EL-SUR

Martes 24 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Rara sanción

Héctor Manuel Popoca Boone

Agosto 26, 2017

El domingo 13 de agosto pasado, el ex gobernador defenestrado, Rubén Figueroa Alcocer, declaró que el PRI se modernizaba, pero la designación del candidato presidencial era de la sola incumbencia del primer priista del país: el presidente, Enrique Peña Nieto. O sea, que todo aparentemente cambiaba, para que todo igual siguiera en ese partido.
Cinco días después, intempestivamente, se da a conocer a través de los medios de comunicación que, la Secretaría de la Función Pública (SFP) del gobierno federal, inhabilitaba para trabajar por un período de diez años en la administración pública, al más cercano discípulo político de Figueroa Alcocer, el diputado local: Héctor Vicario Castrejón, por “negligencia administrativa” cuando tuvo bajo su responsabilidad la delegación federal de la Sedatu en Guerrero.
Ese mismo viernes, el presidente estatal del PRI y el gobernador del estado, otorgaron públicamente su respaldo político a Vicario Castrejón. Ante preguntas de algunos reporteros, señalaron ambos que el veredicto de inhabilitación todavía no era un caso concluido. Que su naturaleza era exclusivamente de carácter administrativo y que tenía todo el derecho a defenderse. Antier, el actual delegado de la Sedatu precisó que la sanción fue por pagar una obra no realizada. Y eso, es sencillamente corrupción.
Sea de ello lo que fuere, nunca citaron a Vicario para hacer de su conocimiento formal la irregularidad imputada. No se le entregó un pliego de responsabilidades a solventar. Por lo tanto, en la penalización no se observó el debido proceso.
Una posible conjetura política es que esa sanción fue producto de una consigna superior. Bien pudo ser un mensaje del mandamás nacional del PRI a Rubén Figueroa Alcocer, para que no ande de boquiflojo al hacer declaraciones públicas inoportunas que en esta ocasión menearon el andamiaje que Enrique Peña Nieto y el PRI están tratando de construir, para enfilarse cohesionados al proceso electoral más importante del país –la renovación sexenal del poder presidencial– que se realizará en julio del 2018.
Hubo posible molestia en Los Pinos, cuando el “ave de las tempestades políticas de Huitzuco” declaró que Enrique Peña Nieto, en su carácter de presidente de la República, hará uso de la otrora facultad presidencial (meta-constitucional) de designar, por la vía de los hechos, a su sucesor en la silla presidencial.
Cierto es que el “dedo presidencial”, desde Plutarco Elías Calles hasta Miguel de la Madrid, fue un factor de unidad, disciplina y cohesión priista, además de estabilidad nacional que brindó el sistema gubernamental denominado dictablanda, por el premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa. Luego, Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano desafió con éxito esa afamada regla no escrita de la política mexicana. Sin embargo, le escamotearon con gran fraude electoral su legítimo triunfo en su primera campaña (fuera del PRI) para llegar a ser presidente de la República. El fenómeno político suscitado permitió, años después, la apertura de nuestra imperfecta democracia electoral. Dando entrada a la alternancia en el poder presidencial. Concretándose ésta, con el tristemente célebre expresidente y comediante panista, Vicente Fox. Sería una pena democrática y perdición de López Obrador que empezara hacer uso político del dedo decisional.
PD1. La política mexicana está plagada de caudillos, incertidumbres y circunstancias, donde la consciencia, organización y voluntad de los pueblos definen, al final de las cuentas, el verdadero derrotero del país, tarde que temprano.
PD2.- Con su equipo estatal de espionaje político, (que dijeron “desaparecido”), el gobierno de Guerrero interviene ilícitamente (en forma por demás burda, atolondrada y cuasi misteriosa) los teléfonos celulares de aquellos que criticamos el actual estilo de gobernar.
PD3.- La ilegal violencia gubernamental retoñó sobre la persona de la reportera indígena de El Sur, Antonia Ramírez. Siguen las impunes agresiones contra el derecho de informar y opinar. De sobra conocemos el carácter irascible del “maestro incómodo” contra los trabajadores de los medios.