EL-SUR

Jueves 02 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Rocha: el Duarte, el Borge de la 4T

Silber Meza

Febrero 01, 2025

Si usted abre un periódico editado en Ciudad de México, de ésos a los que llamamos nacionales, es muy probable que lea una columna, o vea un cartón, un trascendido, una opinión crítica sobre el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Es casi unánime la crítica al mandatario sinaloense. Y no, no es porque los medios –que son competencia– se hayan puesto de acuerdo, sino porque el exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa se ha convertido en un político indefendible, un gobernante que ha sumado agravios de forma rápida, a granel.
El escenario de hoy era sumamente improbable antes del 25 de julio de 2024, cuando Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo Guzmán, secuestró a Ismael Zambada García, alias El Mayo. Mismo lugar y momento donde asesinaron al líder universitario opositor a Rocha, Héctor Melesio Cuén Ojeda.
Rocha gozaba de altos niveles de popularidad y de credibilidad. La razones, que tal vez hoy parezcan de un multiverso diferente al que habitamos, tenían claros fundamentos. Rocha forjó su historia en dos mundos distintos: primero, en la izquierda universitaria, como líder sindicalista, profesor de preparatoria y rector de la UAS cuando la izquierda tenía fuerte presencia universitaria; y segundo, como asesor y funcionario de gobiernos priistas, como jefe de asesores del priista y neoliberal gobierno de Jesús Aguilar Padilla, después como funcionario del gobierno federal de Enrique Peña Nieto, y más tarde como jefe de asesores, nuevamente, del gobierno priista y también neoliberal de Quirino Ordaz Coppel. Luego se hizo senador por Morena y gobernador.
Entonces, Rocha tenía buenas amistades ancladas en la izquierda sinaloense y grandes intereses fincados en los gobiernos neoliberales del PRI en Sinaloa. No sólo logró el respaldo de Morena y Andrés Manuel López Obrador, también conquistó la poderosa estructura priista y los favores de una parte amplia del poder económico sinaloense que regularmente se había opuesto a Morena y a la izquierda.
Con tantos apoyos a su alrededor, era lógico que gozara de buena popularidad y arrasara en la elección, como lo hizo. Fue justo en esa contienda donde se sembró la semilla del desastre. Hubo serias acusaciones políticas y documentaciones periodísticas de que el Cártel de Sinaloa operó a su favor en esos comicios, una operación que sinceramente no necesitaba. Tal vez no se trataba de ganar, sino de aplastar, o tal vez ni siquiera pidió el favor, pero los testimonios indican que aun así se lo hicieron.
Antes del 25 de julio, Sinaloa se hallaba por debajo de la media nacional en homicidios y en el estado crecían las inversiones, pero ese día todo cambió: la carta que días más tarde envió El Mayo donde dijo que le habían asegurado que él se reuniría con Los Chapitos, Cuén y Rocha en el mismo lugar del secuestro tuvo más credibilidad social y legal –la Fiscalía General de la República avaló su contenido–, que la que versión que emitió el propio Rocha. Según el sinaloense, ese día, en un jueves laboral, tomó un avión privado para irse sin razón aparente a Estados Unidos. Simple y sencillamente nadie la creyó.
A esto le siguió una crisis de seguridad que no ha podido ser detenida. La gente no sale de noche, tiene miedo. Los negocios están quebrando. La economía va a pique. Los homicidios se triplicaron y se percibe el hartazgo en la sociedad. Ya son tres manifestaciones en su contra en las últimas dos semanas: “¡Fuera Rocha!” se grita de manera recurrente.
También la presidenta Claudia Sheinbaum ha cambiado su postura sobre Rocha. De apoyarlo sin cortapisas, como lo hacía López Obrador, ha pasado a decir que simplemente se coordina con él… y hasta allí.
Hoy Rocha se encuentra “tocado”, como se dice en la política, en una situación en la que ningún político quiere estar, en una posición indefendible. Así, en esa posición, estuvieron Javier Duarte, de Veracruz, y Roberto Borge, de Quintana Roo. Los gobernadores priistas que encabezaban el nuevo y joven PRI de Peña Nieto y que se convirtieron en los ejemplos más claros de la corrupción priista que nunca se fue.
A pesar de que al gobierno de Rocha sí se le han documentado actos de corrupción, al menos en la prensa, y de opacidad, exhibida por organizaciones civiles como Iniciativa Sinaloa, la mala fama que carga el exuniversitario no es tanto por corrupción como por su presunta relación con el crimen organizado.
Y aunque es verdad que esta vinculación no se ha comprobado, es igualmente cierto que la gente la cree, y eso es suficiente para que continúe el grito culichi de “¡Fuera Rocha, fuera Rocha, fuera Rocha!”.