EL-SUR

Sábado 13 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Revolucionando conciencias

Silvestre Pacheco León

Diciembre 06, 2021

Muy temprano se levantaron los miles de mexicanos que llegaron al zócalo de la ciudad de México para escuchar el mensaje del presidente el primero de diciembre, cuando se cumplen tres años de su toma de posesión.
Todos los guerrerenses que iban en el viaje lo hacían con la alegría de participar en la fiesta cívica a la que fueron convocados para reunirse masivamente después del prolongado confinamiento por la pandemia del coronavirus.
Eran parte de los protagonistas del cambio verdadero quienes ese miércoles madrugaron y desayunaron en el camino para festejar la proeza de haber vencido al régimen neoliberal del PRIAN, causante de todas las calamidades nacionales, por eso sus porras, aplausos y vivas no dejaron de oírse durante el tiempo que duró el discurso de Andrés Manuel López Obrador.
Y es que el triunfo electoral del 2018, a pesar de que las encuestas sobre las preferencias electorales durante la campaña siempre dieron como puntero al líder de Morena, no dejó de ser una sorpresa para las élites que se creían inamovibles del poder, confiadas en que su aparato de hacer fraude operaría como lo hizo en el 2006 y el 2012.
En 2018 los conservadores fueron víctimas, ahora lo saben, de su propio engaño porque nunca creyeron en el poder del voto libre y menos en que más allá de los partidos políticos y las diferencias ideológicas, 30 millones de mexicanos, sin tomar acuerdo sobre ello, se hubieran decidido a botarlos al basurero de la historia para cambiar el rumbo del país.
Es la historia que anticipó el escritor portugués José Saramago en su novela Ensayo sobre la lucidez, porque fue el hartazgo ante el cinismo y la corrupción de los gobiernos neoliberales lo que despertó la conciencia y realmente unificó a los mexicanos para optar masivamente por las propuestas electorales del llamado Mesías Tropical, como despectivamente lo calificó su enemigo declarado, el escritor Enrique Krauze.
La actitud de los conservadores ante el voto de los treinta millones de mexicanos a favor del cambio en 2018 es semejante a lo descrito por el Premio Nobel de literatura portugués en la novela mencionada, pues en lugar de que lo sucedido los hubiera convocado a la reflexión y a la contrición provocó su ira y hasta inventaron la descabellada idea de que la oposición de izquierda había recibido apoyo extranjero para ganar conciencias, reviviendo la famosa leyenda del oro que viene de Moscú, aderezada con la falsedad de la intromisión del gobierno venezolano en nuestras elecciones.
Como nunca creyeron que el régimen neoliberal se había agotado por sus propios excesos, los conservadores todavía después de haberse confirmado el triunfo electoral de la izquierda confiaban en que el gobierno norteamericano vendría en su ayuda para salvarlos sin entender que los tiempos de los regímenes de fuerza ya cambiaron y que el poderoso gobierno del norte estaba al tanto del grado de corrupción que llevó al régimen del PRIAN a convertirse en cómplice del crimen organizado sin entender que eso era poner en riesgo la propia seguridad interna de nuestros vecinos.
Con tantos años en el poder la confianza los perdió y tarde se dieron cuenta que el apoyo del imperio no lo tenían en exclusividad como ocurría en la época de la Guerra Fría.
El gobierno del norte, atento a lo que ocurre en nuestro país, no miró que con el cambio que se avecinaba sus intereses estuvieran en riesgo y más bien asumió que le convenía la estabilidad democrática que expresaba, pues tampoco le hacía gracia el tamaño de la corrupción y la voracidad de los conservadores que con sus excesos estaban creando las condiciones para una revolución, porque en ese régimen se había borrado la raya de separación que debe existir entre autoridades y delincuentes, como se demostró con la detención del jefe de seguridad mexicana en la época del calderonismo quien estaba al servicio de los cárteles del narcotráfico y del propio titular de la Sedena en el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuestionado también al respecto.
La nueva actitud de nuestros vecinos se demostró en el apoyo a favor de las iniciativas para el de-sarrollo regional que el actual gobierno mexicano les ha planteado para no dejarse avasallar por la estrategia comercial de China, proponiendo impulsar la industria como parte del T- Mec para aprovechar el mercado continental y crear una alternativa de empleo para los migrantes desplazados por la inestabilidad en sus países.
Recordemos que en la nueva relación de poder Estados Unidos ya no recurre al método de la fuerza para imponerse. Hace ya muchos años que su estrategia cambió y los militares dejaron de ser la correa de trasmisión para alinear a los gobiernos del continente a los intereses norteamericanos.
A partir de la década de los ochenta las academias militares como la Escuela de las Américas en Fort Benning de Columbus y la del canal de Panamá dejaron de funcionar como centros de formación ideológica de los ejércitos golpistas, trasladándose el control a las universidades prestigiosas como Harvard, Yale, Princeton, donde se formaron los nuevos gobernantes neoliberales quienes en lugar de las condecoraciones sobre el pecho llevaban en sus portafolios los diplomas con sus maestrías y doctorados que los acreditaban como tecnócratas, habilitados para imponer el modelo norteamericano de desarrollo el cual, por principio de cuentas, solo sabe interpretar con números y estadísticas la realidad y no reconoce más que las fuerzas del mercado sobre el Estado como medio para resolver cualquier problema de tipo económico.
Los egresados de esas universidades fueron los responsables del crecimiento de la desigualdad en nuestro país, quienes retiraron todos los apoyos al campo para provocar la emigración campesina de estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas porque con el pensamiento del diputado Gabriel Quadri, eran el obstáculo para el desarrollo del país.
Los tecnócratas fueron también los responsables de las devaluaciones y el rescate de los banqueros a costa de reducir el poder adquisitivo del salario y de aumentar la dependencia a través de la deuda externa que se hizo eterna e impagable.
Ahora, desconsolados los conservadores muestran su enojo y su ira contra quienes los derrotaron sin darse cuenta que para su sobrevivencia deben aprender a convivir en el nuevo régimen y colaborar devolviendo lo que se robaron.
Quienes con justa razón están considerados como los protagonistas del porvenir son los que están revolucionando las conciencias para aumentar el número de mexicanos que respaldan la gestión del presidente, los cuales tuvieron cien razones para asistir y celebrar masivamente en el zócalo de la ciudad de México los cambios que han devuelto la confianza en el futuro regresando satisfechos a su lugares de procedencia después de escuchar noticias halagadoras como fue la aprobación del presupuesto con el apoyo mayoritario de los diputados, el incremento del número de beneficiarios por los programas federales, con recursos que no se agotan porque son el fruto del trabajo de los millones de mexicanos que se manejan con pulcritud y transparencia.
Desde ahora estamos de fiesta porque el año próximo seremos autosuficientes en gasolina y rescataremos plenamente los recursos energéticos a través de Pemex y CFE. Se abaratará la luz y el combustible, habrá vacunas para todos y mejorarán los servicios de salud, aumentará el salario mínimo y estrenaremos el súper aeropuerto Felipe Ángeles.