EL-SUR

Miércoles 16 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Qué hacemos contra la corrupción?

Jorge Camacho Peñaloza

Mayo 27, 2016

El fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan. Pablo Neruda

Nada alentadores ni esperanzadores, sino todo lo contrario, los resultados publicados ayer por el Inegi, a través de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2015 en el que ofrece información referente a la satisfacción con servicios públicos básicos y servicios públicos bajo demanda, así como las experiencias en la realización de trámites, pagos y solicitudes de servicios públicos y de otros contactos con autoridades que durante 2015 experimentó la población de 18 años y más y que reside en ciudades mayores a 100 mil habitantes, así como sobre su percepción con respecto a la corrupción al realizar trámites, pagos y solicitudes de servicios públicos, además del contacto con autoridades y servidores públicos.
Mientras tanto, las autoridades siguen sin actuar o mejor dicho, siguen actuando como si semejantes resultados de la opinión pública no tuviesen el impacto que promete cobrar fuerza y venganza en próximas fechas y no me refiero sólo a las electorales.
El encono social ya está llegando a sus límites y se sigue como si nada de esto fuera importante o urgente de atender y los legisladores, sólo como ejemplo, siguen durmiendo el sueño de los justos.
La sociedad comienza a cobrar fuerza y venganza en la medida en la que vemos cómo algunos de los gremios que siempre habían sumado sus esfuerzos y se han esforzado por hacer sinergia con el estado, comienzan ya a reaccionar de manera unilateral y en pleno ejercicio de sus derechos y estatutos y se manifiestan en contra de las añejas prácticas corruptas, caso concreto la Coparmex, que llevará su queja ante la OCDE.
La indolencia gubernamental ante tan sentido tema está en su nivel de cinismo y desvergüenza más alto de los últimos tiempos y peor aún, cuando hasta el Presidente dice que la corrupción es parte la cultura de México.
Definitivamente parece que en el poder Ejecutivo y Legislativo viven lo que ahora gustan en llamar, realidades paralelas; mientras la sociedad organizada y la no organizada exclama su gran malestar y hastío por la desidia gubernamental para atender el problema de la corrupción, que dicho sea de paso el reporte del Inegi lo ubica como el segundo más grande que vive el país, el gobierno supone que es parte de la cultura colectiva que nos identifica como mexicanos, entonces parece ser que el poder Ejecutivo y Legislativo, pareciera que necesitan saber qué significa corrupción.
Resulta ser para la sociedad casi igual de grave que la delincuencia o inseguridad, la corrupción es una conducta perniciosa que encontramos en casi todas las esferas de la sociedad, principalmente en el gobierno, pero también en la sociedad civil, en la economía, en las iglesias, en los sindicatos, en el sistema de salud, en las universidades, en el deporte, hasta en la cultura, para ya no mencionar en los partidos políticos y en el Ejército.
Pero qué significa corrupción, corromper, corrupto, pareciera que existe una idea vaga flotando en el entendimiento promedio social que no acaba de ser claro su significado, como que hay algo raro que impide que sea un concepto claro a la comprensión de lo que es, como que hay a quienes les conviene que no se conozca el preciso significado de este mal que está acabando con sociedades enteras.
Para no perderse, podemos empezar a buscar el significado de la palabra corrupción en su sentido etimológico, en donde se establece que en el latín emana del vocablo “corruptio”, que se encuentra conformado por los elementos “con”, que es sinónimo de “junto”; el verbo “rumpere”, que puede traducirse como “hacer pedazos”; y finalmente el sufijo “tio”, que es equivalente a “acción y efecto”, de lo cual se desprende que corrupción significa acción y efecto de hacer pedazos, echar a perder, corroer o depravar, entiéndase la honestidad, la responsabilidad, la atribución, las funciones, la confianza, las normas, la ley, los recursos públicos, el interés colectivo o ajeno.
En principio echar a perder es la esencia de la acción de corromper, es en sí mismo lo nefasto, pero lo más negativo son las consecuencias, que en nuestro país se reflejan en la pobreza, la marginación, la pérdida de bienestar social, la carestía, el crecimiento de la delincuencia, la injusticia, la ineficiencia del gobierno, la pérdida de vidas y de planes de vida, el fracaso social.
Y lo más grave es que siendo tan común y maligno, no hay desde el gobierno o la misma sociedad una clara y determinada decisión de combatirla, como si nos quisieran ubicar en una inevitable resignación social, destino manifiesto, o en un así nacimos como sociedad y así seremos siempre, porque es cultural Peña Nieto dixit.
Mucho tiene qué decir que nueve de cada diez mexicanos estamos hartos de la corrupción, mientras que por instituciones, donde más se percibe corrupción es en la policía, es la campeona, ya que el 89.8 por ciento cree que es la más corrupta, seguida de los partidos políticos con el 88.6.
Por eso estamos como estamos, con tanta inseguridad y gobiernos que no hacen nada; de nada va a servir tener policías acreditables, maestros evaluados, si en la función pública no tenemos servidores públicos evaluados, supervisados, que rindan cuentas y sean transparentes, entonces podremos hablar de que se está combatiendo la corrupción.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A todos los gobernantes que ya empezaremos a quitarles el fuero, para que paguen de la misma manera que aquel ciudadano de a pie, que osa en robar un pan.