EL-SUR

Jueves 18 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Región del mal

Federico Vite

Diciembre 06, 2016

Cerrarás los ojos para no ver, de Florentino Solano, es un libro publicado por el Fondo Editorial de Baja California, en 2013, de 75 páginas. El guerrerense, radicado en Baja California desde hace más de 10 años, reunió 17 narraciones breves en las que explora, desde diversos ángulos de un mismo eje temático, las raíces del mal, porque en cada uno de los textos (ajustados por los moldes de la parábola, por el cuento brevísimo, la viñeta literaria y, claro está, por el cuento clásico) manifiesta una preocupación que lo aproxima a un punzante crítica, a una denuncia de los vicios, del exceso y del abuso del poder. Despliega desde la noción de la injusticia un puñado de herramientas narrativas que lo aproximan al asunto que le interesa escudriñar: Metlatónoc.
Amparado en un epígrafe de Arthur Rimbaud, de donde nace el título del volumen, el autor enuncia el mundo y lo critica. Florentino retrata aspectos de una región que, ya sea por la geografía o por la indolencia del Estado, se encuentra en convulsión, ideal para un caldo de cultivo en el que todo gandalla busca de nuevas víctimas, nuevos timos, nuevas formas de salir avante en un sitio diseñado, tal como lo muestra el autor, para acrecentar el daño.
Es la geografía lo que demanda en este libro la mirada. La especificidad de ciertos actos que intentan ser ordenados, desde un canon de la narrativa breve, forma un cauce que más allá de la violencia, del abuso y de la humillación teje artificios con solvencia literaria. Florentino cuestiona la forma de impartir justicia y las múltiples maneras que existen para ejercerla por mano propia. Los registros narrativos de Solana buscan la aprehensión de los actos; cincelar en el tiempo, porque no olvidemos que básicamente un buen narrador busca eso, darle nicho a las estancias de humanidad indiscutibles con una elaboración estética. Imperantemente estéticas antes que sociológicas, no olvidarlo. Florentino sondea errores trágicos, vicios, alcoholismo, hambre, desesperación y pobreza; también, sentimientos preclaros que se ven entorpecidos por la ira, por el abuso de políticos que violan mujeres, por los hombres que no logran vengarse de ese otro que lo ha lastimado, por la gente que es usada para el regocijo de placeres caprichosos, hedonistas profesionales finalmente. Cuando el autor aborda esta veta, la del realismo, afina las herramientas que le ayudan a ver con claridad los engranajes del mal.
Otra parcela del libro es la ficción fantástica (socorrida en una variante del Das Unheimliche, eso extraño e inquietante en lo doméstico que termina por revelarse como una inercia de los hechos que protagonizan los personajes), y Florentino apuesta también por ese tranco, canónico en la literatura mexicana, a la par de un realismo sucio; el autor dialoga pues con el pensamiento mágico (como en El demonio, Dibujo a pastel, y Cuerpo roto) y la noción de lo real; pero donde más fuerza cobra su trabajo es justo al sondear el pulso violento de una masculinidad abusiva; cito algunos de los ejemplares en este libro: Una mañana triste y lluviosa, Te confieso, señor, que he sido. ¿Quién quiere matar al presidente?, Música de Aute mientras el amor y Confesión. Es en estos cuerpos narrativos en los que Florentino se permite ser completamente avasallador; desde ese púlpito, el de una ordenanza de choque contra la violencia, notamos cómo literalmente los personajes se estampan con el mundo, intentan unirse a un mosaico que los excluye constantemente. La propuesta estética, de los cuentos referidos, está más cerca de Corman McCarthy que de José Agustín, está más ligada a James Ellroy que a Sánchez Andraka, pero no hablo del dominio del oficio, sino de la condición estética en la que las honduras narrativas de Florentino, específicamente la creación de una geografía agreste, cobran una proporción feroz, contemporánea, necesaria; es decir, construye su universo personal como una extensión de varios monstruos narrativos que también se formulan preguntas sobre la justicia.
Desprovisto del inocentón pensamiento mágico, del aleccionamiento moral y del melodrama, en los textos referidos descubrimos un factor que detona hechos de sumisión: la irrupción del mal con una presencia relativamente inofensiva; en esa panorama, la lectura del libro adquiere una proporción política, no por la mención expresa del PRD y del PRI en los textos, sino por las condiciones creadas por el autor: Metlatónoc como un sitio signado por el abuso ancestral. Prácticamente todos son vencidos al tratar de erradicar ese mal, o ese daño, como gusten llamarlo; pero es en ese hecho donde lo político adquiere su punto más álgido, en mostrar el fracaso de todo aquel que ha tratado de cambiar su entorno. Se expone la condición geográfica como un método sistemático de abuso. Insisto, este libro, forma parte de una relación de hechos que buscan la redefinición de los ideales, tanto de belleza como de justicia en Guerrero.
Florentino observa también otros aspectos con menos ira; en este caso, refiero la secuencia de textos breves, no mayores de una página, que son esbozados casi como perfiles literarios, pero en realidad se trata de un asunto pasional, expone hechos para decantar una emoción y aludir al contexto sin contarlo directamente. Transcribo parte de Amor a primera vista: “Fue breve el instante. Demasiado breve para cualquiera, pero no para José. La nuera volteó hacia él por un segundo y la mirada de ella penetró en los más profundo de su ser. El muchacho sintió como si su corazón estuviera a punto de estallar y sin darse cuenta dejó caer las canicas que tenía en las manos. La muchacha siguió caminando y llorando cuesta abajo. Fue breve el instante de la mirada pero José detuvo la imagen para siempre”.
Y una perla del libro es Mejor no te mueras, donde el humor negro se expone gozosamente ante el lector. Este libro es una roca angular (tema, geografía y ambiente) que Florentino toma como eje para construir su edificio literario. Que tengan un festivo martes.