Tryno Maldonado
Agosto 12, 2025
A diferencia de la retórica solipsista de los gobiernos partidistas, en estos días se está llevando a cabo un llamado global desde Chiapas. Del 2 al 17 de agosto de 2025, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) convocó a su Encuentro de Resistencias y Rebeldías Algunas Partes del Todo, en el Semillero Comandanta Ramona, ubicado en el caracol de Morelia, Chiapas. El evento ha reunido a centenares de participantes de 37 países, incluyendo colectivos urbanos, movimientos indígenas, organizaciones feministas y redes anticapitalistas de Europa, América Latina, Kurdistán y Palestina. Bajo el lema “Compartir prácticas, no teorías”, el encuentro prioriza experiencias concretas frente a la destrucción capitalista: defensa de territorios, luchas contra el racismo, arte rebelde y autonomías en crisis, entre otras.
La primera intervención zapatista en el encuentro comenzó con una metáfora poderosa: una asamblea de los caídos en la lucha exige cuentas a los vivos. Los muertos rindiendo cuentas a los vivos. Los muertos advierten que, tras siglos de resistencia, las estructuras de poder se reproducen incluso en los espacios autónomos. Los marez (municipios autónomos rebeldes zapatistas) y las juntas de buen gobierno, diseñados para ser horizontales, habían caído en dinámicas piramidales, a decir de ellos mismos: corrupciones, robos y burocracias. La crítica fue pública, documentada y sin concesiones, algo imposible de ver entre el nepotismo, las prácticas corruptas y los lujos del poder de los últimos días.
La pirámide ardió. Al día siguiente, el EZLN llevó la autocrítica a la acción simbólica: una pirámide de madera, vestida con palabras como “explotación” y “desprecio”, fue incendiada y derribada frente a cientos de asistentes. El mensaje era claro: no basta con cambiar actores, hay que destruir la lógica vertical del capitalismo. El Subcomandante Moisés enfatizó: “Lo que sigue no es simbólico: es organizarse, discutir y decidir colectivamente”.
El encuentro trasciende en lo local como suele suceder en eventos convocados por el EZLN, un movimiento modélico desde hace décadas en todos los continentes. Colectivos como Arto Arte (Colombia), Les Soulèvements de la Terre (Francia) y Acción Palestina Chiapas mostraron cómo las luchas contra el despojo, el colonialismo y el ecocidio se entrelazan. Destacó la participación de redes juveniles urbanas que vinculan la crisis climática con la gentrificación, y de cooperativas europeas como Longo Maï, que practican la autogestión radical.
Un detalle crucial que emerge de este encuentro es cómo las resistencias están aprendiendo a navegar la paradoja de crecer sin institucionalizarse, a diferencia del los gobiernos partidistas. El EZLN demostró con cifras concretas que sus sistemas de salud autónomos atienden a 72 por ciento de la población en territorios zapatistas, mientras sus escuelas bilingües forman a una nueva generación que lee tanto a Marx como a los poetas tzeltales. Sin embargo, advirtieron: “La autonomía no es sostenible si se convierte en isla”. Por eso insistieron en la creacción de redes de trueque con urbanos –intercambiando café orgánico por medicamentos para el cáncer– y en alianzas técnicas como la red clandestina de hackers que protege sus comunicaciones. Fue revelador ver a colectivos palestinos compartiendo tácticas para burlar drones militares, mientras mujeres kurdas enseñaron a documentar violencia estatal sin caer en el activismos de redes sociales. Esta no ha sido una feria de buenas intenciones: es un taller de supervivencia civilizatoria donde cada participante llega con herramientas concretas y se va con estrategias verificables. O, como lo resume una enfermera zapatista: “Antes nos escondíamos para resistir. Hoy nos encontramos para contagiar”.
Pero la autonomía continúa bajo escrutinio en la búsuqeda de claves para una lectura actual. El EZLN admitió que incluso los proyectos emancipatorios pueden replicar opresiones. Su disolución de los marez no es una derrota, sino un reinicio desde la horizontalidad. Mientras que el internacionalismo refrenda que es concreto. Las alianzas ya no son discursivas, pasan por acciones como el bloqueo a megaproyectos o la solidaridad con Kurdistán y Palestina, donde la resistencia es literalmente una cuestión de vida o muerte.
Lo que ocurre en Chiapas durante estas dos semanas no es un ritual de autofagia política, sino un laboratorio de vida. Frente a un sistema que convierte todo –incluso la rebeldía– en mercancía, las redes presentes aquí proponen algo radical: fracasar mejor. Es decir, corregir sobre la marcha, sin líderes ni dogmas, sabiendo que el enemigo no es un gobierno pasajero, sino la pirámide misma. Como señaló el EZLN en su convocatoria: “No somos maestros ni alumnos. Somos partes de un todo que se opone al sistema. Dando y dando”.