EL-SUR

Martes 28 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Recuento de daños

Jorge Zepeda Patterson

Julio 17, 2006

La primera lección de estos comicios: los mexicanos dimos una muestra de civilidad el 2 de julio. La segunda lección: el comportamiento de los políticos quedó muy por debajo de esta fiesta ciudadana. Habría que exigirles ahora que operen con responsabilidad y resuelvan el desaguisado en que nos encontramos. Conviene hacer un recuento de daños de las dos semanas transcurridas, para dilucidar saldos y escenarios.
1.- Las campañas sucias (por parte de todos), la parcialidad del gobierno federal y en particular de la Presidencia, el activismo de la iniciativa privada a favor de un candidato, o de los sindicatos a favor de los otros, la nominación polémica de los consejeros del FE hace tres años, son factores que gravitan, querámoslo o no, sobre el resultado electoral.
2.- La jornada electoral del 2 de julio fue admirable tanto por el número de votantes como por la organización de la elección de parte de casi un millón de ciudadanos.
3.- El comportamiento del IFE los siguientes dos días, dejó mucho que desear. Rechazó dar a conocer un ganador, lo cual fue correcto, pero invitó a todos a consultar el PREP que arrojaba un triunfo de Calderón luego de 98.5% de las casillas computadas, aunque en realidad no llegaban a 90%. Un error imperdonable considerando las suspicacias prevalecientes y el escaso margen entre primero y segundo lugar.
4.- Tanto el conteo del PREP, en el que siempre fue adelante Calderón, como el conteo distrital dos días después, en el que siempre fue adelante López Obrador, dejaron la sensación de que se había truqueado el orden de captura de la información.
5.- Los esfuerzos de López Obrador para mostrar las irregularidades en el manejo de las boletas han sido desarticulados, confusos y en ocasiones equivocados. Los supuestos videos de las alteraciones han quedado desmentidos o carecen de la gravedad que El Peje les atribuye.
6.- Las declaraciones de Vicente Fox, en contra del “renegado” y de Carlos Abascal festinando el triunfo de Calderón, resultaron más convincentes para fortalecer el argumento de una “elección de Estado” que las boletas “alteradas” presentadas por AMLO.
7.- Es cuestionable la argucia del PRD al exigir al IFE que extrajera los documentos que algunos representantes de casilla habían metido por error en los paquetes electorales. Cuando el IFE lo hizo y comenzó a abrir paquetes, el PRD lo denunció por cometer un ilícito que podría provocar la anulación. El argumento con el que el PRD se defiende es penoso: “si yo te pido algo que es un delito y tu lo haces, el delito es tuyo” (respuesta de AMLO a Carmen Aristegui en W Radio el jueves pasado).
8.- El PAN exigió a diestra y siniestra el reconocimiento del triunfo de Calderón los primeros cuatro días. Hubo una campaña abierta para satanizar a AMLO por impugnar la elección y recurrir al TRIFE.
9.- En el afán de encontrar asidero a sus impugnaciones, López Obrador radicalizó sus declaraciones. De irregularidades en el conteo de los votos, pasó a denunciar “elecciones fraudulentas de principio a fin”. La acusación de que muchos representantes de casilla del propio PRD se vendieron, terminó sacudiendo al partido y puso a temblar a cuadros y a militantes. En algunas entrevistas ha dicho que él aceptaría el resultado si el TRIFE hace un recuento de voto por voto; en otras ocasiones ha afirmado que sólo lo haría si se admite su triunfo.
10.- Una porción de la opinión pública está convencida de que algo no está bien con el recuento de votos. Las dos concentraciones de fin de semana, el sábado 8 y la de hoy domingo, son apenas una expresión de ese descontento. Casi 15 millones de personas votaron por AMLO, y otras 30 millones ni siquiera fueron a votar. Entre estos se encuentran los que no participaron por apatía, pero hay otros que no lo habrían hecho por escepticismo. Seguramente entre estos últimos hay muchos que desconfían del resultado del IFE.
En resumen, las pruebas exhibidas por López Obrador han sido poco convincentes, y sus argumentos en ocasiones han resultado decepcionantes. Sin embargo, por lo hasta aquí revisado estoy convencido de que el país requiere un recuento de voto por voto para que el próximo gobierno tenga un mínimo de legitimidad. Es un resultado demasiado reñido para dejarlo en manos de un árbitro sobre el cual existen legítimas dudas y en el marco de un gobierno federal que a lo largo de los comicios ha exhibido una lamentable parcialidad. Los puntos 1, 3 y 4 del recuento arriba mencionado constituyen por sí solos un poderoso argumento a favor de la pulcritud y la minuciosidad.
Hay quien dice que ni siquiera un recuento de todas las urnas dejará satisfechos a los perredistas. Quizá no a los más radicales, pero creo que tal recuento desmovilizaría al grueso de los que hoy albergan alguna suspicacia, hayan votado o no a favor de AMLO. El rechazo del PAN a revisar el contenido de las urnas, alimenta la desconfianza. Una negativa del TRIFE a contar voto por voto dejará una duda permanente sobre el gobierno de Calderón e inconformará a un gran número de mexicanos, con las implicaciones políticas que ello supone. Refugiarse en argumentos legaloides, haciendo abstracción del contexto y los errores, nos condenaría a recibir, tarde o temprano, una lección de realidad que podría ser dramática.
Alguien tendría que hablar con AMLO para desacelerarlo, para protegerlo de sí mismo. Alguien tendría que hablar con Calderón para convencerlo de que sólo mediante el recuento podrá ser presidente de todos los mexicanos. A menos de que, como sus opositores, esté dudando de que las urnas le hayan dado el triunfo. Exijamos a los políticos que arreglen el entuerto en el que convirtieron lo que había sido una jornada democrática ejemplar.
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