EL-SUR

Jueves 18 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Salud y cambio climático

Octavio Klimek Alcaraz

Octubre 23, 2021

El pasado miércoles 20 de octubre fue dado a conocer el sexto informe anual sobre la influencia del cambio climático en la salud de la prestigiada revista científica Lancet. Este año se titula El informe 2021 de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático: código rojo para un futuro saludable. El reporte es una colaboración internacional y multidisciplinaria, dedicada a monitorear las consecuencias del cambio climático sobre la salud global. En este, se propone brindar una evaluación independiente del cumplimiento de los compromisos asumidos por los gobiernos de todo el mundo en virtud del Acuerdo de París. Todo el contenido de la página es de acceso abierto (https://www.thelancet.com/countdown-health-climate).
Lancet Countdown representa el consenso de investigadores líderes de 38 instituciones académicas y agencias de la Organización de Naciones Unidas. El informe revisa 44 indicadores, los que exponen un incesante aumento en los efectos del cambio climático sobre la salud humana. Su principal hallazgo es que confirma que como consecuencia del cambio climático aumenta la probabilidad de que diversas enfermedades se propaguen más ampliamente.
La fecha de su presentación no es casualidad, en unos días, a fines de octubre inicia la 26 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), en Glasgow, Reino Unido. En ella, los países se enfrentan a la presión de hacer realidad el ambicioso Acuerdo de París de buscar que el aumento de la temperatura promedio mundial no se eleve más de los 1.5 grados, y movilizar los recursos económicos necesarios para que todos los países tengan una respuesta climática eficaz.
Estas negociaciones se desarrollan en el contexto de la pandemia de la Covid-19. Millones de personas han muerto como consecuencia de la pandemia, ha afectado la vida de la humanidad, pero sobre todo a hecho claro que el modelo capitalista está colapsando, haciendo evidente sus enormes desigualdades hasta para hacer frente a la crisis de salud global.
El informe documenta como las condiciones ambientales cambiantes están aumentando la idoneidad para la propagación de muchos patógenos transmitidos por el agua, el aire, los alimentos y los vectores. Aunque el desarrollo socioeconómico, las intervenciones de salud pública y los avances en la medicina han disminuido la carga global de la transmisión de enfermedades infecciosas, el cambio climático podría diezmar los esfuerzos realizados en materia de control y erradicación. Los riesgos simultáneos e interconectados que suponen los fenómenos meteorológicos extremos, la transmisión de enfermedades infecciosas y la inseguridad alimentaria, hídrica y financiera están sobrecargando a las poblaciones más vulnerables.
Van al respecto algunos datos específicamente sobre salud, del informe en el citados:
La cantidad de meses con condiciones adecuadas desde un punto de vista ambiental para la transmisión de la malaria (Plasmodium falciparum) aumentó en un 39 por ciento de 1950-59 a 2010-19 en zonas densamente pobladas de mayor altitud y con un Índice de Desarrollo Humano (IDH) bajo. Este aumento en la aptitud ambiental supone una amenaza para las poblaciones altamente desfavorecidas de estas zonas, que estaban comparativamente más a salvo de la malaria que aquellas en tierras más bajas (indicador 1.3.1).
El potencial epidémico del virus del dengue, el de zika y el de chikungunya, que en la actualidad afectan principalmente a las poblaciones de América Central, América del Sur, el Caribe, África y el sur de Asia, aumentó a nivel mundial, con un incremento de la tasa reproductiva básica de 13 por ciento para la transmisión por Anopheles aegypti y de 7 por ciento para la transmisión por Anopheles albopictus en comparación con la década de 1950. El mayor aumento relativo de la tasa de reproducción básica de estos arbovirus se observó en los países del grupo de IDH muy alto (indicador 1.3.1); sin embargo, las personas del grupo de IDH bajo aún son las más vulnerables a estos arbovirus (indicador 1.3.2).
Se observaron resultados similares en relación con la aptitud ambiental para la transmisión de Vibrio cholerae, un patógeno el cual se estima que causa casi 100 mil muertes al año, principalmente entre poblaciones con escaso acceso al agua potable y al saneamiento. Entre 2003 y 2019, las zonas costeras aptas para la transmisión del V. cholerae aumentaron significativamente en todos los grupos de los países del IDH; no obstante, los habitantes del grupo de países con IDH bajo enfrentan la mayor aptitud ambiental para esta enfermedad (indicador 1.3.1), y el 98 por ciento de sus costas presentaron condiciones aptas para la transmisión del V. cholerae en 2020.
Con un ritmo de descarbonización más lento y una normativa sobre la calidad del aire más pobre que la de los países del grupo de IDH muy alto, los grupos de países de IDH medio y alto producen la mayor cantidad de emisiones de partículas finas (PM 2.5) y tienen los índices más altos de muertes relacionadas con la contaminación atmosférica, que son aproximadamente 50 por ciento más altos que el total de muertes del grupo de IDH muy alto (indicador 3.3). El grupo de IDH bajo, con cantidades comparativamente menores de actividad industrial que las de los otros grupos, tiene una producción local que contribuye solo al 0,7 por ciento de las emisiones mundiales de CO2, y tiene la tasa de mortalidad más baja por contaminación atmosférica. Sin embargo, como solo el 12 por ciento de sus habitantes utilizan combustibles y tecnologías limpias para cocinar, la salud de estas poblaciones sigue estando en riesgo debido a las concentraciones peligrosas de contaminación atmosférica dentro de los hogares (indicador 3.2). Incluso en los países más prósperos, los habitantes de las zonas más desfavorecidas soportan de forma abrumadora la carga de los efectos para la salud relacionados con la exposición a la contaminación atmosférica. Estos resultados exponen los costos sanitarios de la respuesta de mitigación tardía y desigual, y subrayan los millones de muertes que se evitarían anualmente mediante una transición con bajas emisiones de carbono que dé prioridad a la salud de todas las poblaciones.
Datos preocupantes, son que la mayoría de los países están lejos de prepararse adecuadamente sus sistemas de salud para futuras crisis relacionadas con el clima. En el 2020, 104 (63 por ciento) de 166 países no contaban un nivel alto de implementación de sus marcos nacionales de emergencias sanitarias, lo que los deja sin la preparación necesaria para responder a pandemias y emergencias sanitarias relacionadas con el clima (indicador 2.3.1). Es importante destacar que sólo 18 (55 por ciento) de 33 países con un IDH bajo habían indicado que tenían al menos un nivel medio de implementación del marco nacional de emergencia sanitaria, en comparación con 47 (89 por ciento) de 53 países con un IDH muy alto. Además, solo 47 (52 por ciento) de 91 países informaron que contaban con un plan nacional de adaptación para la salud, y el principal obstáculo identificado para su implementación fue la falta de recursos económicos y humanos (indicador 2.1.1), arrojando una clara llamada de alerta para acelerar acciones que pongan a la salud de las personas y del planeta como principal prioridad.
En conclusión, los países en el planeta no están dando una respuesta de adaptación adecuada y proporcional a los crecientes riesgos a los que se enfrentan sus poblaciones. Esto considerando que la información es concluyente respecto a los efectos sobre la salud humana del cambio climático
.Con un planeta que se enfrenta a un aumento inevitable de la temperatura, incluso si se implementara la más ambiciosa mitigación del cambio climático, la adaptación acelerada sería esencial para reducir la vulnerabilidad de las poblaciones en relación con el cambio climático y proteger la salud de las personas en todo el mundo. Por todo lo anterior, salud y cambio climático van interconectados. En la respuesta de la humanidad a ambas crisis simultáneas, el mundo tiene una oportunidad sin precedentes de garantizar un presente y un futuro saludable para todos.