EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

¿Quedando bien con Diosito?

Jesús Mendoza Zaragoza

Agosto 14, 2017

Muy fácil, tan fácil como gestionar dinero público para la construcción de templos católicos. Así de fácil es para la diputada federal Verónica Muñoz, “quedar bien con Diosito”, según sus propias palabras. Ya desde ahora se asoma al escenario público el discurso religioso de los políticos que están enfocándose hacia el 2018. Hay que esperar que empiecen a distribuir bendiciones para pulir su imagen a propósito del próximo proceso electoral. No sé si la diputada tome en serio a los pueblos indígenas que carecen de todo y siguen recibiendo migajas. Tampoco sé si tome en serio a ese tal “Diosito” del que habla. Desde luego, se refiere a la imagen de Dios que está en el corazón de la cultura y de la religiosidad indígena, sobre todo, que sirve de soporte espiritual a los pueblos agobiados por la miseria y por la violencia.
Algo que me inquieta es el uso y abuso político de los símbolos religiosos que el pueblo guarda en su imaginario, sobre todo en los tiempos electorales, los que representan una herencia sagrada que se transmite de generación en generación y que es parte de la identidad más profunda de la gente. Utilizar políticamente estos símbolos es una falta de respeto a los pueblos mismos, quienes son utilizados con fines electorales. La religiosidad de los pueblos tiene que ver con la supervivencia, con la satisfacción de necesidades espirituales tan vitales como la resistencia, el consuelo, la alegría, la esperanza, la fortaleza y otras más. Hacer escarnio de la religiosidad indica una falta de sensibilidad y de respeto y, tratándose de una funcionaria pública, manifiesta un profundo desprecio a quienes viven en la precariedad.
Si no se toma en serio a un pueblo sufriente, tampoco se puede tomar en serio a Dios, como figura simbólica a la que se refiere la religiosidad del pueblo. Se concibe a Dios como alguien manipulable, como una figura que puede ser utilizada para sacar ventajas de las más diversas. La figura divina es utilizada por los narcotraficantes para buscar protección en medio de sus delitos y también suele ser utilizada por muchos eclesiásticos para lucrar. Desde luego que esta concepción de un Dios manipulable es construida para satisfacer los más oscuros e inconfesables intereses.
Cuando la diputada se plantea su intención de quedar bien con Dios, se está planteando un asunto ético, ligado a cualquier expresión religiosa. Y la ética tiene que ver básicamente con la libertad, con la justicia, con la paz, con la honestidad y con el elemental respeto a la dignidad de las personas. En la tradición judeocristiana, la confesión religiosa y el culto están profundamente ligados a la justicia, de manera que los profetas denuncian sin parar a quienes presentan sacrificios en el templo con las manos ensangrentadas por sus delitos.
Si la señora diputada quiere granjearse el beneplácito de Dios tiene que empezar por respetar la dignidad de los pueblos a quienes representa. Tiene que respetar, garantizar y promover sus derechos humanos, tales como el derecho al trabajo en condiciones equitativas, los derechos a la salud, a la alimentación, a la vivienda y a los servicios sociales, el derecho a la educación, el derecho a la justicia. Es más, tiene que garantizar los derechos de los pueblos, tales como a un medio ambiente sano, a la autodeterminación, a la paz y al desarrollo para una vida digna.
Estoy seguro que si la diputada se desviviera por que estos derechos fueran una realidad entre los pueblos que representan, no tendría que andar construyendo capillas o templos porque los mismos pueblos tendrían los recursos suficientes para hacerlo sin necesidad de las migajas ofrecidas por los políticos.
La señora diputada, más bien, debiera hacerle caso al Dios, con el que quiere congraciarse, denunciando el lastre de corrupción y bandidaje que hay en el entorno político guerrerense y oponiéndose a toda clase de atropellos y abusos que el poder ejercita de manera esmerada contra los pueblos en Guerrero. Tal parece que el pueblo tiene que estar permanentemente defendiéndose de los gobiernos, como si éstos estuvieran puestos, precisamente, para maniobrar en contra de los legítimos intereses de los indefensos. Si los políticos se ocuparan en el bienestar de los pueblos, en la justicia, en la paz y en el desarrollo integral y sustentable, la gente no pediría migajas para construir sus iglesias, pues serían autosuficientes para ello.
De frente al proceso electoral que ya se empieza a calentar, es de esperarse que los partidos y los políticos manifiesten un gran respeto a los símbolos religiosos de los pueblos, que es lo mismo que respetarlos a ellos mismos y a su identidad. Y si quieren activar sus creencias religiosas, que lo hagan honrando valores como la honestidad, la verdad, la justicia y la libertad. “Quedar bien con Diosito” no es tan sencillo, como parece. Para ello, hay que desmontar la maquinaria corrupta que, como un pesado fardo, lleva en sus espaldas el pueblo de Guerrero.