EL-SUR

Viernes 14 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

¿Qué nos habría dicho el circo del horror?

Federico Vite

Enero 15, 2019

La novela Mascaró, el cazador americano (Casa de las Américas, Cuba,1975, 296 páginas), de Haroldo Conti, obtuvo el premio Casa de las Américas en 1975. El autor argentino narra la travesía de Oreste Antonelli, quien comprende el sinsentido de su existencia durante las jornadas laborales en una revista agraria. Abrumado por la mala circunstancia familiar, quizá el verdadero motor del héroe, sale a conocer su destino. Abandona la rutina cotidiana con mujer e hijos y se enfrasca en juergas longevas con vagabundos. Sin planearlo inicia el viaje rumbo a la Patagonia, arriba hasta los Arenales, otro pueblo donde la pobreza extrema es normal. Así que Oreste, en la miseria total, conoce a un grupo de locos que forman parte de un circo llamado El Arca. Se une al elenco como El transformista, alguien que imita a los animales salvajes.
El barco en el que viajan los locos (de nombre realmente pomposo, El mañana) los acerca a pueblos cada vez más pobres; al sur profundo y violento. Los habitantes de esos páramos sueñan con huir de ahí, donde se han edificado iglesias, pero no hay sacerdotes. Así que el circo se convierte en el único medio que comunica a estos poblados las novedades del mundo urbano.
El hito de la historia, lo que salva a este volumen de una rezumante denuncia social proguerrillera es justamente el humor. Por ejemplo, la primera fiesta en el barco (El Mañana), donde los personajes conforman el grupo circense, me recuerda más que la gracia de las chistes la seriedad de la amargura: No hay mejor camino para un artista que asumir la errancia como una vocación. Eso dice el príncipe Patagón, un símbolo de los pueblos originarios de la Patagonia, quien se enfrasca ansiosamente en la bebida, en la exaltación del paisaje y se entristece de saber que es un artista. Inmediatamente después Mascaró, el cazador hace una apología del viaje, de la necesidad de abandonar lo material. Refiere que cualquier hombre puede ser libre, que cualquier hombre puede darse a la creación artística, que no existe mayor hecho en la vida del hombre libre que la invención. Y que una acción no violenta, pero subversiva, siempre despertará el odio de quienes se sienten ofendidos por las diferencias entre los seres humanos, lo que inevitablemente conducirá a una lucha revolucionaria armada.
El circo se convierte en el medio para reclutar nuevos artistas, es el sitio adecuado para renovar los furores sociales de los marginados. El circo, por simpático que parezca, despierta la conciencia de los marginados y lo hace con esta tesis: el gran artista es el que inspira a los demás artistas.
Con una prosa juguetona, barroca incluso, Conti logra un trabajo certero, pues la tensión dramática muta del ocio mismo a la sublevación y a la arenga; la novela se convierte en un escenario para criticar a los opresores, lo hace mediante el rigor ideológico, el rigor estético y el rigor imaginativo. Me asombra que Conti logre con la noción del circo un escenario para crear protestas antigubernamentales y lo haga de una forma natural, verosímil, satírica. ¿Qué nos habría dicho el circo del horror si lo hubiéramos usado de manera similar a la de Mascaró, el cazador americano?
El autor critica de una forma singular la injusticia, la desigualdad social y la sobreexplotación humana. Consuma una arenga. Exige que los marginados abandonen el modelo del capitalismo salvaje y los valores de una sociedad basada en la vanidad de las posesiones materiales. Si es necesario, señala, deben tomarse las armas para consumar los anhelos libertarios.
El cauce realista del libro muta, se convierte en un relato fársico, donde el simbolismo y las analogías son muy claras. Por ejemplo, los rurales, representantes del orden opresivo, evitan cualquier cambio. Sus enemigos son la imaginación y el arte. Justamente en ese contexto, aparece el mago Basilio Argimón, un personaje que propicia un juego mayúsculo entre el circo, una célula guerrillera y los rurales. Pone en marcha la verdadera intención de este libro: la transgresión del arte, la ilusión que propicia el artista.
La ambición de Conti es norme, trata de contar todo, trata de criticar todo lo malo de un continente plagado de dictadores, de una oposición política temerosa.
El relato principal es el recorrido de Orestes, la vagancia lo conduce al circo, luego al barco El Mañana y de ahí hacia la Patagonia. La vagancia propicia en los artistas la rebeldía, el ideal del conflicto contra el gobierno, pero el mago Basilio es quien prende la mecha para consumar la historia.
Destaco el trabajo de diálogos, el poder imaginativo, la manera de encarar el realismo, pues lo utiliza como propulsor para la sátira y eso consuma esta novela teatral.
Conti me hace pensar que lo interesante de la literatura del siglo pasado corre subterráneamente en editoriales difíciles de encontrar. Yo me hice de este volumen hace años, caminaba por la Habana pensando en Reinaldo Arenas, en el parecido entre La Habana y Acapulco. Esa idea me llevo a Conti. Algo tendrá que decirnos, por eso les hablo de él. Que tengan un jocoso martes.