Octavio Klimek Alcaraz
Septiembre 13, 2025
La quema de combustibles fósiles está provocando que el planeta se caliente, lo cual tiene efectos desastrosos para su viabilidad como lugar habitable y para el mundo natural del cual dependemos para vivir. Para contener el calentamiento global, es necesario descarbonizar de manera rápida y profunda las emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI). Con ideas innovadoras, la ciencia ha solucionado una y otra vez numerosas crisis.
Sin embargo, algunos investigadores buscan evitar las propuestas de otros que, supuestamente, pretenden salvar el mundo. Ciertos ingenieros y científicos argumentan que el objetivo de descarbonización no se logrará para mediados de siglo. Por ello, sugieren enfocarse en soluciones tecnológicas de geoingeniería o intervenciones climáticas que podrían ocultar o retrasar algunos efectos del calentamiento global.
Con frecuencia se menciona la necesidad de detener el calentamiento en las zonas polares, ya que están experimentando velocidades de calentamiento superiores a la media global. Esto tendrá efectos graves e irreversibles no sólo a nivel local, como en los ecosistemas vulnerables, sino también a escala global, como el aumento del nivel del mar. La vida, tal como la conocemos, depende de las condiciones que generan la Antártida y el Ártico. Estas regiones controlan la temperatura global, establecen el nivel del mar y mantienen la salud de todos los océanos del planeta junto con sus especies. Sin embargo, el calentamiento global está provocando que los casquetes polares se calienten más rápido que cualquier otra zona del planeta. El aumento de la temperatura está afectando a los glaciares, la nieve y el hielo marino. Algunas de las consecuencias de esta pérdida de hielo podrían ser tan catastróficas que el planeta experimentará cambios durante milenios.
Aunque existen diversas ideas de geoingeniería para las zonas polares, estas no han sido estudiadas en profundidad por la comunidad científica polar ni se han incorporado a una interpretación de la dinámica y las respuestas polares. Esta urgente necesidad ha dado origen a propuestas ambiciosas para prevenir, o al menos posponer, el deshielo de los polos: cortinas marinas gigantes, capas de perlas de vidrio que protegen el hielo marino, fertilización oceánica o la manipulación de los rayos solares. Todas estas ideas se engloban en el concepto de geoingeniería y son objeto constante de feroces críticas.
Al respecto, un grupo de 42 prestigiosos investigadores polares internacionales ha expresado nuevamente su oposición hacia las tecnologías de geoingeniería. En un artículo publicado el pasado 8 de septiembre en la revista científica Frontiers in Science, titulado Proteger las regiones polares de la geoingeniería peligrosa: una evaluación crítica de los conceptos propuestos y las perspectivas futuras, se afirma que los métodos sugeridos son extremadamente riesgosos (https://www.frontiersin.org/journals/science/articles/10.3389/fsci.2025.1527393/full).
En el artículo se examinan cinco de estos conceptos de geoingeniería polar: (I) inyección de aerosoles estratosféricos (SAI); (II) diques o cortinas marinas; (III) administración del hielo marino, que supone alterar el albedo y espesar el hielo marino; (IV) disminuir la corriente de la capa de hielo por medio de la supresión del agua basal; y (V) fertilización oceánica. La evaluación se organiza en torno a seis categorías: la viabilidad, el costo, la gobernanza en relación con su implementación a gran escala, las consecuencias negativas, la eficacia y el alcance de implementación, que abarca tanto el Ártico como la Antártida. Aunque estas categorías se mantienen en todos los casos de estudio, cada propuesta cuenta con aspectos éticos, logísticos y tecnológicos únicos que son examinados minuciosamente en sus respectivas secciones.
A continuación, se presentan un par de ejemplos de las medidas de geoingeniería evaluadas en el estudio.
Aumentar el albedo, el caso de las perlas de vidrio en cantidades poco realistas
La investigación critica el planteamiento de esparcir perlas de vidrio huecas y flotantes, del tamaño de un grano de arena, para incrementar la reflexión de los casquetes polares, que se está disminuyendo a causa del derretimiento. Este fenómeno, denominado efecto albedo, tiene su fundamento en que el hielo brillante hace un reflejo de la energía del sol, lo que enfría el planeta. Sin embargo, en el momento en que la nieve se funde, tanto el agua como el hielo más oscuro absorben mayor cantidad de energía, lo cual origina un incremento del calentamiento en las áreas polares. Se prevé que las perlas detengan este procedimiento, pero su fabricación necesitaría un consumo energético elevado. Asimismo, podrían ser consumidas por organismos diminutos como el krill, lo cual tendría un impacto en las cadenas alimenticias. Como con otras tecnologías de geoingeniería, las cuentas no se paralizarían en las fronteras de cada país. Esto plantea interrogantes legales que tienen que resolverse antes de realizar una operación en gran escala.
El caso de la fertilización oceánica
La fertilización oceánica es un método de geoingeniería que consiste en introducir nutrientes, entre ellos el hierro, en las aguas superficiales del océano con el objetivo de promover la fotosíntesis y elevar la absorción de CO2. Se prevé que el carbono fijado, con el tiempo, termine en el fondo del océano. No obstante, esta técnica esconde incertidumbres considerables porque no existe la posibilidad de manejar cuáles especies de fitoplancton serán estimuladas, lo que tiene el potencial de modificar tanto la composición de las especies como la eficacia del pastoreo del zooplancton. Estos cambios podrían tener un impacto en la transferencia de energía y en la dinámica trófica del ecosistema marino.
De las conclusiones sobre la geoingeniería
Conforme a la valoración del estudio, ninguna de estas propuestas de geoingeniería cumple con los requisitos para ser implementadas en las siguientes décadas. En cambio, se piensa que las ideas sugeridas serían perjudiciales para el medio ambiente. No cabe duda de que las perspectivas examinadas no son factibles y que seguir investigando estas técnicas sería una utilización ineficaz de un tiempo y unos recursos escasos. Es esencial que estas ideas no aparten el enfoque de la prioridad de disminuir las emisiones de GEI, ni del requisito de llevar a cabo investigaciones fundamentales en las zonas polares.
Se enfatiza que estos métodos de geoingeniería polar son muy costosos, se requerirían cientos de miles de millones de dólares en costos iniciales, además de décadas de mantenimiento continuo, ambos de los cuales no están actualmente disponibles y es muy poco probable que sean asegurados necesariamente a corto plazo para hacer frente al cambio climático.
Además, generan la ilusión de que las tecnologías podrían solucionar el problema del cambio climático. Los investigadores afirman que los recursos destinados a estas medidas podrían dirigirse a optimizar las estrategias climáticas ya existentes.
Asimismo, en el texto se comenta que las regiones polares tienen además complejos marcos de protección ambiental y gobernanza que probablemente rechazarían los trabajos de geoingeniería polar sobre el terreno y los proyectos a gran escala. La geoingeniería podría ser utilizada incluso como una estrategia para crear la ilusión de una solución climática sin comprometerse con la descarbonización.
El nuevo estudio es una buena visión general de las deficiencias de los procesos que se han comunicado hasta ahora sin ser analizados críticamente. Los autores del estudio tienen preocupaciones que son muy debatidas entre los investigadores polares y están justificadas. El dilema, no obstante, es que gran parte de estas ideas de geoingeniería vienen de individuos que tienen un escaso conocimiento sobre la dinámica física o biogeoquímica de las zonas polares.
Con frecuencia, los riesgos políticos y los asuntos financieros de los procedimientos también se pasan por alto. Por ende, es fundamental analizarlos de la manera en que lo hace el nuevo estudio. Hay una enorme inquietud en buena parte de la comunidad científica de que se confíen las expectativas en tecnologías que son ineficaces o incluso perjudiciales. De todos modos, los miles de millones de dólares que costaría la geoingeniería podrían utilizarse en el tránsito hacia la neutralidad climática. Esto también beneficiaría a las zonas polares.
El estudio señala que la única salvaguarda sensata para el clima y las regiones polares es disminuir las emisiones de GEI a cero lo más pronto posible. Si no se consigue proteger el clima, la geoingeniería podría ser nuestra última opción. Sin embargo, seguir combatiendo los síntomas en vez de las causas sigue siendo un método costoso.
En conclusión, la mejor manera de minimizar el riesgo y los daños del cambio climático es mitigar sus causas mediante una descarbonización inmediata, rápida y profunda, en lugar de intentar intervenciones en ecosistemas polares frágiles.