Héctor Manuel Popoca Boone
Junio 14, 2025
¿Quiénes son los autores intelectuales y materiales del asesinato de Marco Antonio Suástegui Muñoz? El pueblo espera una pronta respuesta de las autoridades.
El mexicano tiene como raíz, e historia inicial tres razas originarias, a saber: La indígena (americana), la española (europea) y la africana (negroide)+. Somos, por tanto, una raza producto de un mestizaje plural. La civilización y cultura mexicana es una eclosión de circunstancias espirituales, conocimientos, saberes, modos de producción, distribución de bienes y comportamientos de nuestras tres razas madre.
La raíz indígena nos aportó, en el plano civilizatorio, principalmente sus conocimientos de astronomía, agricultura, arquitectura, ingeniería hidro-agrícola y cerámica. En el plano cultural, abrevamos de sus cosmogonías y mitologías. Sabemos de sus conocimientos de astronomía, ordenamientos teocráticos y de sus instintos gregarios y comunales.
La raíz española contribuyó a nuestra civilidad con sus conocimientos de minería, de navegación, el uso de la pólvora, de objetos e instrumentos metálicos y al desarrollo de la actividad pecuaria, bovina y caballar; así como del mercantilismo económico conectado al europeo a través de España y con el de Asia a través de las islas del Caribe y Filipinas.
En el plano cultural los hispanos hicieron irradiar en nuestro territorio, con la espada y la cruz, al catolicismo. Como fuerte amalgama espiritual, acompañado de la estructura eclesial y de la jerarquía monárquica como soportes en lo territorial. En términos generales, la difusión de la cultura europea de aquella época estuvo en manos de obispos, frailes y misioneros ilustrados. La arquitectura de los palacios e iglesias coloniales fue descollante.
La raíz africana, menos numerosa, fue traída en esclavitud por los españoles para servir en sus plantaciones, fundos y residencias urbanas y rurales. La impronta de su mano de obra sometida, quedó en la agricultura, minería y en la servidumbre palaciega. Gracias a que el racismo esclavista no fue muy agudo en la época de la Nueva España, la multiculturalidad, heterogeneidad y espiritualidad de estas tres razas permitió su mezcla étnica.
Nuestro mestizaje fue profundizado por la participación activa y conjunta de criollos, indígenas y negros, en el movimiento de independencia que permitió el surgimiento de México como república federada independiente; teniendo fuertes rasgos centralistas, donde las ideas predominantes de motivación política fueron las pregonadas desde la Revolución Francesa (1789): libertad, igualdad y fraternidad.
Posteriormente, para la conformación de nuestro país, tuvimos la gran influencia (buena y mala) de las colonias sajonas que se independizaron de Inglaterra; integrando lo que hoy es Estados Unidos, conjuntamente con los territorios que forzadamente despojaron posteriormente al México naciente. Nuestro proceso civilizatorio y cultural está impregnado con el espíritu de emprendimiento individual propio del protestantismo. La gran reforma industrial y los ferrocarriles fueron los instrumentos de la producción y el traslado masivo de mercancías y servicios, como factores de conectividad e intercambio económico y social.
En pocas palabras: nos incorporamos a la laboriosidad, la innovación y al capitalismo liberal y nos alejamos de la conservación del status quo, la costumbre-tradición y el predominio de la aristocracia parasitaria. En el plano político, la principal referencia que nos aporta Estados Unidos es su Constitución Política Constituyente fincada en una república federada donde emanará la inspiración para la construcción de nuestra democracia inicial.
Con todo lo anterior, podemos concluir que nuestra identidad mexicana es única. Consolidada en forma pendular y oscilatoria entre la conservación-tradición y el cambio-innovación; entre la centralización y la federalización; la religiosidad y lo agnóstico; en lo colectivo-socializante y en el individualismo-capitalista. Entre la globalidad y lo local.
Vivimos la vorágine de nuestra etnicidad plural, multifacética, que nos enriqueció más que debilitarnos; a pesar de nuestros desencuentros internos en la Guerra de Reforma de 1858 y en la Revolución Mexicana de 1910. Lo mexicano, por tanto, lo llevamos como raza en nuestro corazón, sangre y espíritu. Ningún “Orate del Norte” nos podrá ningunear o humillar… ahí donde estemos. Recordémosle al “Paranoico del norte” que fueron ellos los piratas e invasores de nuestras tierras en 1847-1848.
PD. El genocidio que está llevando el Estado de Israel –con apoyo de Estados Unidos- contra el pueblo palestino me evoca al Holocausto perpetrado por los nazis germanos al pueblo judío, hace 85 años. Hoy, con su omisión e inacción, las naciones civilizadas parecen no haber aprendido nada de la historia universal. Las miles de familias palestinas asesinadas por el gobierno israelita en la Franja de Gaza, en no más de dos años así lo testimonian. ¡Uf!
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