EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Santiago Lorenzo: ser asquerosamente feliz

Adán Ramírez Serret

Febrero 28, 2025

En días recientes, luego de casi dos décadas, decidí ordenar el estudio donde trabajo: un lugar atiborrado de libros, libreros por todos lados, obras en los cantos, torres por aquí y por allá… hasta que hace unos días, sin saber bien a bien la razón y de un momento a otro, me puse manos a la obra a ordenar el mare magnum. Fueron momentos de crisis (¿cómo rayos iba a acomodar todo eso?); de pánico (¿me alcanzará la vida para leer todos estos libros?); y de euforia: ¡qué hermosa es la vida, qué maravilla que la humanidad escriba tanto y que felicidad es tener todos estos libros ante mí! Desde entonces mi ocupación favorita es pasarme el mayor tiempo que puedo viendo los libros. Me siento frente a ellos, veo sus lomos, a veces, en un arranque de pasión, sacó un ejemplar para pegar la mejilla a su portada y pasar mi nariz por sus tersas páginas. Me paseo por los libros, veo sus títulos, pero, sobre todo, no hago nada. Tan sólo los veo y veo sin pensar en nada y así me puedo pasar las horas del día en absoluta felicidad.
Mientras perdía el tiempo mirando los libros, recordé aquella idea de Byung-Chul Han, en su libro Vida contemplativa de darse la oportunidad de no hacer nada, de dedicar horas del día a perder por completo el tiempo; de la riqueza de en algún momento del día no hacer nada útil e incluso inútil: ver pasar el tiempo. La maravilla de pasar momentos perdiendo el tiempo mirando hacia cualquier lado, sin pensar en nada… tan sólo viviendo la vida. El filósofo surcoreano hace una crítica a la sociedad en la que vivimos en la cual se nos exige hacer algo todo el tiempo. Algo así como el inicio de la película Trainspotting: “Escoge una vida, una televisión, un estéreo, una casa, una familia…” y termina: “Escojo no escoger”. A veces es bueno olvidarse de la urgencia del mundo moderno de escoger una vida para hacer algo útil, detenerse, salirse del mundo para no hacer nada.
Porque hay momentos en los que cansa el mundanal ruido y es preciso huir del mundo para ir a recluirse lo más lejos posible. Es esto precisamente lo que le sucede al personaje Manuel de la novela Los asquerosos de Santiago Lorenzo (Portugalete, España, 1964) que ha sido un fenómeno de ventas y que su lectura pasa de ser una divertida comedia de un personaje excéntrico a un hilarante y escalofriante análisis de nuestro mundo, de nuestra sociedad contemporánea.
La novela cuenta la historia de Manuel, un joven español amante de la vida, una persona muy social y comprometida con su mundo que, un buen día, mientras está en una manifestación es sometido por un policía, quien lo toma con fuerza desmedida por lo que Manuel se defiende y sin pensarlo demasiado, tan sólo por librarse, le entierra un desarmador. Cuando se percata que ha herido al uniformado huye y piensa en un tío para que lo ayude a esconderse ante la inminente búsqueda que harán las autoridades.
Así que huye y se esconde en una aldea abandonada. Está en completa soledad, todo lo que hay en la casa en la que se encuentra, además de un mobiliario con lo esencial, es la biblioteca de clásicos Austral. Así que el tío se preocupa por abastecerlo de todos los víveres necesarios de aseo, comida y bebida: la cantidad de cosas que necesitamos los humanos modernos en nuestra vida diaria. Al principio Manuel se encuentra bien, aislado del mundo, recluido y sobreviviendo. Pero según va pasando el tiempo va descubriendo que cada vez necesita menos cosas. Entra en una vida que nunca pensó que existía: la de no necesitar nada. Vive con una sola muda ropa, que es su piyama; descubre que es tan sólo durante los primeros días de no bañarse que le da comezón y se siente sucio, en cuanto más pasa el tiempo deja de sentirse sucio y su cuero cabelludo está más limpio. Hace muchos descubrimientos, cuenta el tío quien narra la historia: “Él ya había sido mayor de crío. Para qué lo iba a ser ahora si se trata, se supone, de ir cambiando de edad. Mudar al derecho o al revés, eso ya le importaba menos, siempre que las probara todas”.
Santiago Lorenzo ha escrito una novela extraña, pues no alecciona, muestra otra cara del mundo, que toca sus esencias, a lo Robinson Crusoe, si acaso hay cosas que en verdad necesitamos para ser asquerosamente felices.
Santiago Lorenzo, Los asquerosos, Barcelona, Blackie Books, 2022. 221 páginas.