EL-SUR

Jueves 18 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Saludos al señor X

Federico Vite

Noviembre 29, 2016

Teórico de los contenidos en los mass media, sabio de la semiótica y novelista de gran impacto comercial. Influyente en la academia y en el mercado editorial. Básicamente se trata de un italiano anfibio (sumergido en la academia, pero jalaba aire al crear las tramas de sus novelas) alfa. Con Número cero (Traducción de Helena Lozano Miralles, España, Lumen, 2015, 218 páginas), Umberto Eco se burló de lo que amaba.
Eco solía decantarse por historias con tramas barrocas, saturadas de eso que entendemos como un bosque de signos, para que el lector se dejara llevar por el suspenso con el que dotaba a sus libros de ficción. Se dedicó algunos meses a la escritura de Número cero, una historia circular en la que se plantean el contenido de los periódicos como una interpretación de la realidad, cuyo filtro no sólo es es el reportero. Hasta ahí, no hay un disparate aún, la bronca es cuando el director de Domani, un diario que se alimentará de ficciones y supercherías que, redactadas de una forma profesional, pasarían sin problema alguno como revelaciones que harían temblar a las altas esferas de la política. Básicamente se trata de un libro poco ambicioso, un texto que reflexiona sobre los temas rápidos, las derivas de la sobremesa que encierran algo más que datos y más que hechos editoriales.
Número cero inicia en junio de 1992. Después del capítulo inicial se incurre en un largo flash-back que muestra todo el cuerpo narrativo y el documento concluye con la disertación de Colonna, la voz que narra la historia: antiguo traductor de alemán y co-responsable de Domani.
Simei, director de la publicación a la que refiere la novela, alecciona sobre tópicos alarmantes. Citaré algunos: “ ‘La noticia no hace al periódico, sino al contrario: es el periódico el que hace la noticia’. ‘Una vez utilizadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos’. ‘Saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta’ ”. Se trata pues, más que de sesiones laborales, de una secuencia de trucos para manipular la información.
A grosso modo, la trama gira en torno a la creación del primero de los ejemplares de ese diario y, con especial énfasis, a una investigación que realiza uno de los colaboradores de Domani, Braggadocio, quien analiza una serie de hechos que parecieran formar parte de un collage poético, pero que adquieren cierta unidad temática: las conspiraciones. Por ejemplo, la muerte de Mussolini (lecturas políticas al respecto y el doble que tenía Mussolini), la CIA, el Vaticano, las organizaciones secretas y, en especial, el motivo del asesinato de Aldo Moro, un caso extraño en el que tanto la extrema derecha como la extrema izquierda tocan sus bordes.
A finales de los años 70 del siglo pasado, en Italia, inicia una época conocida como Los años de plomo, en ella coincidieron el terrorismo de extrema derecha (con los grandes atentados de la plaza Fontana de Milán y la estación de ferrocarril de Bolonia) con el de extrema izquierda (heredero del mayo del 68 y del desencanto con las políticas de los partidos comunistas). La política de Aldo Moro incluía acuerdos con los comunistas, eso alteraba el equilibrio político del sur de Europa y cuestionaba las bases de la guerra fría. Ni Washington ni Moscú veían con agrado la deriva italiana. Sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro se proyecta una sombra en la que se notan los hilos de algunas sociedades secretas y otras instituciones de largo historial delictivo: logias masónicas, la Operación Gladio (red clandestina secreta de los anticomunistas que analizaban y disolvían los movimientos políticos en Europa bajo las órdenes de la OTAN y de la CIA), el FBI y obviamente el Vaticano. Estos resquicios de la historia son justamente los que recupera Eco, en voz de los personajes, para montar el escenario de esta parodia que nos recuerda uno de los capítulos de Los Simpson. Homero, personificando a Mister X, es un reportero que gana el premio Pulitzer y, de pronto, como ocurre con los humanos, empieza a tontear e inventa noticias, pero lo curioso es que esas invenciones conectan con proyectos secretos que pretenden controlar el mundo.
Para el reportero Braggadocio nada escapa a una lógica: todo lo que ocurre en Italia pasa por el mandato de Gladio, tanto si los ejecutores son neofascistas o forman parte de Brigadas Rojas infiltradas; los atentados de Piazza Fontana o la estación de Bolonia, el asesinato de Aldo Moro, la eliminación del papa Luciani, el escándalo financiero del Banco Ambrosiano o el atentado contra Juan Pablo II son hechos que derivan de un mismo manantial y forman parte de una andanada que inicia desde el propio Estado.
No es un libro sobre las conspiraciones; en esencia, se burla de ellas nada más, también se mofa, sin repercusión ni estridencia, del oficio periodístico. No es el libro más logrado de Eco, pero sí el que nos permite entrever un hecho importante: “Nada puede turbarnos ya, en este país. Hemos visto todo”. Una novela discreta, con muy pocas ambiciones literarias, pero narrada en pos de una vigente discusión sobre la importancia de los contenidos periodísticos, una novela a favor del humor mórbido. Que tengan un tropical martes.