EL-SUR

Sábado 25 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Recuerdos de José Francisco

Ángel Aguirre Rivero

Julio 24, 2026

Aquel día nos encontramos en el elevador privado del viejo Palacio de Gobierno. Me preguntó:
–¿A dónde vas, Ángel?
–A una comida a la que fui invitado por la dirigencia del PRI, en un restaurante que creo se llama “Pepe’s” –le contesté.
–Yo te llevo –me dijo.
Se trataba del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, de quien yo fungía como secretario de Desarrollo Económico. Él, generosamente, me amplió las facultades para incorporarle el área de Trabajo.
Le pidió a su chofer que se bajara del automóvil y él se puso al volante. Cuando subíamos la rampa del Palacio de Gobierno, se detuvo unos minutos solo para decirme:
–Espero que cuando seas gobernador me trates igual.
Fueron sus palabras.
Pepe y yo éramos amigos desde su paso por el gobierno de mi mentor, don Alejandro Cervantes Delgado. Aunque su paso fue efímero, seguimos cultivando esa amistad. Cuando fue designado candidato a gobernador, lo celebró con un brindis en su casa de Las Águilas, y el privilegio de ser invitados lo tuvimos, si acaso, cuatro o cinco guerrerenses, a quienes él consideraba sus verdaderos amigos.
Cuando decidió venir a Chilpancingo, me llamó y, con la confianza que le inspiraba, me pidió que le consiguiera una casa donde vivir. Lo hice con todo mi afecto. Después me llamó para decirme:
–Soy un abusivo, Ángel.
–¿Por qué, Pepe? –le pregunté.
–Porque quiero que me hagas el favor completo.
–A ver, dime –le respondí.
–Quiero que me acondiciones la casa con muebles coloniales de Taxco.
–Cuenta con ello –le contesté.
–Vas a pensar que soy un encajoso.
–Lo eres –le respondí.
Apenas se había asentado en Chilpancingo cuando recibí una llamada de José Francisco.
—Ángel, invítame a desayunar a tu casa. Quiero tratar un tema muy delicado contigo. Voy con Fernanda, mi esposa, y pídele a Rocío, tu mujer, que esté presente para que ellas conversen mientras tú y yo tratamos este tema tan delicado.
Llegó puntual a las nueve de la mañana. Desayunamos muy al estilo guerrerense: salpicón, sopecitos, crema, queso y huevo en salsa.
Rocío, quien ya estaba advertida, invitó a Fernanda a mi biblioteca para dejarnos solos en el comedor a Pepe y a mí.
–Mira, Ángel, estoy preocupado por la designación de candidatos a presidentes municipales, pues yo no tengo una radiografía política sobre los mejores perfiles de cada municipio. En cambio, tú sí, porque eres el secretario general de Gobierno.
–Vamos revisando municipio por municipio y tú me vas aportando nombres de quienes podrían ser nuestros candidatos y candidatas.
–José Francisco –le contesté–, aprecio la confianza que me brindas, pero no me parece ético de mi parte que yo te aporte nombres de quienes deben ser los candidatos o las candidatas, pues el gobernador eres tú.
–A ver, a ver, Ángel. Yo soy un político que no tiene telarañas en la cabeza. Vamos analizando municipio por municipio y hacemos las debidas valoraciones.
–Pues si tú así lo deseas, adelante.
José Francisco sacó la lista de los municipios y juntos empezamos a evaluar quiénes podían ser los mejores perfiles para las nuevas alcaldías. Y así fue.
Siempre he dicho que soy un hombre de rencores cortos y amistades largas.
A José Francisco siempre le guardaré gratitud por haber impulsado mi carrera política. De él aprendí mucho. Su cultura y su inteligencia preclara lo colocan en el pedestal de la historia como uno de los mejores gobernantes de nuestro estado. Formé parte de su administración y me impulsó para ser diputado federal por mi amada Costa Chica.
José Francisco es de los hombres que nunca mueren.
La política es así…