EL-SUR

Jueves 11 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Relatos nocturnos con apetencia de nouvelles

Federico Vite

Noviembre 25, 2025

Hace unos días, mientras trataba de apagar la alarma del teléfono celular, me levanté de golpe y moví algo en la endeble estructura del cuarto; del librero cayó un ejemplar que me dio justo en la cabeza (fue un libro delgado, si no me hubiera llevado la peor parte de una epifanía). Me resultó simpático el título de una colección de relatos de Alessandro Baricco: Tre volte all’alba (Italia, Feltrinelli, 2012, 94 páginas).
En las páginas iniciales, a manera de prefacio, Baricco confiesa que tras la escritura de la novela Mr Gwyn (2011) “se menciona en un breve momento el libro escrito por un autor anglo-indio llamado Akash Narayan, titulado Tre volte all’alba (2012); se trata naturalmente de un libro imaginario, cuyos eventos relatados tienen un papel secundario”. Habla de proyectos independientes; uno es novela (Mr Gwyn) y otro una colección de relatos (Tre volte all’alba).
Y agrega un aspecto más: “El hecho es que mientras escribía esas páginas me ha venido el deseo de escribir también ese pequeño libro, un poco para darle una leve y lejana secuela a Mr Gwyn y otro poco por el deleite de seguir una idea que traía en la cabeza. Así que, tras terminar Mr Gwyn, me puse a escribir Tre volte all’alba, cosa que he hecho con gran disfrute”.
Además, como una forma de advertencia, Baricco expone al inicio del volumen de cuentos Tre volte all’alba: “Estas páginas relatan una historia verosímil que no podría suceder en la realidad. Narran la historia de dos personajes que se encuentran tres veces, aunque cada una de ellas es la única, y la primera, y la última. Pueden hacerlo porque habitan un Tiempo anómalo que inútilmente buscaríamos en la experiencia cotidiana. Lo establecen las narraciones, de tanto en tanto, y éste es uno de sus privilegios”.
Lo que el lector tiene al frente no es una mera reunión de relatos, tres, sino una conjunción de múltiples escenarios posibles. Siempre hay un punto de encuentro entre un hombre y una mujer; los escenarios enfrascan conversaciones que terminan por sondear el enigma de cada estructura narrativa, superior siempre a las 20 páginas de extensión.
Para que no haya errores de interpretación, los textos carecen de título, pero en cada uno de ellos hay una intención más teatral que narrativa; no porque prevalezca el ejercicio del diálogo entre personajes, sino porque la apuesta está en recrear esas conversaciones bien elaboradas, cuyo soporte esencial es un escenario y buscan así representar las múltiples formas de un reencuentro; en este caso, las tramas devienen en un hotel, un vehículo de combustión interna y el interior de una habitación. La referencia a interior y exterior que tanto resuena en una obra de teatro, o un guion cinematográfico, tiene una tremenda importancia en estas unidades narrativas, cuya esencia está signada por la premura del amanecer. Son, dicho de otra manera, textos nocturnos que culminan al alba. El autor propone encuentros y desencuentros, como si cada posibilidad de vinculación fuera dictada por una caprichosa voz narrativa, cuya labor es eficiente, aunque el poder de las sentencias es cuasi telegráfico.
Las pocas páginas de este libro también están gradadas por una sensación de premura, una advertencia esencial para todo dramaturgo, porque es bien sabido, para los acólitos de Shakespeare, que la urgencia por representar algo significativo es una meta. Este requisito lo cumple Baricco a cabalidad durante las tres narraciones que aquí se reúnen. Pero las parejas que protagonizan estos encuentros no siempre son de la misma edad y hay algunos elementos que tensan la trama. Aparecen niños y en ellos se apoya la voz narrativa para recrear una doble eficacia en el diálogo, porque indica el sendero narrativo y explica, sin ser sobreabundante, lo que reviste cada encuentro.
El tempo narrativo de cada relato es idéntico en los tres elementos, también el tono, que agrupa Tres veces el amanecer (título en nuestra lengua, cuya traducción del italiano al español estuvo a cargo de Xavier González Rovira), y está bien cronometrado, aunque la extensión de cada unidad no sea la misma. El primero es de 26 páginas; el segundo, 24; el tercero, 27 páginas. ¿Cómo logra Baricco que la lectura de cada texto sea una experiencia atractiva si el lector ya sabe cómo va terminar? ¿Cuál es la sorpresa? Aunque tengan la misma estructura, cada relato posee un elemento de atracción definido. En el primero, una mujer; en el segundo una niña y en el tercero un niño. Son puntos de apoyo que logran desenfocar la esencia: reencuentros al alba.
Quizá el mayor logro sea la ejemplar elaboración de los diálogos, porque lejos de ponerles paja, como suele ocurrir con bastantes libros (nuevos y viejos), es que cada texto tiene un objetivo y mediante una conversación de apariencia sencilla se alcanza profundidad en los pensamientos de los personajes y gracias a eso se intuyen –porque esa es la labor esencial– los motivos de esa fuerza de atracción.
Otro asunto interesante es que los personajes no son referidos por su nombre (sólo hay una excepción), se sabe su género y algunas motivaciones, pero dan la apariencia de estar a la deriva, en busca de un horizonte en el que ya amanece y con esa luz se clarifica en el lector la historia.
No es un estilo muy común para escribir narraciones breves, pero llama la atención que un autor como Baricco se arriesgue a publicar una serie de relatos con apetencias de cuento, aunque no son del todo cuentos, pues les faltan grados de intensidad; estas unidades poseen una voluntad narrativa similar a la de las nouvelles, quieren contar in medias res una experiencia emotiva. Yo prefiero clasificarlos como relatos, pero el lector no debe esperar una sorpresa al final de cada texto –como suele ocurrir con los cuentos ortodoxos que conocemos– sino que se debe apreciar en el texto la manera en la que se cierra una historia sin estridencias, sólo con la voluntad de sugerir el final, aunque no se escriba, pero se haga patente el cierre de ciclo. Sólo un autor de oficio puede hacerlo; aunque no siempre sea un trabajo apreciado.
Tre volte all’alba me parece una buena manera de reflexionar sobre las usuales y poco comunes maneras de darle unidad temática a un libro. Quizá por ese motivo me cayó de sopetón y lo agradezco.

* La traducción de las líneas entre comillas es mía.

@FederìVite