EL-SUR

Lunes 03 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Rosa Luxemburg

Octavio Klimek Alcaraz

Enero 19, 2019

 

 

“La libertad es siempre la libertad del que piensa diferente” (Freiheit ist immer die Freiheit des Andersdenkenden), es una famosa frase de Rosa Luxemburg escrita en su libro La Revolución Rusa, que en todo momento hay que reinvindicar.
La frase la escribo, debido a que el pasado 15 de enero se cumplieron 100 años del asesinato de Rosa Luxemburg en Berlin, una de las mujeres más importantes del pensamiento socialista. Nacida el 5 de marzo de 1871, en Polonia, posteriormente en 1898 obtuvo la ciudadanía alemana, al casarse con Gustav Lübeck. Ella fue líder de la liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.
En enero de 1919, había una verdadera revolución en Berlín. Después de la terrible derrota de la Primera Guerra Mundial, el emperador Guillermo II había abdicado, siendo sustituido por un gobierno de corte socialdemócrata con aliados en la derecha. Ellos deseaban tener orden previo a las elecciones, que darían el nacimiento de la República de Weimar. Para ello, usaron al ejército y a grupos paramilitares de soldados desmovilizados, los denominados Cuerpos Libres en contra de los sublevados espartaquistas, que lideraban Luxemburg y Karl Liebknecht, su compañero de batalla. Se pretendía derribar la recién nacida República de Weimar e implantar un sistema comunista semejante al establecido en Rusia tras la Revolución de Octubre de 1917. Pero, la sublevación fue aplastada a sangre y fuego, y sus líderes asesinados. Momentos antes del asesinato de Luxemburg fue asesinado Liebknecht. Las narraciones de la muerte de Luxemburg a manos de estos paramilitares indican que fue cruel, con golpes de culatazos y rematada a tiros. Para finalmente ser arrojada en una bolsa a un canal del río Spree. Un par de semanas después se encontraría su cuerpo.
Indudablemente, la muerte de Luxemburg y Liebknecht, ahondo la división entre los socialdemócratas y los comunistas alemanes. Eso tuvo como consecuencia la llegada de Hitler y los nazis en 1933 al poder con todas las terribles secuelas para la humanidad. Al día de hoy la socialdemocracia camina por su lado y los comunistas por otro. Malo para las izquierdas de este mundo y bueno para la derecha.
Luxembug fue una crítica certera y aguda, que desde un principio se opuso a la Primera Guerra Mundial, al ser, cómo se demostró, una guerra imperialista, donde millones de personas de la clase trabajadora fueron sacrificados por los intereses económicos del capitalismo. En su texto de 1915 La crisis de la Socialdemocracia Alemana se acuño la célebre frase “Socialismo o Barbarie”, que ante la derrota del socialismo en Alemania acarrearía toda la barbarie en el pasado siglo XX. Hoy parafraseada con la crisis ecológica global con la frase “socialismo o muerte”.
Luxemburg no sólo fue una crítica aguda de los liderazgos socialdemócratas, que fueron cómplices de la derecha, al apoyar la visión nacionalista para justificar la Primera Guerra Mundial, sino también de la falta de democracia de los bolcheviques ya en el poder en Rusia.
Ella consideraba que una democracia socialista viva es un requisito previo importante para una revolución exitosa. De lo contrario la dictadura del proletariado, en realidad se convertiría en una dictadura de camarillas. Lo que finalmente pasó. En consecuencia criticó la desaparición por Lenin de la Asamblea Constituyente en Rusia, en la que los bolcheviques tenían sólo una cuarta parte de los votos, para erigir el sistema de los consejos obreros, aboliendo los derechos políticos de la nueva democracia rusa. Las consecuencias fueron la llegada del estalinismo o socialismo real, la pérdida de libertades y el terror revolucionario durante décadas. En esa tesitura, Luxemburg fue una convencida de la crítica y del control público frente a la hegemonía del partido.
Al reflexionar, creo que los comunistas tuvieron un fracaso predicho por Luxemburg con el hundimiento del denominado socialismo real, así como también los socialdemócratas al aceptar las reglas del sistema capitalista, expresado en la sociedad del libre mercado. Ahora, es posiblemente el tiempo de retomar el pensamiento de Rosa Luxemburg del socialismo revolucionario y democrático.
No dejo de recomendar ver a mi admirada actriz Barbara Sukowa, que representó a Rosa Luxemburg, en la película del mismo nombre de la directora Margaret von Trotta. Con ella Sukowa ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes y von Trotta al de mejor película de la industria alemana en 1986. Una película que me impactó mucho al ver cómo se conjuntaban tantas cosas en una mujer de origen judío, polaca, alemana, académica, revolucionaria y humanista, que evidentemente apabullaba con su capacidad intelectual a sus oponentes. Esa película, de manera revolucionaria y soñadora la vi hace más de 30 años en un cine de Dresden, en la todavía República Democrática Alemana, país ejemplo del socialismo real, antes de su derrumbe. En verdad se las recomiendo.
Concluyo, la rebeldía y agudeza crítica finalmente llevaron a Rosa Luxemburg a sacrificar su vida personal por la causa revolucionaria, a ser encarcelada, perseguida y asesinada. Luxemburg nunca fue ortodoxa, siempre heterodoxa en su hacer y decir.