Adán Ramírez Serret
Noviembre 28, 2025
En días recientes, he tenido la fortuna de que cayera a mis manos el libro Educar para pensar, de Rodolfo Vázquez (Buenos Aires, 1956); obra cuyo subtítulo es Del Emilio a la era digital.
Hace alusión, por supuesto, a la obra del filósofo Jean Jaques Rousseau en donde se plantea con mucha fuerza en la modernidad, la forma de educar a los seres humanos. Sin ser un erudito en el tema, ni mucho menos, para buscar una preocupación semejante, habría que ir algunos milenios atrás a la Republica de Platón que se preocupaba por la formación humana de parte del Estado.
Quien sí es un erudito en el tema y nos va llevando por las vertientes filosóficas de la educación, es Rodolfo Vázquez, quien nos conduce por la complejidad de Rousseau, sus diferentes textos y el pensamiento de la época y, por supuesto, por el asunto central que es por demás apasionante: ¿cómo se puede o se debe educar a un ser humano para que sea una persona autónoma, pensante? El sueño, creo, de cualquier sociedad soñada por muchos idealistas, habría que apuntar, a la cual, desde luego, me adhiero.
El libro es un recorrido por los últimos trescientos años y las obras que desde la filosofía se han propuesto reflexionar y aventurar hipótesis sobre la forma ideal de educar a esta especie que somos, la cual a diferencia de todas las demás, es necesario formar, pues hay un instinto muy potente y unos genes que nos condicionan, pero una parte fundamental de la especie se conforma en los primeros años de vida, por lo que en la era moderna, dependemos profundamente de en donde hemos crecido, y de forma radical, cuál ha sido nuestra educación, dentro y fuera de la escuela, por supuesto.
Al poner este tema sobre la mesa es inevitable pensar en la propia educación: ¿Fui educado para pensar? ¿Sé pensar, acaso? ¿Cómo saber si sé pensar o soy un mero repetidor de las cosas que he escuchado? Por supuesto que son preguntas sumamente difíciles, muy solemnes y a las cuales es mejor enfrentar con el humor involuntario de la realidad. De la biografía de quienes crecimos en México y fuimos educados aquí. Pues, pocos años he conocido tan tristes como los que pasé en la educación básica.
Platicar mi día a día en el presente, siempre resulta un tanto pedante, porque paso la mayor parte del día leyendo y escribiendo. Lo usual es que fuera producto de haber amado siempre la escuela y de haber sido un ratón de biblioteca, que, por cierto, lo fui, pero de manera tardía y lo más lejana posible a la escuela. Decía que no me la pasé bien en la primaria; lo extraño es que no fui a una escuela militarizada ni mucho menos, sino a una escuela Montessori, pero lejos de sentirme libre o creativo, la sensación era de mera tiranía y cero amor al conocimiento, incluso a los sentimientos humanos, pues todo era motivo de burla. Quizás, producto de aquellos años, es que detesto el pensamiento pequeño burgués. Y en donde descubrí o me preocupé por pensar, por generar un gusto por la vida, fue en soledad y ni remotamente en la primaria o secundaria, nunca fui a la preparatoria. Lo que viene a cuento, pues, con la educación, con el impulso para pensar nunca fueron ni vagamente parte de las instituciones educativas en las que estuve hasta antes de llegar a la universidad, en donde, ahí sí, fue el conocimiento, los libros en específico, lo que se amaba.
Cuento esta historia personal porque me ha hecho profundamente feliz leer Educar para pensar, aunque suena bastante soñador concebir en este mundo escuelas que sirvan para eso, sí que es apasionante lo que se ha escrito y reflexionado sobre esto. En especial, para mí fueron bellísimas las páginas en donde se alude a Schiller, aquel proto romántico para quien la educación jamás debía tener nada de tiránica y más bien todo debía estar relacionado con el juego, escribió, dice Vázquez: “Cuando ríe el ser humano ‘juega con la belleza’”. Esta escuela de pensamiento alemana de hace doscientos años, pensaba lo que ahora se hace en países como Finlandia, en donde la parte lúdica crea un fundamento para ser libre, que, para muchas personas, es indispensable para pensar.
Rodolfo Vázquez, Educar para pensar: del Emilio a la era digital, Madrid, Trotta, 2025. 319 páginas.