EL-SUR

Viernes 03 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Sigrid Nunez: los loros se vuelven locos

Adán Ramírez Serret

Julio 18, 2025

Cayó a mis manos Los vulnerables de Sigrid Nunez (Nueva York, 1951). Se trata de una de esas novelas en donde la escritura se parece a la respiración, a la vida misma, pues entrar a sus páginas significa la magia de estar vivo, de conversar con alguien más y más aún: la posibilidad de entrar en la mente de otra persona.
Nunez hace un ejercicio de autoficción, de exploración del mundo desde su hermoso lenguaje. Y su entorno en este caso es el Nueva York de hace unos cinco años, sí, justo de aquellos momentos absurdamente cerca y terriblemente lejanos –o viceversa–, cuando debido a la pandemia del Covid-19, la humanidad tuvo que recluirse, encerrarse para ver el mundo detrás de una pantalla o una ventana. Y ahora que lo pienso, hay pocos libros buenos sobre este momento pandémico cuando la realidad se volvió una novela futurista. Como si la contundencia de un presente asfixiante hubiera secado las ideas de la ficción.
Nunez cuenta los momentos anteriores a que sucediera la pandemia. Ella es una intelectual neoyorquina con una vida privilegiada rodeada de amigos con vidas aún más opulentas que se dedican a viajar por el mundo, a leer los mejores libros y a disfrutar de sus hermosas casas; sí, en plural. Nunez se regodea de los problemas de los millonarios, a la manera de Hunter Thomson quien mientras hacía amigos, se drogaba o viajaba, no dejaba de ser aquel monstruo que es el escritor y que, tarde o temprano, pondrá en un libro todo lo que vive la gente que lo rodea. Nunez tiene el mismo impulso y va deshebrando las vidas de sus amigos y amigas, que van desde las violencias sexuales que sufren y ejecutan los hijos de sus amigos; de los problemas para embarazarse de una amiga para quien hacerlo, por su edad, resulta un problema de riesgo; y, de una amiga a quien la pandemia la pescó fuera de su casa y se quedó varada en la de sus suegros. Entonces le pide a Nunez que le haga un favor enorme: que vaya a su inmenso y lujoso departamento, y la ayude, es de vida o muerte, a cuidar de su loro. Está solo, lo cuidaba el hijo de una amiga, pero en un ataque, huyó, le dio miedo estar en Nueva York y contagiarse. Y es preciso ir a cuidar al loro, porque si estas aves no son atendidas, si nadie las ve, las adula y charla con ellas, se vuelven locas. Nunez sabe que no es una exageración: ha sabido de muchos casos en donde los loros al morir sus dueños enloquecen por completo.
Así que la narradora se lanza a las solitarias calles de Nueva York que se encuentran desiertas debido a la pandemia, y hay algo de estremecedor en pasearse entre las avenidas usualmente atestadas de gente y estar en absoluta soledad, sin los millones y millones de turistas, sin las montañas de basura apiladas en las esquinas y sin el ruido ensordecedor de la ciudad. Con media hectárea para ella sola y viendo a los halcones y las águilas felices en Central Park.
Y por fin llega al ostentoso departamento, a todo lujo y con cocina enorme para conocer a Eureka, el loro de sus amigos que la espera con su majestuosa belleza. El departamento está adaptado para que el ave se sienta a gusto, imita el verdor de las selvas tropicales y tiene miles de juegos. La novela, entonces, a partir de su relación con el loro, comienza a tornarse reflexiva: sobre la especie humana, sobre la necesidad, por un lado, de antropomorfizar a todos los animales, quitándoles su originalidad, su esencia; porque Nunez se da cuenta que en el loro hay alegría, necesidad de compañía, humor, desencanto e inteligencia, pero, a su manera. Todo más franco a la vez que más profundo. Como si en los loros, en su capacidad de hablar, de imitar al humano, se tendiera un puente no de ellos a nosotros, sino al revés, la posibilidad de descubrir lo que cada vez no es más recóndito, más incomprensible y que se esconde en la sencillez de la naturaleza; en la belleza de los animales cuando están lejos de los humanos.

Sigrid Nunez, Los vulnerables, Barcelona, Anagrama, 2024. 201 páginas.