EL-SUR

Sábado 27 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Sara Mesa: de qué hablamos cuando hablamos de Alta Literatura

Adán Ramírez Serret

Diciembre 12, 2025

Sara Mesa (Madrid, 1976), radicada en Sevilla desde su infancia, se ha caracterizado desde sus primeros libros como Cuatro por cuatro, Cara de pan y Un amor por encarnar aquella definición extraña que aman los críticos literarios de hacer Alta Literatura. Normalmente es difícil de atrapar esta categoría y, es cierto, vaya a saber Dios qué quiere decir. Sin embargo, al ser tan manido, no estaría mal explorar de qué se habla cuando se habla de Alta Literatura. Parafraseando a Carver, desde luego.
Desde los días de esos nombres grandes como James Joyce, Marcel Proust y Franz Kafka, quienes hicieron de la literatura el centro de su obra, en lugar, por ejemplo, de la mitología griega, cualquier otro mito o de la cosmogonía del lugar donde se nace; los autores mencionados hacen de los poemas, ensayos o novelas el centro de sus libros, la razón fundamental de su universo, al grado que muchas personas que leen mucho han pensado que redefinen el mundo. No solamente el futuro, lo que sería lo usual, sino el pasado. Gracias a Joyce, Proust y Kafka, pues, es posible entender el pasado, el presente y vislumbrar el futuro. Estas son ideas de Borges, por supuesto en el ensayo Kafka y sus precursores.
De esta manera, Sara Mesa pertenece a un mundo vislumbrado por Kafka al cual ella le da una continuidad. Sobre todo, en su más reciente novela Oposición. Un fantástico experimento que deviene en una deslumbrante obra de arte. La novela va sobre una joven que poco tiempo después de salir de la universidad, se zambulle en un trabajo del estado, en un mundo profundamente burocrático a la manera burlesca, realista y fársica kafkiana, que, si no fuera parte de la vida de los seres humanos actuales, de cualquier sociedad, pensaríamos que es un espantoso delirio de un loco. Pero Kafka vio que, por hacer un trámite o por cumplir un protocolo, la burocracia es capaz de asesinar a quien se oponga a ella, ahí están los nazis y estalinistas para demostrarlo.
Pero Sara Mesa trasciende cualquier tipo de denuncia totalitaria, que sería totalmente legítima, para concentrarse en el propio funcionamiento abstracto y absurdo de la burocracia. Así, la joven protagonista entra a trabajar a una empresa en donde es parte de ella, pero no sabe exactamente qué hace. Está contratada, tiene un asiento, un teléfono, un muy buen salario… pero no tiene la menor idea de en qué consiste su trabajo. Y lo más sorpresivo, a la vez que normal, es que no pregunte nada, que, si ya le están pagando y encima no debe hacer nada, le dice su madre, ¿qué queja puede haber?
Sin embargo, quien cuenta la historia, sin tener ideales precisos, sin querer cambiar el mundo, ni mucho menos, tiene el impulso humano de hacer algo. De leer, de escribir, de dibujar, lo cual no está para nada peleado con su trabajo, mientras no confronte la burocracia.
Su espacio, sus amigos, sus aspiraciones están completamente dominadas por su trabajo, al grado que tal pareciera que su universo completo es la oficina, y, más aún, o, precisamente por eso, el edificio en donde pasa el día entero es su vida; en donde se la pasa trabajando, el cual es un rascacielos circular y laberíntico; inmenso, plagado de burócratas para quienes su vida completa es respetar las reglas y seguir sin chistar jamás cualquier trámite o norma. Pero ella quiere hacer algo, no sabe exactamente qué, pero estar activa, confrontar el lenguaje, el sentido de las cosas, no por rebeldía ni ningún tipo de ideología, sino porque sencillamente ella es así.
Así, la oposición es un juego de palabras entre un examen en donde ella hace una prueba, en donde se opone con base en sus conocimientos, y la maravilla de oponerse a la burocracia mediante la actividad, confrontar el absurdo y, la mejor sorpresa: un enorme sentido del humor. Alta Literatura en donde el humor y la creatividad destruyen el oscuro mundo del sinsentido, del absurdo de la estupidez.

Sara Mesa, Oposición, Barcelona, Anagrama, 2025. 225 páginas.