensuales, piernas bien
torneadas y ojos seductores. Cuerpo como la Diana Cazadora. Si fuera necesario siliconizada y liposuccionada. Su inteligencia o
desarrollo cultural poco interesa si es parecida a Marilyn Monroe, Raquel Welch o Salma Hayek.
El otro amigo, más reflexivo y maduro, le contesta que para él una mujer excepcional es aquella que toma dos autobuses para ir
a su trabajo y dos más de regreso. Que cuando llega a su casa encuentra un cesto repleto de ropa sucia para lavar, las tareas de
los niños a revisar y una familia hambrienta que alimentar.
Continuó diciendo que es aquella que va de madrugada a hacer cola para garantizar la inscripción escolar de sus hijos; o aquella
empresaria, funcionaria pública o profesora que coordina decenas de personas y programas, de lunes a viernes, durante ocho
horas diarias y que después de esa faena diaria, tiene que atender a toda una familia en el hogar.
Una mujer excepcional es la que hace malabarismos adquisitivos con el dinero limitado que posee. Que tan pronto llega a su casa
pasa a ponerse maquillaje, hacer dieta, gimnasia, ponerse tacones altos, lencería fina, arreglarse el pelo y perfumarse, para que
el marido la vea atractiva y no pierda interés por ella.
Es aquella que alumbra con dolor y se esmera con el recién nacido. Baña a los hijos pequeños, los lleva a la cama y les cuenta
cuentos para que se duerman. Vela por ellos si están enfermos y hace lo indecible por sanarlos. Es la madre del adolescente, que
no duerme mientras éste no llega a casa después del baile sabatino; y muy temprano está levantada preparando el desayuno para
toda la familia, aunque sea domingo.
Por último dijo, es aquella mujer que mis amigos tienen como esposa y no toman consciencia y valoran la triple jornada de
trabajo que llevan (casa, familia y centro laboral) sin mayor retribución, aunque fuera tan sólo una caricia amorosa, de vez en
cuando, de su pareja en algún intervalo de su larga jornada.
Hasta aquí el texto remitido. De él infiero que la lucha por la reivindicación femenina no empezó hoy ni terminará mañana. Es una
lucha histórica y cultural. Titánica. El camino por recorrer es largo, sinuoso y lo será más en la medida que no se incorporen los
hombres en la gran batalla por la equidad de género, en todas las manifestaciones y responsabilidades, en y para la sociedad.
En la actualidad, el papel asignado socialmente a la mujer se quiere pasar por estructural, pero su modificación no sólo le
concierne e involucra a ella sino también a él. De ahí que el feminismo bien encauzado es el que suma y no resta la participación
activa del hombre.
Porque de lo que se trata es de convencer más que de vencer o confrontar, en forma permanente, al hombre, con la finalidad de
que destierre los tratos inequitativos y desiguales que expresa y reproduce, social y familiarmente.
No es contra el hombre sino con el hombre, por donde la mujer puede avanzar, más rápido y mejor, en la emancipación anhelada
dentro de esta odisea trans-generacional. Los juegos de poder entre los sexos, más temprano que tarde, los destroza por igual.
No hay doblegado o doblegada; ambos quedan totalmente abatidos.
Susan Sontag, una de las mujeres más inteligentes de finales del siglo pasado y principios del presente, escribió en uno de sus
ensayos: “Hay una visión del feminismo que propone abierta o veladamente una guerra contra los hombres; este feminismo
propone el reconocimiento de la fuerza, la negación de cualquier dificultad y costo de ser fuertes para con ellas mismas y para
con las otras mujeres; sobre todo, el coste en el apoyo y afecto masculino; es más, proclama el orgullo de ser mujer, incluso
afirmando su superioridad respecto del hombre. Su gran merecimiento personal está más allá de cualquier análisis o juicio.”
El primer grande y profundo coste que sufre una feminista sectaria es perder, en la mayoría de los casos, a su compañero de
vida, a su pareja. Entrar en el atroz mundo de la soledad militante por tiempo indefinido.
No obstante, al igual que en el marxismo, no hay que temerle al feminismo, sino a sus fundamentalistas-dogmáticas. La mujer
sigue y seguirá siendo un ser excepcional.

PD. Esta muy bien que todos lu#or traer más recursos públicos a Guerrero. Lo que no se vale es que después dejemos de
ejercerlos por ineptitud o burocratismo. O peor aún, los malgastemos.

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