EL-SUR

Lunes 27 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Semana negra de Fox ¿Y?

Jorge Zepeda Patterson

Octubre 21, 2007

Salinas y Fox tienen mucho en común, además del hecho de ser los ex presidentes más protagónicos. Ambos terminaron con
muy altos índices de aprobación y ambos lo perdieron aceleradamente. Pero Salinas necesitó el sismo devastador de la crisis del
95 para convertirse súbitamente en el villano favorito. Fox, en cambio, se está desplomando paulatinamente bajo los influjos de
su propia boca y la creciente develación periodística de los abusos y corruptelas de su gestión como presidente. Una encuesta
levantada por Excélsior hace 15 días revela que más de la mitad de los mexicanos no cree que sea un hombre honesto. Otra
encuesta del dominical Día Siete señala que Marta Sahagún, Fox y Elba Esther Gordillo son los personajes más odiados de la
escena pública.
Por lo pronto, las evidencias en contra de Fox se siguen acumulando. Esta semana la revista de Internet, Reporte Índigo, retomó
y amplió las declaraciones que el empresario Miguel Moreno, “el hombre del Jeep Rojo”, había ofrecido a El Universal días antes. A
través de estos reportajes pudimos enterarnos de la manera en que Marta Fox había convertido a Vamos México en una especie
de oficina de coyotaje.
Entrevistado por Anabel Hernández, autora del libro Fin de fiesta en Los Pinos, Moreno explica que “los empresarios que
necesitaban algún favor, tenían algún adeudo con el Seguro Social, o querían algún contrato con una dependencia, eran llevados
discretamente con Marta Sahagún”. Para tal efecto se apoyaba en un amigo personal, Gonzalo Bustamante, quien hasta entonces
se había dedicado a la venta de espacios de radio y televisión. La primera dama utilizaba la red para llamar personalmente al
titular de la dependencia involucrada para agilizar los temas que le interesaban. Moreno afirma que un empresario fue objeto de
un “sablazo” de 20 millones de pesos; a otro “que se encuentra fuera de México y tenía un problema fiscal le sacaron 5 millones
de pesos sin resolverle nada”.
La señora no sólo pedía dinero. Un empresario pagó la luna de miel de Jorge Bribiesca, otro entregó un departamento en el
exclusivo edificio Coral Diamante en Acapulco, a cambio de la agilización de trámites. Al propio Moreno, Marta le pidió relojes
Bulgari y una computadora para regalar a sus hijos en Navidad.
Otras investigaciones ya habían revelado que de los fondos de Amigos de Fox habían salido los recursos para la adquisición del
rancho del ahora ex presidente. Las remodelaciones, afirma Reporte Índigo, fueron pagadas de la chequera de Cosme Mares, un
constructor amigo de la familia, quien recibió cuantiosos contratos para construir carreteras durante el sexenio pasado: “Ahí
están las facturas y los testimonios en videos del viverista que arregló los jardines”.
Un tío de Marta al que ella que trajo para que se encargara de la Fundación Vamos México, salió decepcionado por los manejos
de su sobrina. Era un hombre prudente, correcto, afirma Moreno. Al final, harto, simplemente dijo “Yo ya me voy, no quiero saber
nada”. Y es que la contabilidad de Vamos México hacía agua. El empresario se enteró de que se ofrecía la venta de facturas al que
quisiera comprarlas, al 10 por ciento de lo cifra facturada.
Esta semana La Jornada exhibió en detallado reportaje la manera en que los hermanos Bribiesca, hijos de Marta Sahagún,
obtuvieron enormes ganancias simplemente como intermediarios de contratos otorgados por Pemex. Tres días antes de que
terminara el sexenio de Fox, la paraestatal se obligó a rentar a la empresa Oceanografía, de la que son gestores los Bribiesca,
barcos de transporte durante 2008 y 2009, por valor de 86 millones de dólares. Esto, a pesar de que Oceanografía, a su vez,
recontratará tales servicios con empresas extranjeras.
Nada de esto es nuevo. El enriquecimiento de los Bribiesca o los abusos de Fox y Marta han sido “nota” desde hace tiempo. Lo
nuevo es que cada vez son más los protagonistas que se atreven a hablar. A medida que se desploma la imagen de Vicente Fox,
más personas están dispuestas revelar los detalles de lo que vieron o de las extorsiones de las que fueron víctimas. Los
funcionarios que antes se negaban a proporcionar información poco a poco comienzan a liberar documentos, temerosos de que
un posible juicio les incrimine de alguna manera.
La pregunta de fondo es justamente esa: ¿serán llevados a tribunales los responsables de estas prácticas delictivas? ¿Se reducirá
todo este escándalo a un simple descenso de popularidad o finalmente las autoridades harán algo al respecto?
Por desgracia nuestra justicia es una farsa. El único fiscal efectivo para la investigación de los delitos de los poderosos siguen
siendo las denuncias periodísticas. Los crímenes de Ulises Ruiz, Mario Marín o los Bribiesca sólo aparecen en libros y textos de
reporteros. El único tribunal en el que se hace justicia es el que sentencia de manera pública en la calle, y la única condena a la
que tiene acceso el ciudadano es el uso sarcástico de las máscaras de Salinas y de Fox.
¿Y la Secretaría de la Función Pública? Bien gracias. Desde que el combate a la corrupción se elevó a categoría de ministerio,
prácticamente se sepultó la posibilidad de llevar a los poderosos ante la ley.
Lo cierto es que Fox va por el mundo vendiendo libros en los que se retrata como el héroe de la patria, el Nelson Mandela
latinoamericano, el liberador de dictaduras. Sin más molestia que la honestidad y valor de algún periodista que no se somete a
las entrevistas “a modo”. El ex presidente ya publicó “su verdad”, perfectamente blindado en contra de la realidad. Bien valdría la
pena que los periodistas profundizáramos las investigaciones, multiplicáramos las anabeles, y develáramos lo que en verdad
hicieron los Fox. Si los abusos de esta familia quedan impunes, no obstante el descaro con el que actuaron, el resto de los
poderosos seguirá pensando que México es, aún, su botín personal.

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