EL-SUR

Viernes 07 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Quien lo hace compadre (o fiscal)

Jorge G. Castañeda

Octubre 31, 2016

No tengo nada contra Raúl Cervantes, en lo personal. Ni contra Arely Gómez. Esta última ha sido amable y afable conmigo, y Cervantes es amigo de buenos amigos míos. Ni siquiera le reclamo a Peña Nieto haberlos propuesto para los cargos que ahora detentan. La Función Pública es una nulidad de institución, y nadie le tiene el menor respeto como tal; Cervantes, en la próxima Fiscalía General le garantiza a EPN y a sus amigos que cualquier investigación de su régimen será realizada de acuerdo con los cánones establecidos por ese prócer de la patria y de la probidad llamado Virgilio Andrade. ¿Para qué tiene uno amigos, correligionarios y empleados si no para nombrarlos en puestos de confianza y que le cuiden a uno las espaldas?
El problema es quien los hizo compadres, en particular a Cervantes. De convertirse en fiscal –y la legislación así lo marca, a menos de que renunciara antes de que entraran en vigor las leyes secundarias de la Fiscalía– durará en el cargo nueve años; como dijo Carlos Puig, trabajará bajo tres presidentes. Siendo senador del PRI, abogado del candidato presidencial del PRI y del propio PRI en campaña, y buscando afianzar la autonomía de la nueva institución con nombramientos que inspiren confianza, es incomprensible que los senadores del PAN y del PRD hayan votado a favor de ambos ex colegas suyos. ¿En qué estaban pensando?
Es cierto que cuarenta y un senadores se ausentaron de la votación: casi la tercera parte. Y muchos fueron del PAN (por ejemplo, Juan Carlos Romero Hicks), y del PRD (aunque la página de internet del Senado no da la votación nombre por nombre). Pero es increíble que algunos sí hayan votado a favor (al PRI no le alcanza solo para llegar a los 83 en cuestión), sobre todo sabiendo que si el PAN y el PRD se hubieran opuesto en un solo bloque, los nombramientos no pasan.
Con una oposición de esta naturaleza, la democracia no puede funcionar. En todas partes se negocian puestos, pero a cambio de algo, y no en temas tan sensibles para la sociedad como la corrupción y los derechos humanos. No haber impuesto candidatos neutros o apartidistas, no haber sacado la segunda vuelta como quid pro quo, haberse prestado al compadrazgo de Peña y a la “cuotización” de los cargos, son actos imperdonables. Después se preguntan porqué la gente los alucina.