EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Quechultenango, reducto de los yopes IV

Silvestre Pacheco León

Abril 09, 2017

En mi entrega pasada escribí sobre el origen de los yopes, su llegada a suelo guerrerense y el poblamiento de la región Centro, Montaña, Costa Chica y Acapulco.
También me referí a las características que los definieron: de espíritu rebelde y celo por la libertad y autonomía, valores que defendieron a lo largo de la fase imperialista de los aztecas, periodo en el que se registran 18 incursiones mexicas en tierras de los yopes.

Del asedio de los aztecas al aniquilamiento español

El más serio intento de los aztecas para dominar militarmente a los yopes se produjo en 1452, durante el gobierno de Moctezuma Ilhuicamina, cuando su ejército entra a Guerrero por Oaxaca y llega hasta Ayutla, donde es severamente derrotado por las fuerzas de los yopimes. Regresan a Tenochtitlan por la zona de la Montaña, pasando por “Quecholtenanco” y luego por Chilapa.
Después de sucesivos intentos de dominarlos, la última incursión militar de los mexicas en tierra guerrerense se produjo en 1511 bajo el gobierno de Moctezuma Xocoyotzin, diez años antes de que fueran conquistados por los españoles.
Los aztecas combatían a los purépechas en la Costa Grande cuando los habitantes de Tlacotepec y los yopimes se unieron en su contra.
Para evitar su derrota frente a tres enemigos los aztecas dejaron de atacar a los purépechas y se concentraron en guerrear contra Tlacotepec hasta vencerlos mientras los yopimes volvieron a su territorio.
Éste es el único registro en que los yopes aparecen peleando en otro territorio distinto al suyo, pero sólo como aliados para luchar por su libertad, nunca tratando de dominar a otro pueblo.
Después de producida la toma de Tenochtitlan por los conquistadores españoles en agosto de 1521 los yopes no tienen ni un periodo de calma porque en ése mismo año llegan hasta la desembocadura del río Balsas, en la Costa Grande, los enviados de Hernán Cortés, atendiendo la noticia de que era la zona de donde provenía el oro del imperio azteca.
Se dice que fue en ése mismo año, cuando los españoles tuvieron noticias de una raza especial que “no mostraba ni miedo ni complejos frente a los conquistadores”, que eran distintos a cuantos pueblos habían enfrentado, que se teñían el cuerpo de color rojo antes de combatir, y que aterrorizaban a sus oponentes por la ferocidad con la que atacaban y desollaban a sus enemigos.

Se fundan Zacatula y San Luis Acatlán

Esas noticias sobre “una raza distinta (que) desdeña a los conquistadores” nunca dejaron de inquietar a los españoles quienes en adelante prepararon con más cuidado sus expediciones al sur.
Un año después de que el soldado Gonzalo de Umbría, enviado por Cortés para encabezar la misión de explorar la región se estableció en Zacatula, junto a la desembocadura del río Balsas, el capitán Pedro de Alvarado hizo lo propio pero en el otro extremo, en la Costa Chica.
Desde el istmo de Tehuantepec, Alvarado avanzó en 1522 por toda la costa, con un ejército de 160 jinetes y 300 peones, entre los cuales se contaban 130 ballesteros y numerosos ayudantes de sus aliados indígenas.
Fundó en ése mismo año en territorio yope el pueblo de San Luis Acatlán y exploró de punta a punta toda la Costa guerrerense.
En esas incursiones no faltaron nunca los encuentros con los yopes quienes siempre dejaron prueba de su valentía causando bajas en las filas de los peninsulares.

Levantamientos indígenas

En 1523 a raíz de un levantamiento indígena cercano a la Villa de la Concepción, hoy Zacatula, Hernán Cortés se vio obligado a enviar otro ejército para apoyar a sus coterráneos, ahora encabezado por el capitán Gonzalo de Sandoval con la orden de dirigirse a Yopitzingo, la capital de los yopes que se localizaba en las inmediaciones de Chilpancingo y Acapulco, con el propósito de que aceptaran el vasallaje como súbditos de Carlos V o de lo contrario emprenderían acciones militares para someterlos, pues se les culpaba del levantamiento.
Sin embargo todos esos propósitos fueron vanos y Gonzalo de Sandoval únicamente pudo prestar auxilio a los españoles ya establecidos en la Costa Grande.
Aunque el poderío militar de los conquistadores era superior por sus cañones, arcabuces, caballos y espadas, nada podían hacer en su provecho debido a las dificultades del terreno donde peleaban, tan complicado y agreste que les resultaban difíciles los desplazamientos, pero no así a los yopes que se movían con toda facilidad, de eso se quejaba Hernán Cortés como obstáculo para pacificar la zona.

La guerra de aniquilamiento

Cuando la inestabilidad generada por la rebeldía de los yopes puso en riesgo los planes que los conquistadores habían instrumentado para la exploración de la mar del sur, considerada su plataforma para llegar a la tierra de las especias, estos emprendieron una guerra de aniquilamiento contra aquellos.
En la carta de relaciones alusiva a éste hecho Hernán Cortés escribe al emperador Carlos V informándole de la noticia sobre la existencia del reino yopime, cerca de la mar del sur, de donde dice que le habían llegado pedidos de socorro, que por esa razón envió un ejército con la misión de dialogar con ése pueblo ofreciéndole que trabajasen “al real servicio de vuestra alteza”, pero que en ello hubo ciertos “desencuentros” y no pudo dejar entonces esas tierras “del todo conquistadas”.

El asalto a San Luis Acatlán

El año crucial para los yopimes fue 1531 cuando en una nueva revuelta atacaron en la Costa Chica al pueblo español de San Luis Acatlán dando muerte al alguacil mayor y luego saqueando a Cuscotitlán, un pueblo mexica al que quemaron e hicieron prisioneros a sus pobladores.
Esos hechos junto con la detención y muerte de cuatro “cristianos” que fueron sorprendidos por los nativos sacando oro del río Papagayo, sin su permiso, precipitaron la situación.