EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Resbalón de la Cancillería

Humberto Musacchio

Agosto 09, 2021

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Jorge F. Hernández, uno de nuestros más brillantes intelectuales y hasta ayer “Agregado Cultural de México a la Embajada de España” (en realidad a la Embajada de México en España) y director del Instituto de Cultura México” en Madrid, fue cesado, dice un primer boletín de la Secretaría de Relaciones Exteriores, pese a que “su trabajo y sus aportaciones han sido muy importantes”, porque “incurrió en comportamientos graves y poco dignos de una conducta institucional que nos llevaron (¿a quiénes?) a solicitar a la Secretaría el término de su contrato”. Un segundo comunicado quitó “graves y” al primero y después circuló un “alcance”, firmado como los boletines por Enrique Márquez, director de Diplomacia Cultural de la SRE, donde dice que se dictó el cese porque el ahora despedido “se refirió en términos muy ofensivos y misóginos a quien era su jefa, la Sra. Embajadora de México en España, María Carmen Oñate Laborde”. Lo cierto es que apareció en Milenio un artículo de Jorge F. Hernández en defensa de la lectura por placer, en el que hace polvo, sin mencionarlo, a Marx Arriaga, de quien, también sin citar su nombre, salió en defensa la Cancillería tratando de quedar bien con la casa real (de México), pero lo cierto es que este tremendo ridículo ratifica la poca simpatía de la 4T por la cultura y una marcada alergia hacia el talento.

Consejo Cultural de la Cdmx

En sesión virtual, se reunió la jefa de Gobierno de la capital con los candidatos a formar parte de la Comisión de Cultura de la Ciudad de México, organismo consultivo en el que están personajes como Damián Alcázar, Horacio Franco, Luis de Tavira, Dolores Heredia, Jesús Ochoa, Armando Bartra, Francisco Pérez Arce, Leonel Durán y Paloma Saiz. Claudia Sheinbaum informó de las tareas que cumple su administración en el rubro cultural, por ahora interrumpidas o afectadas por la pandemia, en las casas de la cultura y los llamados Pilares en beneficio de los sectores con menos recursos económicos. De modo que la presencia de personajes como los citados puede contribuir a que esos trabajos se beneficien del talento, las ideas y esperemos que del contacto de esos consejeros con la gente. De paso, será indispensable elaborar y llevar a la práctica un proyecto que redunde en ingresos para los cientos o miles de trabajadores de la cultura que hoy están sin empleo.

Pobre asistencia de público

De acuerdo con la más reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), en México, en los últimos doce meses, de mediados del año pasado a la mitad del presente, 82.7 por ciento de la población mayor de 18 años no asistió a funciones de teatro, conciertos, espectáculos de danza, exposiciones, proyecciones de cine ni otros espectáculos de orden cultural. Las razones son conocidas: cierre de salas de espectáculos y temor al contagio. Si a lo anterior agregamos la brutal caída en el mercado del libro, cabe decir que la pandemia ha significado una crisis cultural tan severa como la de salud.

Un enemigo de la prensa

Beneficiado por el criterio de tener 10 por ciento de eficiencia y 90 por ciento de lealtad, un tal Sebastián Ramírez fue designado director de Comunicación Social del gobierno de la Ciudad de México. El funcionariete considera al periodismo mexicano ni más ni menos que “prensa inmunda”, “chafa”, “basura” y “fifí”, por lo cual le auguramos un inmenso éxito en su relación con los medios informativos a los que trata con tanto respeto. Otra gracia del Sebas fue decir que prefiere al patabolista Cuauhtémoc Blanco y no al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Ese tino político permitió que Ramiritos fuera candidato de Morena al Congreso capitalino, pero los ciudadanos le negaron su voto. Que los dioses del Olimpo protejan a Claudia Sheinbaum de semejante colaborador.

Los excrementos en 1790

Escribió Francisco Sedano, en sus Noticias de México, un texto que llama a valorar los avances, con frecuencia poco apreciados, de eso que llamamos la civilización: “Las calles de la Ciudad de México, antes de 1790, eran unos muladares todas ellas, aun las más principales. En cada esquina había un grande montón de basura. Con toda libertad, a cualquier hora del día se arrojaban a la calle y los caños los vasos de inmundicia, la basura, estiércol, caballos y perros muertos. No era respetada aun la Santa Iglesia Catedral ensuciándose, en sus paredes, la cerca de su cementerio (que era alta) por dentro y por fuera, estaba cercada de inmundicia en mucha cantidad, despidiendo intolerable mal olor, y cada semana se arrollaba con palas haciendo montones, y se quitaba con carros. Cualquiera, a cualquier hora, sin respeto de la publicidad de la gente, se ensuciaba en la calle o donde quería… hasta que el excelentísimo señor conde de Revillagigedo, estimulado por su mucha limpieza e infatigable celo, estableció la limpia de las calles, y los carros para recoger las basuras y los escrementos (sic) sin arrojarlos a las calles, por bando de 2 de septiembre de 1790, con lo que vino la ciudad a tener tan diferente aspecto que parece otra”.