EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Resultados de la Conferencia de Marrakech sobre cambio climático

Octavio Klimek Alcaraz

Diciembre 10, 2016

 

El miércoles 9 de noviembre, por la mañana del tercer día de la vigésimo segunda sesión de la conferencia de las Partes (COP 22) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Marrakech, sus participantes estaban impactados, como seguramente muchos de nosotros. Los resultados que se estaban dando a conocer de las elecciones presidenciales en Estados Unidos daban el triunfo a Donald Trump. No era para menos, el futuro presidente estadunidense es conocido tristemente como un negacionista del cambio climático y durante campaña declaró que fortalecería la industria de la energía a partir del carbón y los hidrocarburos.
Sin embargo, los participantes de la COP 22, sacaron fuerzas para ver hacia adelante y en sus manifestaciones trataron de ser indiferentes a estos resultados. Tanto a la posibilidad de un eventual retiro del pacto climático, como de revivir la política de adicción al carbono a través de los hidrocarburos y el carbón mineral. Trump, en sus cuatro años de mandato –esperemos no logre reelegirse– no tendrá la capacidad de revertir la tendencia global hacia una economía baja en carbón con base en las energías renovables. Es evidente que prevaleció la unidad y confianza entre los delegados de las partes.
Esto se evidencia en la denominada Proclamación de Acción de Marrakech, que un día antes del final de la reunión los 200 estados participantes firmaron. En ella, los participantes han pedido “compromiso político máximo” para combatir el calentamiento global. En la Proclamación de Marrakech la lucha contra el cambio climático tiene “prioridad urgente”.
Países como China, y otros países emergentes se comprometieron a cumplir con los objetivos climáticos. John Kerry, todavía secretario de Estado de Estados Unidos, en un largo discurso de una hora llamó a los presentes a enviar una señal clara de compromiso desde Marrakesch.
También se aprobó el borrador del trabajo del Grupo Especial del Acuerdo de París (APA, por sus siglas en inglés), encargado de preparar la entrada en vigor del tratado. El APA invitó a los países a presentar a más tardar el 30 de abril del 2017 opiniones sobre el documento. El grupo seguirá trabajando en el documento durante 2017.
Pese a la mala señal del triunfo de Trump, también se logró que al final de la Conferencia de Marrakech las delegaciones acordarán un calendario para la aplicación de los objetivos de cambio climático del Acuerdo de París.
Asimismo, se vio progreso en la redacción de las normas de aplicación o manual (rulebook) del Acuerdo de París, que se debe terminar en el 2018 y llegar al 2020 sin dificultades, que es cuando empieza a regir el acuerdo.
El 2018 permanece indiscutible en las negociaciones climáticas como un momento clave para que los países “evalúen” sus planes bajo el Acuerdo de París. Es importante porque el acuerdo nos indica que es cuando se darán los diálogos facilitadores. Éstos permitirán establecer nuevas reglas para aumentar la ambición de los países a través de sus contribuciones nacionales de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). La expectativa es que estos diálogos sean un proceso sólido, incluyente y transparente, y valoren los beneficios de una acción climática ambiciosa, que permita alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. En dicho sentido, es claro que con el nivel de los compromisos actuales de reducción de GEI, el incremento en la temperatura del planeta no logrará mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5 ºC.
Igualmente, se presentó un documento de resultados de la presidencia de la COP22, sobre el trabajo de la primera Conferencia de las Partes que han ratificado el Acuerdo de París y de la COP22, que intenta abordar temas como el rol del CMA en el 2017, el Fondo de Adaptación y el diálogo facilitador del 2018, entre otros temas.
En la COP 22, se siguió discutiendo sobre las necesidades del financiamiento. Es importante destacar que en Marrakech se estableció una hoja de ruta para que los países desarrollados logren movilizar 100 mil millones de dólares anuales a partir del 2020 a través del Fondo Verde para el Clima (FVC) y se recomendó mejorar el acceso y simplificar los procesos de aprobación de propuestas. El FVC cuenta actualmente con 67 mil millones de dólares.
También en Marrakech se dio a conocer que el 80 por ciento del financiamiento ofrecido por los bancos multilaterales está enfocado en mitigación y únicamente 25 por ciento en adaptación. Esto en cierta forma es comprensible, ya que en la medida de que se mitigue más, las necesidades de adaptación decrecerán, y en consecuencia las pérdida y daños por cambio climático se reducirán.
Sin embargo, el informe sobre la brecha financiera de adaptación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2016), estima, que los países en vías de desarrollo requieren entre 56 a 73 mil millones de dólares anualmente, y el monto crecerá a entre 140 y 300 mil millones de dólares en solamente 13 años. Algo se logró, aunque insuficiente, ya que se entregaron al Fondo de Adaptación 81 millones de dólares, con contribuciones de Alemania, Suecia, Italia y las regiones Walona y Flamenca de Bélgica. El Fondo tiene disponible actualmente 230.5 millones de dólares. Es decir, los compromisos actuales al Fondo de Adaptación contribuirán a la disminución de un 0.1 por ciento de la brecha del financiamiento requerido.
Con relación al tema de pérdidas y daños, durante la COP 22 se implantó un nuevo marco quinquenal para el mecanismo internacional de Varsovia para las pérdidas y daños, que atenderá los impactos que no sean gestionados a través de la adaptación planificada, como por ejemplo, el desplazamiento, la migración y movilidad humana y la gestión integral de riesgos.
En la COP 22, México junto con Alemania, Estados Unidos y Canadá fueron los primeros países en presentar su estrategia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero al 2050. México asume el compromiso de reducir en un 50 por ciento sus emisiones de GEI, para el año 2050 tomando como base su medición del año 2000. Estados Unidos presentó una ruta para reducir sus niveles de emisión al 2050 en 80 por ciento o más, tomando como base sus emisiones al 2005 y la meta de Alemania es neutralizar en gran medida sus GEI para la mitad del siglo.
Además, como buena noticia se recibieron 23 millones de dólares para el Centro y Red de Tecnología del Clima (CTCN, por sus siglas en inglés), que apoya a los países en desarrollo en temas de asistencia técnica y transferencia de tecnología para la mitigación y adaptación ante el cambio climático. Obvio, el recurso es también insuficiente para las necesidades.
La próxima COP 23 del 2017 se hará en Bonn, Alemania, y estará presidida por Fiyi, país insular víctima del cambio climático. Será interesante conocer si con su presidencia y el apoyo de Alemania, se sale de las insuficiencias de la COP 22 de Marrakech. Esto, antes a la COP 24 del 2018, que será clave para el cumplimiento del Acuerdo de París.
Finalizó, queda comentar lo dado a conocer en medios informativos, de que Donald Trump, nombrará a Scott Pruitt, cercano a la industria de las energías fósiles y gran escéptico del cambio climático, a la cabeza de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por su acrónimo en inglés). Así que debemos entender que nuestros peores temores para el planeta, Estados Unidos y México están por cumplirse en los próximos cuatro años.