EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Roberto Borge, el mirrey que se apoderó de Quintana Roo

Silber Meza

Enero 06, 2018

Roberto Borge apenas tenía 32 años cuando asumió la gubernatura de Quintana Roo. Playas paradisiacas, cenotes, centro de prostitución, lavado de dinero, migración internacional. Cancún y la Riviera Maya eran todo lo que un junior podía pedir, más si era gobernador.
Borge llegó como parte del “nuevo PRI”, ese de la “sangre nueva”, de las “grandes ideas”, del “cambio”. Junto con él también llegaron Javier Duarte a Veracruz, y Roberto Sandoval a Nayarit. Todos han terminado con enormes escándalos de corrupción y con denuncias.
El padre de Roberto Borge no fue una persona tan renombrada como sí lo fue su tío, Miguel Borge Marín, también ex gobernador del estado. Pero su padrinazgo mayor no vino del ámbito familiar: Roberto fue secretario particular del ex gobernador Félix González Canto, se ganó su confianza y lo hizo tesorero y más tarde gobernador.
Claro, no fue gratis. Su primer trienio de gobierno, Borge estuvo casi atado de manos por tanta influencia que González Canto ejercía en su administración, así lo cuentan diversos hoteleros, comerciantes y conocedores de la política de Quintana Roo.
Cuando trabajé para Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), viajé varias veces a Quintana Roo para conocer la historia del joven egresado del Tec de Monterrey. Diversos periodistas me contaron que González Canto guardó para él todo aquello en lo que un gobernador tradicional podía hacer negocio, por eso Borge buscó otras fuentes de ingresos más radicales: despojos de bienes de manera indiscriminada, el uso de una aerolínea de estado como si fuera particular, autoventa de las reserva territorial del gobierno a precios irrisorios, privilegios a su línea náutica Barcos Caribe, entre tantas otras formas.
El ex gobernante detenido en Panamá, recién extraditado a México, logró imponer terror en la población. Los habitantes que se animaban a realizar alguna crítica se sentían espiados aunque no fueran figuras públicas. El narcotráfico creció, pero se controló a medios con dinero o se mandó el garrote a los disidentes. Era un mirrey con capacidad para movilizar a miles de policías a placer, de torcer al Poder Judicial y de modificar leyes a su gusto.
Mientras los ciudadanos de Quintana Roo sufrían su hierro, él no sólo inventaba nuevas formas de atraco al erario, también viajaba por el mundo (Berlín, Londres, París, Madrid, Dublín, Colorado, etcétera) e invitaba a artistas y deportistas famosos, como Lionel Messi, Sofía Vergara, Antonio Banderas, Paulina Rubio, Juan Gabriel, Shakira, y más.
Ahora Roberto Borge se halla muy lejos de lo que fue hasta hace unos meses. Este jueves autoridades mexicanas lo trajeron a México, extraditado de Panamá. Llegó con al menos 20 kilos menos, ojeras pronunciadas, palidez, y por primera vez un dejo de temor en la mirada.
La PGR lo acusa de lavado de dinero y la Fiscalía de Quintana Roo de tres delitos más: peculado, aprovechamiento ilícito y ejercicio indebido de la función pública.
Este es uno de los momentos más importantes del proceso. Será muy interesante ver las fortalezas de las investigaciones, tanto de la federal como de las locales, para conocer el alcance de la pena que podría recibir el ex gobernador. Si los expedientes no están bien integrados –premeditada o accidentalmente–, Borge saldrá pronto de la cárcel, y la simulación de justicia se habrá concretado; si no, por fin se sentará un precedente importante que, al igual que el caso del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, inició desde abajo, desde la presión social.