EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

¿Seguirá el Partido Republicano apoyando a Trump?

Gaspard Estrada

Enero 13, 2021

El pasado miércoles, una horda de simpatizantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, forzó la entrada del Capitolio en Washington, para intentar bloquear la certificación de la victoria electoral de Joe Biden a la presidencia de ese país. Al hacerlo, estas personas intentaron llevar a cabo un golpe de Estado, un acto sin precedentes en la historia de Estados Unidos. Y en este caso, fue el propio jefe del Ejecutivo quien incitó a sus seguidores a tomar por asalto el poder Legislativo, al tiempo que la policía de ese recinto fue rápidamente rebasada por los manifestantes. Cinco personas murieron durante estos actos inéditos. Donald Trump, que cuestionó durante meses el resultado electoral y rechazó reconocer la victoria de su adversario, decidió mandar un mensaje para condenar los hechos y así tomar distancia ante éstos. Aunque esto podría evitarle un juicio por sedición, parece difícil que Trump escape a un segundo proceso de destitución. El lunes, la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes inició este mecanismo, que probablemente se llevará a cabo después de la toma de posesión del nuevo presidente Joe Biden, el 20 de enero próximo. Si este proceso llega a su término, Donald Trump podría verse impedido para disputar de nueva cuenta la presidencia de Estados Unidos.
Desgraciadamente, los trágicos hechos de la semana pasada dejan en evidencia hasta qué punto las instituciones están en peligro en el mundo – inclusive en países como Estados Unidos, y no únicamente en países en desarrollo como muchas veces se dice en buena parte de la prensa internacional.
El caso de Donald Trump es sintomático. Para muchos analistas, la llegada de este outsider de la política a la arena electoral, a mediados de la década pasada, no pasaría de una ocurrencia sin consecuencias para el futuro del Partido Republicano. El entonces promotor inmobiliario y estrella de los reality shows norteamericanos no tendría viabilidad electoral.
Durante la presidencia de Barack Obama, nació una corriente de ese partido llamada el Tea Party, que criticaba el establishment del Grand Old Party (o GOP, su sobrenombre), y respaldando postulados abiertamente contrarios a los de una democracia pluralista. Fue a partir de esta corriente que Trump comenzó a construir su candidatura presidencial. Las ideas del Tea Party, que eran consideradas hasta entonces poco representativas de la base partidaria conservadora, poco a poco fueron ganando espacio. Trump les dio una mayor audiencia. Conforme fue pasando el tiempo y se fue imponiendo frente a sus contrincantes, quedó claro que algo había cambiado dentro del Partido Republicano en los últimos años. Varios miembros eminentes que habían criticado y desdeñado la candidatura de Trump, pasaron a respaldarla sin cortapisas.
Y cuando Trump fue electo, contrariamente a lo que esperaban estos caciques partidarios, el nuevo presidente mantuvo su voluntad de romper con la institucionalidad del gobierno norteamericano, procediendo a despidos totalmente injustificados y tomando medidas peligrosas para la propia política exterior e interior estadunidense. Esto generó la fuerte molestia de numerosos altos funcionarios. Uno de ellos decidió escribir un artículo de opinión en el New York Times para denunciar estos disfuncionamientos. Sin embargo, contrariamente a lo que se podría esperar, la plana mayor del Partido Republicano decidió respaldar a su presidente. Y así fue como durante el mandato de Trump, el GOP se volvió cómplice de los ataques a las instituciones norteamericanas, rompiendo buena parte de los consensos políticos que han cimentado el buen funcionamiento de la democracia de ese país. De manera que no fue una sorpresa cuando al día siguiente de la elección presidencial, la plana mayor del Partido Republicano respaldara las acusaciones de fraude realizadas por Donald Trump. En aras de mantener el respaldo de la base republicana, muchos políticos norteamericanos han cruzado el Rubicón, y han pasado a menospreciar a las instituciones de su país al negar la victoria electoral de Biden. Ahora que Trump pierda el poder, ¿mantendrán sus posturas contrarias a la democracia y las instituciones? La respuesta a esta pregunta determinará, sin duda, buena parte del futuro de ese partido, de la democracia norteamericana y de sus instituciones.

*Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.

Twitter: @Gaspard_Estrada