EL-SUR

Miércoles 28 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Recomendaciones

Héctor Manuel Popoca Boone

Mayo 02, 2020

Para los trabajadores de la Salud fallecidos en combate y para los indígenas infestados en Nueva York.

Ante la emergencia nacional, el Presidente López Obrador manda una iniciativa de carácter extraordinaria a la Cámara de Diputados para que se le autorice el ejercicio del gasto público federal 2020 de manera discrecional y con criterio personal. Aquí en Guerrero, el gobernador Héctor Astudillo ha tenido, desde años atrás, autorización del Congreso local para detentar esa facultad.
Hago énfasis que, para el caso estatal, esas aprobaciones anuales han sido hechas en situaciones de “normalidad gubernativa”, para oprobio de los diputados locales; ya que contravienen el espíritu de equilibro gubernativo, mediante pesos y contrapesos que deben existir entre los poderes democráticos establecidos (Montesquieu, dixit). ¿Cómo convencían, anualmente, a los legisladores locales para que aprobaran en tiempos ordinarios de gobierno tal desaguisado anticonstitucional?
Este grave entuerto, muestra que el poder legislativo estatal abdicó, reiteradamente, de una de sus principales facultades constitucionales, referida a la autorización desglosada del presupuesto anual de egresos en periodos normales de gobierno. No causa sorpresa alguna, el alto grado de subordinación que mantiene el Poder legislativo respecto del Poder Ejecutivo en Guerrero.
Sea de ello lo que fuere, ahora, dadas las circunstancias adversas e inéditas por las que estamos atravesando, el gobernador del estado puede avocarse con mayor ahínco a reorientar el gasto público 2020 y enfocarlo con la austeridad, eficacia, transparencia y honestidad debida, a la atención de los fuertes problemas sociales que están suscitándose, derivados de la pandemia y la crisis económica que, lamentablemente, no tienen visos de resolverse en el corto plazo.
Claro está que, para tener capacidad de respuesta institucional adecuada a las desastrosas circunstancias mencionadas, condición indispensable será erradicar las deformaciones gubernamentales, conformadas desde hace años atrás, que no han permitido a la fecha hacer realidad el progreso social y la superación individual de los guerrerenses. Menos aún se ha logrado tener paz y bienestar comunitario.
Me refiero fundamentalmente a la corrupción, farsa y mendacidad, como hábitos de conducta institucional. A la ineficiencia y negligencia, como lastres del bien gobernar. A la ilegalidad, opacidad e impunidad, como mantos protectores de ilícitos y abusos de todo tipo. Y a la no menos importante falta de veracidad en la rendición de cuentas y entrega de resultados gubernamentales.
No fue sino hasta ahora, en tiempos del Covid-19, cuando salen a relucir, una vez más, profundizados e incrementados, pero con mayor crudeza y desnudez, los nefastos vicios reinantes. Sinceramente, creo que, como nunca antes, hemos tocado fondo.
No me resta más que recomendarle al C. secretario de Finanzas estatal que para el buen uso del erario público, en tiempos del Covid-19 y de la crisis económica consecuente, los compacte todos, excepto los irreductibles, en programas básicos-prioritarios que giren en torno a 1) la salud, 2) combate al hambre y a la pobreza, 3) empleos, 4) educación, 5) seguridad pública y 6) justicia plena. Privilegiando a los que menos tienen y a los que acusan mayor vulnerabilidad. No más, pero tampoco menos.
De una cosa estoy seguro: serán de tal magnitud y profundidad las secuelas estatales que no se podrá seguir gobernando a Guerrero como antes; so pena de presenciar mayores estallidos sociales de diferente índole y magnitud.

P. D. 1. “México pasó muchos años de corrupción y una cultura de oscurantismo. Es natural la desconfianza. Ahora el país está construyendo su propia madurez en términos de la exigencia ciudadana”: Hugo López-Gatell.
P. D. 2. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, advierte que los “poderes de emergencia” aprobados para combatir la pandemia de coronavirus “no deben ser armas que los gobiernos puedan usar para aplastar la disidencia, controlar a la población o prolongar su estancia en el poder”.
P. D. 3. La evidencia histórica, nacional e internacional, indica que el uso de cubre-bocas sirve de mucho para reducir contagios en epidemias y pandemias.