EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ricardo Anaya, un extranjero en México

Silber Meza

Marzo 20, 2021

Ricardo Anaya ha emprendido una aventura por México: visita sus ciudades, recorre sus calles oscuras, charla de los problemas con la gente, utiliza el transporte público, se da cuenta de la pobreza que existe, se asombra con la desigualdad. A veces parece que es un habitante de Escandinavia descubriendo el México profundo.
Busca pasar noches en casas de gente de bajos ingresos para tratar de entender lo que viven. Es, sin duda, una intensa precampaña electoral pero con una involuntaria autenticidad, al darse cuenta que si no comprende lo que sucede con más de la mitad de los mexicanos nunca podrá ser presidente. Seguramente el llamado “chico maravilla” se preguntó: si soy inteligente, si tengo un discurso perfecto, si mi expresión oral es clara y fluida, si tengo las mejores propuestas para México, ¿por qué me ganó Andrés Manuel López Obrador?
Entonces decidió hacer lo mismo que hizo López Obrador: recorrer el país.
Anaya siempre criticó al ahora presidente de la República sobre el dinero que éste utilizó para mantenerse en gira permanente con una frase que los panistas y priistas repitieron hasta el cansancio: ¿de qué vive? Esa pregunta tenía cierto fundamento porque la transparencia nunca ha sido el fuerte de AMLO. Sin embargo, esa misma pregunta hoy aplica perfecto para el joven panista: ¿de qué vive y quién paga las giras?
Anaya viaja por el país y graba videos con una cámara que parece no profesional, con tomas movidas, a veces descuadradas, pero es claro que sigue un guión bien definido y estudiado.
No podía ser de otra manera. Es parte de su estructura básica: calcula todo antes de decirlo. Es su cualidad y también su debilidad frente a la conexión social. Por ejemplo, aparece en un parque eólico en construcción y con la misma ropa se le ve en un video editado en la termoeléctrica de Salamanca; de un lugar a otro manda a cambiar de sitio con un “ahora déjeme regresar al aerogenerador” y la imagen lo ubica de nuevo en el parque eólico. Después dice: “La reforma que aprobó Morena prefiere esto (imagen de termoeléctrica contaminante) a eso (señala los ventiladores gigantes)”. Más tarde hace un juego de comparaciones con los dos sitios, lo que sólo se logra con un guión preestablecido.
El excandidato presidencial del PAN suelta datos duros. Es didáctico. Lanza frases perfectas para calificar al gobierno de AMLO de estar anclado en ideas del pasado: “es como regresar a los tiempos en que mandábamos cartas y telegramas, cuando no había WhatsApp y correo electrónico”.
Pero sus videos, aunque no pasan desapercibidos y logra ser tendencia de vez en vez, aún no logran el extraño impacto de clips como el de AMLO persiguiendo una paloma que nunca logra alcanzar.
Un video que lo perfila a la perfección es el publicado el 3 de marzo pasado. Acompañó a Yadira, a quien le dice Yadi, en su trayecto de dos horas y media para llegar a la clínica 41 del IMSS: “en combi, en Metro, para que ustedes vean el esfuerzo que ella hace” para servir en el hospital. Y narra como experiencia insólita que se queda a dormir en su casa y se despierta a las 4:30 de la mañana; después camina media hora para llegar a la combi y le dice: “así empieza entonces tu camino”. Él intenta comprenderla.
El más reciente video publicado en sus redes sociales trata sobre su viaje de Chihuahua capital a Ciudad Juárez. Lo sorprende un fuerte aire terregoso y explica que hay tolvaneras en la ruta, como si fuese un descubrimiento. Ya en Ciudad Juárez, Anaya charla con habitantes que le cuentan los efectos de una frontera cerrada por la pandemia de Covid-19, le reclama al gobierno mexicano como si fuera su decisión unilateral y explica –para él mismo– que Juárez y El Paso son una misma ciudad… algo que es elemental para cualquiera que conozca la zona.
Anaya viaja por el país como un explorador, revelando a México, visitando México, como una persona de un país desarrollado asombrado por las penurias que pasan las y los mexicanos. Como un extranjero en su propio país.