EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Quién va a hacer algo?

Jorge Camacho Peñaloza

Enero 24, 2020

 

Los valores en los que hoy en día la humanidad sintetiza sus más altos deseos son valores de decadencia.
Nietzsche.

Evidentemente que en Chilapa se vive un virtual estado de guerra, grupos del crimen organizado como Los Ardillos y Los Rojos llevan años disputándose violentamente la zona, confrontación en la que han involucrado a los pueblos pobres del municipio a través de la creación las policías comunitarias por la Paz y la Justicia y la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC- Pueblos Fundadores) que se han convertido en perfectos brazos armados de los grupos delincuenciales saliéndose del Sistema de Seguridad y Justicia Comunitaria que les había dado legitimidad la ley 701 del Estado de Guerrero.
Esta violencia se ha expresado tanto en los pueblos pobres de Chilapa, Zitlala y Hueycantenango, en sus carreteras y caminos como en la misma otrora “Atenas del Sur”, la ciudad de Chilapa, como bien sostiene Abel Barrera: la “ciudad levítica que albergaba a estudiantes procedentes de varias regiones del estado, que llegaban para estudiar en colegios católicos y en el seminario conciliar. Por ser la primera sede episcopal del estado, erigida en marzo de 1863, Chilapa se transformó en un centro educativo que formó por más de 150 años a decenas de generaciones de sacerdotes, maestros y políticos que adquirieron conocimientos básicos sobre literatura universal, latín, griego, filosofía y teología tomistas. Esta cultura católica permeó en la sociedad chilapeña. Su sistema de fiestas gira en torno a las celebraciones que realizan a sus santos patronos. Los barrios históricos llevan el nombre de un evangelista o alguna imagen del santoral católico. Fue la ciudad más tranquila del estado, donde sus habitantes se guiaban por el toque de la campana de las siete de la noche que marcaba el retiro a sus casas para protegerse del “demonio”. El seminario y el colegio de religiosas Carrillo Cárdenas fueron semilleros de un modelo educativo teocéntrico.”
El auge de la producción de amapola y mariguana, el crecimiento de la economía del narcotráfico, de sus células criminales, de su capacidad bélica en todo el país y la pulverización de los grandes cárteles de la droga, combinado con la corrupción política y de los cuerpos de seguridad que diluyó la seguridad y tranquilidad de los pueblos en Guerrero, particularmente en la zona baja de La Montaña, en Chilapa, todo lo cual combinado con una también violenta y criminal pobreza extrema de la población de esa zona, ha colocado a sus pueblos en una situación de emergencia humanitaria que nadie ha atendido como debiera.
Chilapa ha sido sitiada, tanto por los ardillos como por los rojos, por la CRAC-PF como por la policía comunitaria por la Paz y la Justicia, cientos de personas, hombres y mujeres, levantadas y asesinadas en plena ciudad, en caminos y carreteras; comerciantes, candidatos y funcionarios asesinados, hay cientos de desaparecidos de los que se desconoce su paradero desde hace años, comunidades desplazadas por la violencia, desmembrados y calcinados, todo eso en la antes levítica, seminarista, culta y tranquila ciudad de Chilapa.
Ahí se han reunido los integrantes del Gabinete de Seguridad Federal, varias veces estuvo Miguel Ángel Osorio Chong, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, se han establecido partidas permanentes del Ejército, de la Marina, de la Policía Federal y de la Gendarmería, el gobernador Héctor Astudillo ha hecho lo que ha podido con la policía estatal y ministerial, y nada ha funcionado. Los Ardillos siguen ahí, Los Rojos también, sus brazos armados las policías comunitarias CRAC-PF y Por la Paz y la Justicia, y la pobreza extrema también ahí siguen violentando la existencia humana, por eso hay una verdadera emergencia humanitaria.
En esa situación de emergencia humanitaria derivado de la inseguridad, de la violencia criminal, de la guerra entre bandos enfrentados, de la pobreza extrema que mantiene a la población más cerca de la muerte que de la vida, en una lucha desesperada precisamente por conservar la vida y generar mínimas condiciones de seguridad es totalmente entendible, que no justificable, que los bandos armen hasta a sus niños.
¿Quién osa reprobar esas imágenes de niños cargando fusiles adiestrándose para el combate a muerte? ¿Aquellos que les han brindado seguridad, justicia y oportunidades de desarrollo para que salgan de la pobreza? Como dijo Santo Tomás: Los quiero ver.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A esos que se rasgan las vestiduras por ver esa desgraciada realidad de niños armados en La Montaña, que si están libres de pecado porque les han brindado todo lo que han merecido, todo para salir de esa emergencia, que tiren la primera piedra.