EL-SUR

Lunes 03 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Reflexiones sobre la conservación de mamíferos marinos

Octavio Klimek Alcaraz

Abril 08, 2017

México goza de una gran diversidad de mamíferos marinos. En nuestro país están presentes prácticamente todas las familias de cetáceos excepto por los delfines de río como el del Amazonas, la beluga; y el narval, una familia de una sola especie, como la ballena franca pigmea. En cuanto a los pinnípedos, de las tres familias sólo falta la de las morsas.
En la actualidad este número es de por lo menos 48 especies, que se han registrado de manera fidedigna. Infortunadamente, casi todos los mamíferos marinos de México se encuentran en alguna categoría de riesgo.
La NOM-059-SEMARNAT-2010, que identifica las especies en riesgo, incluye 44 mamíferos marinos, de los cuales 37 pertenecen al orden cetácea, cinco al de los pinnípedos, uno al carnívora, y uno al sirenia. De estos, 84.1 por ciento (37) están sujetos a protección especial, 2.3 (uno) son especies amenazadas y 11.4 por ciento (cinco) están en peligro de extinción, uno de ellas es la vaquita marina, de la cual sólo quedan alrededor de 30 ejemplares en el Alto Golfo de California. Además de una especie extinta, que es la foca monje del Caribe.
Desde el 2002 se adicionó un artículo 60 Bis a la Ley General de Vida Silvestre que prohíbe que los mamíferos marinos, así como los primates sean sujetos de aprovechamiento extractivo, estableciendo como excepción, las capturas que se realicen con fines de investigación científica y educativa por parte de instituciones acreditadas.
Asimismo, se adicionó en el año 2006, un artículo 55 Bis a la Ley General de Vida Silvestre para prohibir “la importación, exportación y reexportación de ejemplares de cualquier especie de mamífero marino, así como de sus partes y derivados, con excepción de aquéllos destinados a la investigación científica”. Dicho artículo 55 Bis fue reformado en el 2010, para fortalecer la protección de los mamíferos marinos y primates en México.
Nuevamente, en el 2011, se aprobó otra reforma al artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre. Con dicha reforma se buscó adicionar un párrafo tercero, para que en caso de presentarse un varamiento, se atienda un “Protocolo de atención para varamiento de mamíferos marinos” que permite promover la reintroducción del ejemplar al medio marino y tener la capacidad técnica y operativa para atender efectivamente el varamiento.
Posteriormente, en el 2015 quedó prohibida la utilización de ejemplares de mamíferos marinos en espectáculos itinerantes a través de la adición de un párrafo cuarto del citado artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre.
El pasado 5 de enero de este año, cuando sesionaba la Comisión Permanente, integrantes del Partido Verde propusieron una nueva reforma a este mismo párrafo cuarto del artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre, para prohibir además, la utilización de ejemplares de mamíferos marinos en espectáculos fijos, es decir afecta de manera directa a los denominados delfinarios. En la iniciativa se plantea que los ejemplares de mamíferos marinos, que actualmente se encuentran en cautiverio, sean la última generación que sea utilizada en espectáculos y cualquier otra actividad que no tenga por objeto la investigación científica orientada a la conservación que realicen las instituciones de educación superior acreditadas, situación que queda garantizada en las disposiciones transitorias del proyecto de decreto en discusión. En los transitorios se exponen mecanismos para no incurrir en los errores derivados de la prohibición anterior de ya no utilizar animales en circos, que finalmente murieron de manera lastimosa en su mayoría.
Con gran rapidez se presentó su dictamen el 30 de marzo en la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados. Con sólo 11 votos a favor, cuatro en contra y una abstención, de un total de 26 integrantes, paso al Pleno de la Cámara. El día jueves 7 de abril se presentó el dictamen para su votación en el pleno. Los grupos parlamentarios del PAN y el PRD propusieron mociones suspensivas para detener el proceso de votación, y así regresara a comisiones. El principal argumento la falta de debate público en relación a los pros y los contras. El problema es que a la hora de realizar la votación se manipuló ésta y así se logró una mayoría PRI, Verde y demás partidos satélites para rechazar la moción suspensiva. La consecuencia es que los legisladores de los Grupos Parlamentarios de Morena, Movimiento Ciudadano, PAN y PRD abandonaron el salón de sesiones. Así, que se realizó la votación con 200 votos a favor del PRI, Verde, y conco abstenciones, pero sin llegar al quorum requerido de 251 legisladores.
Aquí la pregunta suspicaz es porqué el PRI y el Verde no retiraron el dictamen en su momento procesal oportuno. ¿No sabían que no tenían los votos suficientes para hacer quorum? ¿Dónde estaban sus otros 56 diputados que los hacen mayoría y dan el quorum de 261 legisladores en la Cámara? (el PRI tiene 204 legisladores, Verdes 41, Nueva Alianza 11 y Encuentro Social nueve).
Así, se tiene la impresión que en realidad no querían los legisladores del Verde, ni los del PRI, en el fondo, que fuera votada favorablemente este dictamen y pasara como minuta al Senado para su revisión. Esto debido, a que si se hubiera votado con quorum, el riesgo también era posible de perder la votación, sumados los votos totales de la oposición.
De hecho, los proponentes originales del Verde, que son no sólo diputados, sino también senadores, ni siquiera les interesó o preocupó incluir esta misma reforma que estaban tan ansiosos de aprobar, de una vez en su propia iniciativa de Ley General de Biodiversidad, que actualmente se discute en el Senado y que va abrogar la Ley General de Vida Silvestre. Tan es así, que en el último borrador de proyecto de dictamen de la Ley General de Biodiversidad, que se ha circulado se transcribió de manera íntegra el actual artículo 60 Bis vigente, sin tomar en absoluto en cuenta esta propuesta de prohibir espectáculos fijos (delfinarios).
Tengo la conjetura de que esta propuesta fue impulsada de buena fe por grupos relacionados a la protección de los mamíferos marinos, que pensaron que el camino fácil al controlar el ciclo legislativo en ambas cámaras, el Verde, era que este grupo parlamentario, apadrinara dicha reforma. Lo que no tomaron en cuenta es el poder de la industria de la recreación de los delfinarios, que pegó el grito en el cielo con un posible cierre de sus delfinarios, y operó en consecuencia en todos los grupos parlamentarios, así como en el gobierno federal. Salieron desplegados en diarios y se montó toda una campaña de medios para frenar este proyecto de acabar con los delfinarios. A todos, o casi todos, los visitaron los cabilderos de dicha industria.
En sus argumentos, se recalcó que la denominada delfinoterapia, una terapia alternativa con delfines, estaba en riesgo con esta reforma. En realidad, en México es otro negocio privado, paralelo al de la recreación. En el dictamen se indica que para darse una idea 15 minutos de nadar con un delfín para un paciente en terapia anda en 800 pesos. Es evidente, que con esos costos esta terapia sólo la usan algunas personas con posibilidades económicas. No quiero entrar en el debate ahora de si realmente funciona. Porque mucha gente en la enfermedad busca todo medio para sanar. Lo que si estoy cierto, es que con dichos costos el número de pacientes en visita regular en Quintana Roo o donde se encuentre los otros delfinarios es necesariamente limitado en su universo de personas en tratamiento, con relación a otras políticas del sistema de salud pública tradicional.
El valor económico de la industria de los delfinarios para la recreación es importante. Si los datos del dictamen son ciertos, es un gran negocio que ronda un ingreso de un millón de dólares anual por delfín. Se estima una población de 270 delfines en cautiverio en México, es decir sacando cuentas vale la industria 270 millones de dólares anuales concentrados en un par de empresas. Se informa que el 70 por ciento de dichas ganancias se producen en Quintana Roo, algo así como 189 millones de dólares. Por ello, a lo largo y ancho de la denominada Riviera Maya han crecido como enredaderas los delfinarios. Busquen ustedes las páginas electrónicas de los delfinarios y vean los costos por nadar con delfines, son de miles de pesos por persona en un tiempo determinado.
Uno de los problemas que se identificó es que diversos legisladores de la oposición veían con desconfianza esta propuesta del Verde, ya que normalmente usan como logros mediáticos exclusivos de ellos este tipo de propuestas legislativas. Más cuando se usa un proceso tipo carril confinado de alta velocidad para sacar sus propuestas y un carril de baja velocidad para dictaminar o no dictaminar propuestas de otros grupos parlamentarios.
Aquí la pregunta es si existe disposición para debatir de manera pública los pros y contras de acabar con los delfinarios en México. Evitando además su partidización. En lo personal creo que el legislativo no puede ser omiso y debe dar una respuesta afirmativa a un creciente sector de la sociedad, que se está movilizando para cuestionar los delfinarios y zoológicos actuales. El placer de ver nadar un grupo de delfines o cualquier otro mamífero marino en vida libre es incomparable, nada justifica mantenerlos en cautiverio. De hecho se debe educar a la ciudadanía para no demandar este tipo de espectáculos comerciales. Esto, ante las claras evidencias de que existe maltrato a los animales, a los que deberíamos cuando menos respetar, si no es que amar, como a nuestro propio prójimo. Aunque en estos tiempos nuestra compasión y amor por la naturaleza de la que formamos parte todos los animales, incluidos la especie humana es por las evidencias cotidianas muy poca.